Becky Carter dejó la Iglesia católica por su esposo protestante, y él fue, 15 años después, quien la hizo volver

*  «Mi padre fue el diácono en nuestra ceremonia de convalidación matrimonial, predicó la homilía -haciéndome llorar como un bebé-, ayudó a Jim cuando se confirmó y nos ofreció a los dos la Preciosa Sangre por primera vez. Toda esta redención sucedió cuando cumplíamos nuestro 15º aniversario de boda. ¿No es cierto que Dios es el Padre más amoroso, listo para sanarnos de todas las maneras?»

CaminoCatólico.com.-  Becky Carter fue católica sin convicción durante su vida estudiantil. Luego se casó con un protestante y se alejó de la Iglesia católica durante 17 años. Pero fue precisamente su esposo protestante, buscando profundizar en la fe, quien la acabaría devolviendo a una fe católica mucho más madura y espiritual. Ha contado su testimonio en CHNetwork y P.J.G. lo publica en Religión en Libertad.

Católica «sin entender nada»

Becky Carter y su esposo Jim

Becky nació en una familia católica que iba a misa cada domingo. Recibió los sacramentos y fue a una escuela católica. Pero «simplemente no entendí nada. Y para ser honesta, ya en el instituto, no me interesaba en absoluto. Estaba más interesada en fiestas, amigos y diversiones. No veía sitio para la Iglesia y sus reglas en mi vida. No sabía lo que significaba ser hija de Dios. Era una católica cultural que no había dejado a Cristo cambiar mi corazón«. La catequesis que recibió no fue especialmente buena.

Curiosamente, a medida que ella se alejaba de la Iglesia en el instituto, en su adolescencia, sus padres, que habían sido tibios en la fe, estaban cambiando. Su padre se apuntó a un Cursillo de Cristiandad y su transformación era total. Intentaba organizar rosarios diarios en casa, para rebelión de sus dos hijos. «No te irás a hacer diácono», le dijeron…y efectivamente 8 años después era ya diácono permanente.

Pero a Becky, a los 19 años, lo que le interesaba era su novio: alto, guapo, buen chico… y protestante. Jim le hacía preguntas: «¿por qué los católicos adoráis a María?» Becky no sabía mucho de apologética, pero sí sabía que «los católicos no adoramos a María». «¿Y por qué tenéis un Papa, y os confesáis con curas?» «No sé, es así y ya está», respondía ella. Lo peculiar de su historia es que a estas alturas su padre ya era profesor de catequesis para adultos y estudiaba para diácono, pero Becky no quería preguntarle, por mero orgullo. Y en esa época Internet no tenía las respuestas.

Una boda… y dejar el catolicismo

Becky Carter con su esposo Jim y sus Hijos

Becky y Jim decidieron casarse fuera de una iglesia para «no optar» por ninguna religión concreta que molestara a sus padres. Pero al padre de ella le puso, evidentemente, de muy mal humor. Cuando ella le telefoneó para decirle «nos hemos comprometido, nos vamos a casar», emocionada y alegre, él le respondió hablando de cosas serias. ¿De verdad iba a hacerlo sin la Iglesia? ¿De verdad quería renunciar a ese camino al Cielo? «Becky, de hecho creo que ni siquiera se me permite ir a tu boda si no te casas por la Iglesia», avisó su padre. Sin embargo, el director espiritual de él recomendó a los padres de Becky acudir a la ceremonia, estar presentes y mantener firmes los lazos familiares en la medida de lo posible.

Lo curioso es que ahora Becky y Jim estaban creciendo espiritualmente. A los 21 años habían descubierto un ministerio evangelizador para jóvenes en la Universidad, y una iglesia no denominacional (es decir, protestante independiente). Acudían además a un grupo de estudio bíblico con otras parejas de recién casados y de novios. Becky por fin se enamoró de Cristo, mediante la música de alabanza, que la elevaba, y mediante un mayor conocimiento de la Biblia. Quería saber más de Jesús y de su sacrificio en la cruz. «El Evangelio cobraba vida para mí, y al crecer mi fe, disminuía mi ligazón con la Iglesia Católica. Tenía un encuentro real, y emotivo, con el Salvador, y quería ir donde Él hiciera pulsar mi corazón».

Su grupo protestante no aceptaba el bautismo de niños, así que se le pidió un bautizo de inmersión para formar parte, con su esposo Jim realizando la inmersión.

De iglesia en iglesia

Durante 15 años, el joven matrimonio pasó de iglesia en iglesia. Empezaron como no denominaciones, y baptistas del sur, después «viajamos en el pasado» a una teología calvinista de iglesia presbiteriana. Aprendían teología y Biblia. «Hoy me doy cuenta de que el Señor nos estaba preparando para hacer una conversión intelectual. Jim, sin que yo lo supiera, estaba profundizando mucho en la historia de la Iglesia, y el Señor plantaba así semillas en su corazón», recuerda.

A Becky le gustaba aprender cosas de Dios, pero también le gustaba mucho tener un círculo de amigas cristianas, madres jóvenes, con las que compartir la fe. «Eran relaciones auténticas, profundas, que te llenaban». Dejaron esa iglesia por un incidente que disgustó mucho a su marido.

Llegaron a otra iglesia, de tipo baptista. Ellos ya tenían hijos bautizados. En esta nueva iglesia pedían que los chavales hicieran una profesión pública de fe y se bautizasen de nuevo para ser miembros. Becky había vivido eso 15 años antes y no le gustaba que no se apreciara el bautismo que había dado a sus hijos. Consultaron con varios pastores: los calvinistas decían una cosa, los baptistas otra incompatible, y todos decían que el desacuerdo era por un tema «no esencial», pero… ¿de verdad el bautismo no es un asunto, importantísimo, la puerta de la vida cristiana? Y si no es esencial, ¿por qué dividía a unos y otros, a miembros de no miembros?

Becky Carter con su esposo Jim y sus hijos en los primeros meses de este año

Explorar el catolicismo

Jim estudiaba más y más la fe cristiana. Un día sugirió a Becky: «Quizá deberíamos simplemente ser católicos, así no tenemos que ir averiguando todos los temas, uno a uno». Becky se lo tomó como un chiste. Pero la verdad es que Jim se sentía el guía espiritual de la familia y necesitaba decidir qué era y qué no era doctrina.

Un tiempo después, ya en serio, «Jim me hizo sentar y me dijo que debíamos buscar en la Iglesia Católica. Yo lloré. Estaba espantada. Ya había estado allí. Nunca había sentido ni conocido nada en ella. No quería volver a ese lugar legalista. No conocía a ningún católico que viviera como un cristiano de verdad»

Jim insistió y fueron a misa unos días después. Ella pensaba que eso bastaría para decepcionarlo. Pero la homilía la conmovió y plantó en ella una nueva semilla de fe. Y así creció el deseo de volver a la fe de su infancia.

Sola Fe, Sola Escritura… no se sostienen

Además, Jim le hacía preguntas teológicas. ¿Dónde pone en la Biblia que la salvación es «sólo por la fe»? Becky escribió en Google: «la fe sólo». Y apareció Santiago 2,24: «Veréis que un hombre es justificado por obras y no por la fe sólo». Constató que la doctrina protestante de «sólo por la fe» no es bíblica.

¿Y la enseñanza protestante de que la Biblia es la única guía de doctrina, la única fuente de contenidos de la fe? Lo que Jim veía era lo contrario: en 1 Timoteo 3,15 leía que la Iglesia (no la Biblia) es el pilar y fundamento de la Verdad. Y en 1 corintios 11,2 y en 2 Tesalonicenses 2,15, veía que los discípulos cristianos recibían las tradiciones, las enseñanzas cristianas, «por la palabra pronunciada» («de boca de…»).

Becky cree que fueron las oraciones de sus padres y otros seres queridos las que se activaron en esos días, abriéndola a la plenitud de la fe católica, a todas sus dudas sobre anticoncepción (que casi todos los protestantes admiten, pero no el catolicismo), sobre la Biblia, sobre la comunión… Y sintió que el amor de Dios la esperaba en la Iglesia.

Dar el paso

El matrimonio tuvo que dejar atrás bastantes cosas, empezando por aceptar que iban a perder todas sus amistades protestantes, que eran firmemente hostiles a cualquier cosa católica. «Desde su punto de vista, éramos un barco en dirección a un naufragio», comenta ella. «Les perdono y entiendo que estuvieran muy asustados. Pero como le dije a un amigo querido: ‘estoy bastante segura de que Satanás no nos conduciría a un lugar donde buscamos santidad y parecernos a Cristo'».

El matrimonio se reconcilió además plenamente con los padres de ella. «Después de horas y horas de teléfono, con la paciencia de Job, mi padre respondió todas mis preguntas y me ayudó a entender todas las enseñanzas que me costaban después de 17 años de ser protestante errante».

«Mi padre fue el diácono en nuestra ceremonia de convalidación matrimonial, predicó la homilía -haciéndome llorar como un bebé-, ayudó a Jim cuando se confirmó y nos ofreció a los dos la Preciosa Sangre por primera vez. Toda esta redención sucedió cuando cumplíamos nuestro 15º aniversario de boda. ¿No es cierto que Dios es el Padre más amoroso, listo para sanarnos de todas las maneras?»

Comentarios 0

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *