Javier Menéndez Ros, Director en España de AIN: “La fe te ayuda a volar libre”

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javiermendez12163043231624059391.jpg*"Mi trabajo es un regalo de Dios"

12 de agosto de 2009.- Tras veinte años trabajando para multinacionales, yendo de acá para allá, la vida le pedía un cambio. Éste le vino en forma de oferta de trabajo: “Organización católica busca director en España. Se exige fidelidad al Papa”. ¡Fidelidad al Papa! Javier no se lo pensó dos veces, mandó el currículum y fue seleccionado. La organización resultó ser Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN), asociación pública universal dependiente de la Santa Sede y cuyo fin es dar ayuda pastoral allí donde la Iglesia Católica sufre y está perseguida. Más información en www.ain-es.org.

( Gonzalo Altozano / Alba)-Su trabajo, ¿es un regalo de Dios?
-¿Un regalo? ¡Un regalazo! El mejor que podría haberme hecho (profesionalmente, claro). Trabajar para Él y para la Iglesia es mi ideal de vida.

-¿No le dio miedo abandonar la vida de ejecutivo?
-Dejé atrás bastante seguridad, un buen sueldo, muchas posibilidades de promoción, pero…

javiermenendez2.jpg-¿Pero?
-A lo largo de nuestra vida pasan muchos trenes a los que no nos atrevemos a subir. Y a veces hay que arriesgarse.

-¿Y si le hubiera salido mal?
-Dios habría cuidado de mí.

-La oferta le llegó en un momento en que buscaba un cambio. ¿Cree en las casualidades?
-Creo en la Divina Providencia. Dios, que es providente, siempre actúa. Y es a través de sus actos como se comunica con nosotros.

-¿Lo hace siempre de forma tan dulce? Quiero decir, ofreciéndole a uno el trabajo de su vida.
-¡Qué va! A veces nos habla a través de circunstancias duras, en absoluto agradables.

-¿Por ejemplo?
-La muerte de mi hermano Fernando, cuando yo tenía dieciocho años. Él tenía veinte, estaba en la plenitud de la vida. Parece que lo lógico hubiera sido regañar con Dios, habérselo echado en cara.

-¿Y sin embargo?
-No me alejó de Él, sino todo lo contrario. Y no sólo a mí, también a mis padres, a mis hermanos, a los congregantes marianos de la Asunción, con los que Fernando y yo vivíamos la fe.

-¿Sigue siendo congregante?
-Sigo.

-Supongo que de ahí le viene la devoción a la Virgen.
-De ahí, y de la casa de mis padres, y de los jesuitas, con los que estudié…

-¿Recurre co211-javiermenendez.jpgn frecuencia a María?
-¿A quién si no? Tenga en cuenta que tengo la fe de un niño. ¿Y a quién acuden los niños cuando quieren algo? Pues a la madre.

-¿Usted qué le pide?
-Que me lleve a Jesús. Hay una frase que decimos mucho los congregantes: “María, ponme con Cristo”.

-¿Qué otras frases han marcado su vida de fe?
-Una que me dijo un sacerdote hace un montón de años y que define muy bien qué es la oración: “Orar es hablar a Dios, que siempre escucha, y escuchar a Dios, que siempre habla”.

-Está convencido de que Dios habla. ¿Qué hay que hacer para escucharle?
-Buscarle un buen momento y el sitio adecuado.

-Más frases.
-”Muestra al Señor tus caminos, espera en Él y Él hará”. Es de un salmo, no me acuerdo cuál. Llevo años mascándola. Para mí es un programa de vida.

-”Y Él hará”. Mi pregunta es: ¿cosas buenas o malas?
-Buenas y malas, pero siempre para bien tuyo.

-Como el padre del hijo pródigo, ¿no?
-Ésa es la imagen de Dios que más me llena. Cuando el hijo le abraza, el padre no le deja abrir la boca. Y, al mismo tiempo, no se olvida del otro hijo. Es un amor generoso, paciente, bondadoso, que rompe esquemas.

javier-menendwz-ros24.jpg-En cierto modo, usted, al hablar de Dios, también los está rompiendo.
-No puedo evitar hablar de Él. Me pasa lo mismo cuando veo una buena película, cuando descubro un restaurante que me gusta, cuando conozco a alguien que merece la pena: tengo que contárselo a los demás.

-¿Y no será que hablar de Dios entra en su sueldo?
-No me lo planteo como una carga, como una tarea. Lo hago porque le llevo en el corazón. Y ya se sabe: “De la abundancia del corazón habla la boca”.

-¿No le da miedo resultar pesado?
-¡Es que hay que serlo! Entiéndame, al modo en que lo es el novio que está enamorado y sólo habla de su novia.

-Pues hay quien tiene respetos humanos. Dígales algo.
-La gente sólo te respeta cuando te ve consecuente, comprometido, no avergonzado.

-¿Qué más?
-Y que la fe no es un lastre. La única atadura, la único ancla, es el pecado. La fe te ayuda a volar libre. Dios es el cielo abierto.

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