Conchi Vaquero: Recibí la gracia de la paz del Señor en el trance de una operación de tumor cerebral

a2_024.jpg

a2_024.jpgAutora: Conchi Vaquero 

9 de mayo de 2010.- Deseo dar gracias a Dios por los tres años que han transcurrido desde que tuve que ser operada de un tumor cerebral. Fue el 18 de abril de 2007 y a pesar del trance que suponía someterse a una intervención quirúrgica en el cerebro, ese día viví una de las experiencias más importantes de la paz y el amor de Dios en mi vida, como una gracia del amor del Padre Celestial, con Cristo resucitado y por el don del Espíritu Santo. Trataré de testimoniar fielmente lo que aconteció de forma meditativa y testimonial a la vez, sabiendo que mis pobres palabras no pueden llegar a expresar la grandeza espiritual que supone sentirse amada personalmente por la Santísima Trinidad.

Cuando la vida transcurre sin sobresaltos, monótonamente, día a día en su rutina a veces pensamos que puede ser aburrida, pero en cierta manera disfrutamos de estabilidad, seguridad, nos acomodamos porque creemos que controlamos nuestra vida, nuestro tiempo, tenemos trabajo y nuestra economía va bien. Tenemos una pareja con la que nos entendemos, la salud es perfecta o aceptable, la de nuestros seres queridos también. Damos gracias a Dios porque nos bendice grandemente cuando podemos dedicarle un ratito de nuestra jornada tan ajetreada: llevar a los niños al colegio, ir a trabajar, ir a comprar, limpiar la a2_040.jpgcasa, hacer la comida, llevar a los niños al médico, a actividades extraescolares, recogerlos, mil gestiones…. No podemos quejarnos de cómo nos va. Somos unos privilegiados viendo como está el mundo, los sufrimientos y necesidades de tanta gente.

Es la vorágine de la sociedad actual y es la paz que nos da el mundo, la de las seguridades materiales, la de sentirnos uno más porque actuamos como la “mayoría” y tenemos lo mismo que la “mayoría” ya que luchamos y trabajamos para no ser menos y no tener menos. Sin embargo, nos dice la palabra de Dios en el libro de la Sabiduría 3,11: “Sí, ¡pobres de quienes desprecian la sabiduría y la instrucción! Su esperanza es vana, sus afanes inútiles y sus obras sin provecho”.

¿Qué pasa cuando dejamos de controlar alguno de los motores de nuestra vida? Puede ocurrir que tengamos problemas en el trabajo y también que nos quedemos sin él. Es muy probable que aparezcan desavenencias en el matrimonio, con los hijos o con alguna otra persona. En los tiempos actuales es fácil tener problemas económicos para llegar a fin de mes. Y sin esperarlo, de pronto nos puede sobrevenir el diagnóstico de una enfermedad importante y que cambie nuestra vida o la de algún ser querido e importante para nosotros.

¿Es nuestra relación con Dios tan íntima, tenemos una entrega y confianza tan profundas como para que nada se tambalee, para que prevalezca la PAZ de nuestro corazón en la más mínima angustia, preocupación, contratiempo, problema? ¿Y en medio de una tribulación más importante?¿Vivimos conscientemente: “Dios es nuestro refugio y fortaleza, una ayuda segura en nuestra angustia. Por eso, aunque la tierra tiemble y las montañas caigan sobre el mar, no temeremos” (Sal 46, 2-3) ?

La paz es un don del Espíritu Santo que nace de la relación diaria con mi Señor, en ese diálogo personal, confiado, íntimo en el que abro mi corazón ante quien sé que me escucha y me entiende. Nadie me conoce como Él, nadie me ama como Él, ni siquiera quienes más me aman, ni tan solo yo mismo. Sólo Dios me puede ayudar, enseñar, iluminar, sanar y fortalecer, sólo en Él puedo buscar los pasos a seguir para a2_168.jpgser feliz en mi vida y encontrar el sentido que me dé plenitud, para conservar la PAZ y el gozo aun en los momentos de sufrimiento, de tristeza, de tentación, de desánimo, de prueba: “Que Dios, fuente de toda esperanza, os conceda esa fe que da frutos de alegría y paz, y así os sintáis cada día más esperanzados gracias al poder del Espíritu Santo”. (Rom 15,13).

El Señor me trata con delicadeza como una madre cuida y alimenta a su bebé, como lo atiende si está enfermo, pendiente de él día y noche, así es su desvelo por mí. Desea llevarme de su mano para enseñarme todo lo que debo hacer, para saber discernir entre el bien y mal, tomar la decisión adecuada en cada momento de mi vida y rodearme de hijos suyos que me acompañen en el caminar hacia la vida eterna. Me hace madurar en el camino de la fe, de la esperanza, del amor y de la entrega como persona. Me hace consciente de que soy un hijo de Dios en el mundo y un testimonio de su obra en mí ante quienes son débiles en la fe o que no conocen el amor de Dios.

“QUE EL SEÑOR DE LA PAZ OS DÉ SU PAZ EN TODO TIEMPO Y EN TODA CIRCUNSTANCIA” (2 Tes 3,16)

A finales del 2006, me fue diagnosticado un meningioma (tumor benigno) de 5 cm en el cerebro, me hicieron una resonancia magnética para averiguar porque había ido perdiendo el olfato en los últimos años y ésta fue la gran sorpresa.

El otorrino tras ver el resultado me envió a otro hospital en el que había neurocirujanos. Cuando me visitó el médico dijo que lo único que se podía hacer era operar, no de urgencia pero sí pronto. A raíz de esta consulta supimos también que el gran cansancio y apatía que se me había ido acusando cada vez más, eran consecuencia del tumor. Yo pensaba que era de los años del trabajo que me daban ma2_028.jpgis dos hijos que son muy guerreros (entonces tenían 7 y 5 años). Pasadas las fiestas navideñas programaron las pruebas preoperatorias y dado el visto bueno por el anestesista estuvimos varios meses esperando a que programaran mi operación.

En éste tiempo lo más curioso fue la gran paz que tuve en todo momento, yo estaba sola cuando me dieron la noticia y aun oyéndolo perfectamente no me inmuté. Se lo dije a mi marido y pasados unos días se lo comuniqué a mis hermanos. Estaba tan tranquila que hasta después de la operación no me di cuenta de que los había llamado a sus trabajos para darles la noticia como si fuera la cosa más normal del mundo. Ellos se quedaron muy afectados.

A veces me decía a mí misma, ¿es que no soy consciente de lo que me van a hacer? Me van a abrir la cabeza, es una operación larga y delicada y siempre hay riesgos. Tengo dos hijos pequeños que me necesitan. Mi madre está tan delicada que decidimos no decirle nada hasta que todo hubiera pasado. Ni aun así, no había nada que me perturbara, nunca he sentido una paz más grande y profunda en mi interior. En mi cabeza había una certeza: “sólo es un trámite que quiero que pases, no te preocupes, todo irá bien”

En aquel tiempo había un disco de la hermana Glenda, “A solas con Dios”, que escuchaba muy a menudo y con el que me identificaba mucho, en especial con una canción que dice “porque tengo miedo si nada es imposible para ti”. Yo que toda mi vida he sentido miedo y angustia por todo y ahora llevaba grabado en mi corazón la parte de “nada es imposible para Ti”. Qué grande es la misericordia de Dios que derrama sus gracias sobre sus hijos: “El nombre del Señor es una torre fortificada. El justo se refugia en ella y está a salvo” (Prov 18-10). También había otra canción de la Comunidad de los Siervos de Cristo Vivo que decía “nadie que haya confiado en Ti, ha quedado defraudado”, estos eran los sentimientos más profundos de mi corazón, la oración que brotaba de mi alma como unas jaculatorias.

El 17 de abril del 2007 me avisaron a las 9,30 de la mañana de que debía ingresar al mediodía, para ser operada al día siguiente. Tuvimos que correr para preparar las cosas necesarias, buscar a los niños del colegio, avisar a mi hermana que estaba trabajando y se iba a ocupar de ellos esos días. Llegamos al hospital, rellenamos los papeles del ingreso y ya en la habitación nos dijeron que el médico vendría a informarnos de todo pero que tardaría un poco porque ese día tenían muchas urgencias. A las 12 de la noche llegó un doctor que nos explicó, según el protocolo, que “iniciada la operación en el cerebro no sabemos si encontraremos alguna sorpresa. Tienen que saber que puede quedar en estado vegetativo o tener que aprender a hacerlo todo de nuevo. También puede morir. Mi obligación es informarle ¿Firma su consentimiento para que la operemos?”

–Sí, claro. Ésta fue la conversación. Por fin podía dormirme.

Dormí toda la noche de un tirón. El día 18 la operación sería a las 3 de la tarde, hora de la Divina Misericordia. Estuvieron toda la mañana conmigo además de mi marido, otra de mis hermanas y su marido y un sacerdote amigo nuestro y padrino de nuestros hijos. No podían creer lo que veían puesto que estaba muy tranquila, llena de gozo, muy alegre y despreocupada. Según decían ellos irradiaba luz mi rostromona_036.jpg y realmente yo notaba la gracia de Dios en mí. Me salía por los ojos ese amor que vivía en mi corazón.

Camino del quirófano bromeaba con los camilleros que me llevaban. Cuando la anestesista me estaba preparando le dije al Señor: “en tus manos los dejo, sé que para ellos será larga la espera, dales tu paz y fortaleza”. Yo ya estaba en sus manos y sabía que era su voluntad que volviera, pero era tan grande la experiencia del amor de Dios que estaba viviendo que, aun pensando en mi familia, no me hubiera importado no volver. Sé que probé un trocito de la gloria del Padre a la que estamos llamados en el cielo y ese sentimiento te desprende de ésta vida.

Fueron 7 horas interminables de operación para mi familia. Pudieron verme al día siguiente por la mañana y yo estaba aun más alegre y gozosa que el día anterior, hablaba por los codos.

Realmente no tuve sufrimiento físico alguno: dolor de cabeza, mareos, desmayos, convulsiones, nada, ni antes ni después de la operación. Mi vivencia fue sentirme amada, abrazada y protegida como una niña pequeña en los brazos de su Padre. Es imposible de explicar con palabras lo vivido inmerecidamente. Experimenté que es Dios quien te da la paz auténtica por gracia si tú perseveras pobremente en la oración personal diaria y en los sacramentos. También la plegaria de intercesión tiene su importancia. No me han faltado nunca hermanos y hermanas que han orado siempre por mí para que el Señor haga siempre su voluntad en mi vida y en mi familia. También lo hicieron por esta delicada operación. He interiorizado que la oración de hoy es la semilla que dará frutos de bendición y paz en nuestra vida. Dios prefiere que obtengamos frutos perdurables para la vida eterna, que éxitos inmediatos en el mundo que son pasajeros.

"Justificados por la fe, estamos en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien tenemos acceso, por medio de la fe, a la gracia en la que estamos, gozándonos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo esto, sino que nos gloriamos en las tribulaciones, porque sabemos que la tribulación engendra paciencia, y la paciencia, experiencia, y la experiencia, esperanza. Esperanza que no se turba, porque el amor de Dios se ha volcado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado." (Rom 5, 1-5)

Comentarios 0

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *