El milagro de Fray Leopoldo: Ileana se curó de Lupus, enfermedad del sistema inmunológico

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* "En la UCI rezaba y le pedía a Fray Leopoldo que me curase, entonces sentía paz y desaparecía el miedo. Le prometí a Fray Leopoldo que si salía de esa iría a Granada a visitar su cripta el 9 de febrero"

* "Una noche, los médicos le dijeron a mi familia que era cosa de 72 horas. Pero yo tenía una fe en Fray Leopoldo grandísima, y era la única que sabía que no me moriría. Todos me miraron muy extrañados, pero a los 8 días yo ya estaba en planta y cada día me encontraba mejor. Empezó mi rehabilitación y los ejercicios dolorosos, pero yo le decía a todo el mundo que tenía que caminar pronto ya que el 9 de febrero estaba muy cerca"

16 de septiileana_martinez2.jpgembre de 2010.- Fray Leopoldo de Alpandeire ha sido beatificado este pasado domingo 12 de septiembre, 49 años después de que se iniciara el proceso que ha culminado con la firma del decreto por el Papa Benedicto XVI. El acto solemne de beatificación ha tenido lugar en la Base Aérea de Armilla de Granada y han asistido sesenta mil personas.

Ofrecemos el testimonio de un caso decisivo para la beatificación de Fray Leopoldo. Su protagonista, la actriz Ileana Martínez, esposa del fallecido director de cine Pedro Masó, quien ha asistido a la beatificación y ha escrito su experiencia con motivo de la subida a los altares del popular fraile limosnero de Granada. Ileana Martínez, que sufría una patología letal cuya curación se atribuye a Fray Leopoldo de Alpandeire, ha asegurado que espera que la beatificación del fraile, proceso que se ha fundamentado sobre ese milagro, sirva para devolver al religioso el favor que le hizo al hacer posible que siga viva.

"Estoy aquí gracias a mi Fray Leopoldo", ha asegurado esta portorriqueña de cincuenta años, a la que hace cerca de quince años le fue diagnosticado Lupus, una enfermedad del sistema inmunológico que actualmente no tiene cura y que le llegó a paralizar las piernas, los brazos y un lado de la cara. Su situación sanitaria se agravó tanto una noche que un sacerdote fue a darle la extremaunción, sin embargo, al día siguiente comenzó una sorprendente mejoría, lo que relacionó con su fe y las peticiones que había hecho al fraile capuchino. A partir de entonces, inició una paulatina recuperación que le ha permitido curarse de la enfermedad de forma completa y duradera, lo que resulta inexplicable científicamente.

(Ileana Martínez / El Ideal) Hace mucho tiempo que deseaba y necesitaba escribir mi experiencia con Fray Leopoldo e incluso lo intenté una vez, hace al menos dos años, pero me fue del todo imposible, pues el dolor que me producía recordar era casi tan intenso como el vivido anteriormente. Mis lágrimas no me permitieron seguir y no veía ni la pantalla del ordenador. Deseo fervientemente poder conseguirlo ésta vez, ya que tengo una deuda pendiente con Fray Leopoldo.

Empezaré por decir que oí hablar de Fray Leopoldo por primera vez, creo que alrededor del año 89 ó 90. Unos amigos, Justo Sánchez Ángulo y Marita Fernández Sampedro, su esposa, me hablaron de él. Ellos habían tenido la suerte de conocerlo, pues eran de Granada y Fray Leopoldo había ido con frecuencia a sus casas a pedir limosna. Me contaron muchas anécdotas del anciano fraile, y Marita me regaló una estampa. Simplemente la metí en mi bolso, y digo con vergüenza que nunca le recé.

ileana_martinez1.jpgEl verano de 1994, me empezaron unos dolores de cabeza muy fuertes, que no se me quitaban con nada y después de algunos días me fui al médico. Unos análisis dieron como resultado una anemia hemolítica producida por una enfermedad, para mí desconocida, llamada Lupus. Me explicaron que era una enfermedad muy seria y, lo más terrible, que no tenía cura. En aquel entonces yo tenía 34 años, tres niños pequeños y un marido que me quería. Me ingresaron en un hospital.  A los 15 días salí del hospital, hinchada como una pelota por las dosis tan altas de cortisona que me administraron.

En este punto tengo que decir que el Lupus es una enfermedad del sistema inmunológico, que está como loco y en lugar de defenderte de los virus (que es su función) te ataca el organismo. La vez anterior destruyó mis glóbulos rojos y esta vez me produjo el Guillain-Barré. Esta vez la cosa se puso bastante fea y me ingresaron en la UCI, casi inconsciente, digo “casi” inconsciente por que sólo recuerdo que entré llorando, porque no me había despedido de mis hijos y por un momento creí que no saldría con vida de allí.

Al día siguiente vino mi amiga Ana a verme y dándome un beso me puso algo en la mano, con gran esfuerzo intenté mover mis brazos para ver lo que era. Me sorprendió ver que era una estampa, ya que Ana no es muy religiosa que digamos, pero lo que más me sorprendió fue cuando me dijo (yo apenas la podía ver) que era de Fray Leopoldo, y me pareció una bonita casualidad. También había traído una medallita de Fray Leopoldo que me ató a una pulserita de hilos de colores que llevaba en mi muñeca, y que me había hecho una de mis hijas. Le agradecí el detalle y se marchó. 

Cuando entró mi madre nada más verla le dije:

–Mami, llama a Marita y pídele un libro que ella tiene de la vida de Fray Leopoldo.

Marita y Justo viven en Marbella, y yo en Madrid, así que nada más llegar a casa mi madre llamó a Marita, le contó que me habían ingresado otra vez y que sólo pedía que me mandase el libro que ella tenía de la vida de Fray Leopoldo. Marita se emocionó. Marita no podía entender cómo yo le pedía un libro que sólo hacía dos horas que estaba en su poder. Marita lloró pensando que Fray Leopoldo la ileana_martinez_3.jpgenvió a buscar ese libro para mí, ni que decir tiene que al día siguiente me enviaron el libro sin que Marita lo leyese.

En la UCI rezaba y le pedía a Fray Leopoldo que me curase, entonces sentía paz y desaparecía el miedo. Le prometí a Fray Leopoldo que si salía de esa iría a Granada a visitar su cripta el 9 de febrero, (no sé por qué dije ese día, pues solo sabía que era el día de su muerte, pero desconocía entonces que ese día había peregrinación a Granada).

Una noche, los médicos le dijeron a mi familia que era cosa de 72 horas. Pero yo tenía una fe en Fray Leopoldo grandísima, y era la única que sabía que no me moriría. Todos me miraron muy extrañados, pero a los 8 días yo ya estaba en planta y cada día me encontraba mejor. Empezó mi rehabilitación y los ejercicios dolorosos, pero yo le decía a todo el mundo que tenía que caminar pronto ya que el 9 de febrero estaba muy cerca. Esto se convirtió en mi único objetivo. Fue un mes muy duro, sólo los que han vivido una experiencia similar saben lo difícil que es volver a caminar.

 A finales de enero, sobre el 28 más ó menos, le pregunte a mi marido si tenía los billetes para Granada. Yo no estaba preocupada, sabía que todo estaría bien.

Llamé a Justo y a Marita y les conté lo de mi viaje a Granada, ellos decidieron ir en coche desde Marbella y recogernos el mismo 9 de febrero.

Cuando llegamos a Granada Justo y Marita nos esperaban. En el coche, a medida que nos íbamos acercando a la iglesia de los Capuchinos, donde está la cripta de Fray Leopoldo, nos fue entrando pánico de ver la que allí había de gente, pero nadie se atrevía a decirme que era imposible entrar. Cuando estuvimos frente a frente a la iglesia, un hombre mayor, sucio, vestido con harapos, y con una larga barba blanca, nos hizo señas indicándonos un sitio para aparcar, era el único sitio que había en toda la calle y era frente a la iglesia. Nos dio mucha alegría. Justo se aparcó y todos se bajaron para ayudarme a salir, cuando cogí mis muletas, sin todavía haber cerrado la puerta del coche, busqué con la mirada al viejo de los harapos para darle las gracias, pero no lo vi. Justo también parecía buscarlo para darle una propina, y le pregunte: ¿Donde está ? , Justo dijo: «No se». Nadie más había visto al hombre, no sabían de qué hablábamos. Mi madre dijo que no había ningún hombre. Abrí los ojos muy grandes, y con una exaltación enorme le grité a Justo:

–«¿Tu lo viste, verdad ? y Justo con los ojos llenos de lágrimas me dijo:

–«Si lo vi». Sólo Justo y yo vimos a ese hombre, quien quiera que fuese.

Cumplir la promesa

colas_para_entrar_en_la_cripta_de_fray_leopoldo.jpgDespués de todo el viaje yo ya estaba agotada. Justo vino con malas noticias, aunque podría entrar en la iglesia y oír la misa, era imposible bajar a la cripta donde están los restos del fraile, ya que la gente llevaba haciendo cola diez horas. Empecé a llorar sin poder remediarlo. Cuando llegué al rellano de las escaleras, había un hombre de seguridad encargado del orden y de que nadie se colase. Mirándole a los ojos le dije: «Por favor; quiero entrar».

Él sólo dijo, como si fuera lo más natural del mundo: «Por ahí puede bajar». Bajé por donde suben las personas que ya han estado en el claustro. Enseguida puse mis manos sobre una especie de sarcófago donde están los restos de Fray Leopoldo, recé una oración y dije «GRACIAS», no hacia falta nada más, yo había cumplido mi promesa.

Han pasado de esto cinco años, mi recuperación fue total, no tuve secuelas, camino perfectamente, y hasta bailo, recuperé totalmente la visión, me creció el pelo, y perdí los 32 kilos que había ganado por la cortisona. No se si algún día volverá, pero si vuelve, sabré que en cualquier caso que no estaré sola, Fray Leopoldo estará conmigo.

Doy mi palabra de honor de que todo lo que aquí está escrito es absolutamente cierto y si fuese necesario lo pueden confirmar los documentos médicos de que dispongo, mi historial en la Clínica Puerta de Hierro de Madrid, el Dr. Fernando Martín, mi familia y mis amigos, a todos les doy las gracias por estar a mi lado en esta dura prueba.

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