Konrad, 23 años: «He hecho un camino interior para sanar los motivos por los que me drogaba»

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lourdes20082b.jpg*  "En la Comunidad Cenáculo he aprendido a pedir perdón y a levantarme"

* "La oración diaria me da paz y lucidez para ver mi vida con los ojos de Cristo"

28 de agosto de 2009.-La historia de Konrad es una historia de desesperación que se ha convertido en testimonio de esperanza. No se trata de un caso aislado, sino del recorrido humano y cristiano que la Comunidad del Cenáculo, fundada en 1983 por la religiosa italiana Elvira Petrozzi, propone a los jóvenes drogadictos a través de la oración, la amistad y el trabajo. Konrad lleva cuatro años y medio en la comunidad.

(Fabrizio Assandri / Catalunya Cristiana) -Konrad, ¿qué significa para ti llevar la cruz?

-Significa superar todas las dificultades que encuentro en la vida cotidiana. Mi cruz es mi pasado. Entré en la Comunidad del Cenáculo para cambiar mi vida. Fue una elección libre, como consecuencia de las equivocaciones que cometí en el pasado. Estar aquí conlleva renuncias, porque nos faltan muchas cosas y placeres. No tenemos televisión ni música y no podemos tener una chica a nuestro lado. Nos faltan muchas de las cosas que en el pasado hemos usado de forma equivocada. A menudo, en la comunidad, llegan los momentos difíciles de la renuncia, aunque de todos modos sé que tengo que superarlos. Ésta es también mi cruz: hacer hoy renuncias por lo que hice antes. Y ahora se ha convertido en un estilo de vida, el de superarlo todo de forma sana y limpia.

-¿A qué te refieres cuando hablas de tus equivocaciones?

La droga, la vida en la calle…, pero lo importante es cómo vivo ahora y qué es lo que llena mi vida. Llegué a la comunidad gracias a mi madre, a través del boca a boca. Mi madre formaba parte de un grupo de oración y compartió con los demás la dificultad que vivía entonces, es decir, el hecho de tener un hijo drogodependiente. En el mismo grupo había otra madre cuyo hijo ya se encontraba en el Cenáculo. Nos pusimos en contacto con la comunidad y con los chicos que formaban parte de ella para ver si podría entrar yo también.

-¿Qué conlleva la dependencia?

-Decepción, porque buscaba estar bien de un modo equivocado y superficial. Por las mañanas, después de las fiestas, me despertaba sabiendo que había cometido un error más y, por eso, sentía desilusión.

-¿Qué te dio fuerza para cambiar de vida?

-Primero de todo, la oración, a la que se llega después de un camino interior que es el motor del resto de cosas. Rezar cada día delante del Santísimo en silencio me da una paz interior que nada puede darme y nada ahora podría sustituir ese momento de adoración personal, reflexionando sobre lo que estoy viviendo, rezando por mis deseos, mis motivaciones, y rezando también por otras personas que piden mi intercesión. Esa media hora de oración me da paz y lucidez para ver mi vida con los ojos de Cristo. Y así ver mucho más profundamente de lo que vería sólo con mi inteligencia y mis fuerzas.

-¿Cómo son las jornadas en la comunidad?

-Son muy repetitivas. Esto nos da la oportunidad de aprender a vivir de modo estable, constante, algo que para quien ha vivido la drogodependencia es muy difícil. Antes hacía lo que quería, que no siempre era justo y no siempre me llevaba a sentirme bien. Me despertaba cuando me daba la gana, aunque eso me hacía sentirme vacío y mis jornadas carecían de sentido. En la comunidad, en cambio, nos despertamos cada día a las seis de la mañana, vamos a la capilla y rezamos el rosario, durante el que me planteo cuál es mi misión, mi motivación, mis deseos para el nuevo día. Esto me da fuerza y voluntad para afrontarlo. Esa media hora de rodillas antes de trabajar, en la que me repito lo que quiero de mi vida, me ayuda a vivir en paz y de forma más profunda.

-¿Encontraste la fe en el Cenáculo?

Sí. Los primeros tres meses no quería rezar. Simplemente no tenía fe y me oponía a ella. Creía que era para las personas débiles, y finalmente me dí cuenta de que el débil era yo que no rezaba. El momento fuerte vino después de tres meses de estar en el Cenáculo, cuando se manifestaron mis debilidades y pobrezas, cuando no escuchaba nada más que mi orgullo. Me enfrentaba con todos los demás chicos con los que vivía. Iba por casa y trabajaba sin mirar a los ojos a nadie porque estaba enfadado con todos y me sentía mal. Aquí no hay droga y no puedes huir. Llegó un momento en el que no aguantaba más todo esto. Sabía que el problema estaba dentro de mí y pensé en salir de la comunidad. aunque estaba convencido que eso significaría volver a la droga. Entré en la capilla y recé por primera vez. Me persigné y pedí la ayuda del Señor. En aquel momento encontré esa paz profunda que iba buscando toda mi vida, a través de las chicas, la droga, las discotecas y el deporte. Todo lo que existe en la tierra no me daba aquella paz que encontré en aquel sencillo momento de oración. Sigue siendo así hoy en día. He descubierto que cada vez que quiero contar sólo con mis fuerzas me doy cuenta de que soy débil, de que no soy nada y de que Dios opera en mi vida. Lo que busco hoy es cumplir su voluntad.

-Eres también cocinero, ¿verdad?

-En la comunidad hacemos de todo. Hice de cocinero para 25 chicos durante casi cinco meses. Fue un crecimiento importante para mí, porque tenía que mediar entre todos, entre quien me decía que faltaba sal, quien me decía que era demasiada y quien se quejaba porque las raciones no eran justas. En el Cenáculo todas las responsabilidades se turnan, así que después de la cocina me pusieron a reparar un armario. Luego me trasladé de casa y ahora vivo en la comunidad de Lourdes. Turnar los trabajos también nos permite ver lo que nos gusta hacer. Yo, por ejemplo, me encuentro bien trabajando como carpintero y es lo que hago actualmente.

-¿Tuviste recaídas?

-En el pasado estuve en algunos centros terapéuticos en Polonia, intentando desintoxicarme. Llegaba a sentirme limpio, pero cuando salía volvía a recaer. En la Comunidad del Cenáculo, en cambio, he hecho un camino interior, no sólo para curarme de la adicción a la droga, sino para sanar los motivos por los que me drogaba. Desde que estoy llevando a cabo este proceso, he estado ya dos veces en casa durante diez días y ni he sentido la tentación no sólo de probar la droga sino tampoco de fumarme un cigarrillo. Y no he tenido que luchar. He experimentado que eso no me sirve para ser feliz. De todas formas, aunque en la comunidad no hay droga, ni alcohol, ni cigarrillos, hay otras cosas que nos pueden hacer caer. Por ejemplo, no se puede comer fuera de las comidas fijadas, pero la despensa está siempre abierta y a veces tienes hambre y caes, aunque sepas que no es justo ir a tomar un trozo de chocolate. Esta caída nosotros la llamamos "compromiso". Aquí puede ser el chocolate y fuera puede ser la droga. por eso hacemos un camino en el que aprendemos que sí nos equivocamos, luego podemos pedir perdón compartiendo con los demás nuestro error. Aprendemos así a compartir las dificultades y a levantarnos. También aprendemos que si rompemos un compromiso, comiendo, por ejemplo, aquel trozo de chocolate, luego no nos sentimos libres con los demás, porque dejamos de vivir en la verdad y en la luz. Aquí he aprendido a pedir perdón y a no hacerlo más. Hoy creo que no tengo necesidad de más cosas de las que tengo ya para ser feliz.

-¿Qué importancia tiene, para ti, la amistad? ¿Quién es el ángel de la guarda en la comunidad?

-El ángel de la guarda debe ser un amigo, porque es la persona con la mayor responsabilidad en la comunidad. Su tarea es cuidar 24 horas al día de un joven recién llegado. Él es quien te atiende más que nadie porque ya ha pasado por tu mismo camino.. De hecho, cuando alguien llega a la comunidad, hay un ángel de la guarda que ya lleva tiempo en ella y le ayuda a entrar en el ritmo de la casa y a superar las dificultades. Ser ángel de la guarda -yo ya lo hice algunas veces- es como ser padre de alguien y trae consigo una gran satisfacción: la de ver a alguien que está como estabas tú y que después de unos meses vuelve a sonreír y a vivir, y que te dice gracias. Esto no se puede comprar sino que hay que ganárselo. Es un papel muy difícil porque primero debes ser coherente en todo lo que dices y haces.

-¿Cómo imaginas tu futuro?

-Ahora mi deseo es ir a misiones, para ocuparme de los niños que no tienen a nadie para transmitirles un poco de esperanza. Quiero exprimir al máximo mi vida de la manera más constructiva posible. Esto se enmarca todavía dentro de mi camino en el Cenáculo. ¿Después? Me gustaría formar una familia, pero sobre todo quiero seguir con la vida de oración.

¿Qué querrías decir a otros jóvenes como tú sometidos a la tentación de las drogas?

-Algo que siempre llevo en mi corazón, y que me dijo mi ángel de la guarda: "No hay que tener vergüenza de caer, sino de quedarse en el suelo." Todos encontramos dificultades en la vida pero siempre podemos levantarnos, creer en el bien que sentimos en nuestro corazón y seguirlo Pero para seguirlo hay que rezar porque somos pequeños.

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