El Papa en la Audiencia 30-10-19: «Pidamos al Espíritu Santo que nos dé un corazón abierto a Dios y acogedor con los demás, con una fe audaz capaz de romper las cadenas»

* «El Espíritu Santo hace la misión: desde el principio, desde Pentecostés en adelante, Él es el protagonista de la misión. Y nos lleva hacia adelante, necesitamos ser fieles a la vocación que el Espíritu nos mueve a hacer. Para llevar el Evangelio»

Video completo de la transmisión en directo realizada por 13 TV de la catequesis traducida al español y de la síntesis que el Papa ha hecho en nuestro idioma

* «Mis pensamientos se dirigen al amado Iraq, donde las manifestaciones de protesta que han tenido lugar durante este mes han causado muchos muertos y heridos. Al tiempo que expreso pesar por las víctimas y cercanía a sus familias y a los heridos, invito a las autoridades a escuchar el grito de la población que pide una vida digna y pacífica. Exhorto a todos los iraquíes, con el sostén de la comunidad internacional, a seguir el camino del diálogo y de  la reconciliación y a buscar las soluciones justas a los desafíos y problemas del país. Rezo para que ese pueblo atormentado encuentre paz y estabilidad después de tantos años de guerra y de violencia en los que ha sufrido mucho»

30 de octubre de 2019.- (Camino Católico) “Queridos hermanos, el libro de los Hechos de los Apóstoles narra la llegada de Pablo a la ciudad de Filipos, colonia romana de la Macedonia, y por tanto la entrada del Evangelio en Europa”, lo ha dicho el Papa Francisco en la Audiencia General del último miércoles de octubre de 2019, continuando con su ciclo de catequesis sobre la evangelización a partir del Libro de los Hechos de los Apóstoles.

Explicando este pasaje de los Hechos de los Apóstoles (16,9), el Santo Padre ha precisado cómo el Espíritu Santo es el protagonista de la misión de la Iglesia: es Él quien guía el camino de los evangelizadores mostrándoles el camino a seguir. “Esto lo vemos claramente en el momento en que el Apóstol Pablo, habiendo llegado a Troade, recibe una visión. Un macedonio le suplica: “¡Ven a Macedonia y ayúdanos!”. Y el pueblo de Macedonia del Norte se siente tan orgulloso de esto, se siente orgulloso de haber llamado al Apóstol Pablo a anunciar a Jesucristo. Recuerdo mucho a ese bello pueblo que me acogió con tanto calor – señaló el Papa – que conserven esta fe que Paolo les ha predicado”.

El Papa Francisco saludó cordialmente a los peregrinos de lengua española, venidos de España y de Latinoamérica. “Pidamos al Espíritu Santo que nos dé un corazón abierto a Dios y acogedor con los demás, con una fe audaz capaz de romper las cadenas que nos oprimen a nosotros y a los demás”. En el vídeo superior de 13 TV se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Leyendo los Hechos de los Apóstoles se puede ver cómo el Espíritu Santo es el protagonista de la misión de la Iglesia: es Él quien guía el camino de los evangelizadores mostrándoles el camino a seguir.

Lo vemos claramente cuando el apóstol Pablo, llegado a Tróada, tiene una visión. Un macedonio le ruega: «¡Pasa a Macedonia y ayúdanos! (Hechos 16:9). El pueblo de Macedonia del Norte está muy orgulloso de esto, muy orgulloso de haber llamado a Pablo para que Pablo fuera a anunciar a Jesucristo. Recuerdo tanto a ese hermoso pueblo que me recibió con tanto calor: ¡Que conserven esta fe que Pablo les predicó! El Apóstol no duda, se va a Macedonia, seguro de que es Dios mismo quien lo envía, y llega a Filipos, «colonia romana» (Hch 16,12) en la Via Egnatia, para predicar el Evangelio. Pablo se queda allí varios días. Tres son los acontecimientos que caracterizan su estancia en Filipos en estos tres días: tres hechos importantes: 1) la evangelización y el bautismo de Lidia y su familia; 2) su arresto junto con Silas, después de haber exorcizado a una esclava explotada por sus amos; 3) la conversión y el bautismo de su carcelero y de su familia. Veamos estos tres episodios de la vida de Pablo.

La fuerza del Evangelio se dirige sobre todo a las mujeres de Filipos, en particular a Lidia, vendedora de púrpura, en la ciudad de Tiatira, creyente en Dios a quien el Señor abre su corazón «para que se adhiriese a las palabras de Pablo» (Hch 16,14). Lidia, en efecto, acoge a Cristo, recibe el Bautismo junto con su familia y acoge a los que pertenecen a Cristo, acogiendo a Pablo y a Silas en su casa. Aquí tenemos el testimonio de la llegada del cristianismo a Europa: el inicio de un proceso de inculturación que dura también hoy. Entró por Macedonia.

Después de la calidez experimentada en casa de Lidia, Pablo y Silas tendrán que hacer cuentas con la dureza de la prisión: pasan del consuelo de esta conversión de Lidia y de su familia a la desolación de la cárcel a la que los arrojan por haber liberado en el nombre de Jesús «a una esclava poseída de un espíritu adivino» y «producía mucho dinero a sus amos» con el oficio de adivina (Hch 16,16). Sus amos, ganaban mucho  y esta pobre esclava hacía lo que hacen los adivinos: te adivinaba el futuro, te leía las manos, como dice la canción: «Toma esta mano, gitana», y por eso la gente pagaba. También hoy, queridos hermanos y hermanas, hay gente que paga por ello. Recuerdo que en mi diócesis, en un parque muy grande, había más de 60 mesitas donde estaban sentados los adivinos y las adivinas, que te leían la mano ¡y la gente creía en estas cosas! Y pagaba. Y esto sucedía también en la época de San Pablo. Sus amos, en represalia, denuncian a Pablo y llevan a los Apóstoles ante los jueces acusándoles de desorden público.

Pero ¿qué pasa? Pablo está en la prisión y durante su encarcelamiento se produce un hecho sorprendente. Está desolado pero, en vez de quejarse, Pablo y Silas entonan una alabanza a Dios y esta alabanza desencadena una fuerza que los libera: durante la oración un terremoto sacude los cimientos de la prisión, se abren las puertas y caen las cadenas de todos (cf. Hch 16,25-26). Como la oración de Pentecostés, la de cárcel también tiene efectos prodigiosos.

El carcelero, creyendo que los prisioneros habían huido, quería matarse, porque los carceleros pagaban con su propia vida la huida de los prisioneros,  pero Pablo le grita: «Estamos todos aquí». (Hechos 16:27-28). El carcelero pregunta entonces: «¿Qué tengo que hacer para salvarme?» (v. 30). La respuesta es: «Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa» (v. 31). En ese momento se produce el cambio: en el corazón de la noche, el carcelero escucha la palabra del Señor con su familia, acoge a los apóstoles, les lava las heridas –porque les habían pegado- y recibe el bautismo junto a los suyos; luego, «se alegró con toda su familia por haber creído en Dios» (v. 34), prepara la mesa e invita a Pablo y Silas a quedarse con ellos: ¡el momento del consuelo! En el corazón de la noche de este carcelero anónimo, la luz de Cristo brilla y vence a las tinieblas: las cadenas del corazón caen y brota en él y en sus una alegría nunca antes experimentada. Así es como el Espíritu Santo hace la misión: desde el principio, desde Pentecostés en adelante, Él es el protagonista de la misión. Y nos lleva hacia adelante, necesitamos ser fieles a la vocación que el Espíritu nos mueve a hacer. Para llevar el Evangelio.

Pidamos también nosotros hoy al Espíritu Santo un corazón abierto, sensible a Dios y hospitalario con nuestros hermanos y hermanas, como el de Lidia, y una fe audaz, como la de Pablo y Silas, y también una apertura del corazón, como la del carcelero que se deja tocar por el Espíritu Santo.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos:

El libro de los Hechos de los Apóstoles narra la llegada de Pablo a la ciudad de Filipos, colonia romana de la Macedonia, y por tanto la entrada del Evangelio en Europa. Hay tres acontecimientos que caracterizan este episodio. En primer lugar, el bautismo de Lidia, una mujer creyente a la que el Señor por obra del Espíritu le abrió el corazón para que aceptara la enseñanza de Pablo. Una vez que el corazón de Lidia se abrió, pudo acoger a Cristo mediante el bautismo, junto a toda su familia, y abrió su casa a los demás Apóstoles. Esta hospitalidad de Lidia nos recuerda la acogida y el servicio que caracterizaban a las mujeres que acompañaban a Jesús y a los Apóstoles. Gracias a esta acogida femenina florecieron las domus ecclesiae, las iglesias domésticas, entre los primeros cristianos.

En segundo lugar, Pablo y Silas fueron denunciados por los dueños de una esclava que tenía un espíritu de adivinación y les procuraba muchos beneficios, y a la que los Apóstoles liberaron con un exorcismo. En la cárcel, en vez de lamentarse, alababan a Dios y Él los salvó mediante un terremoto que sacudió la prisión y rompió las cadenas que los ataban.

Y, por último, la conversión y el bautismo del carcelero y de toda su familia. En medio de la noche, él creyó en el Señor Jesús, junto a toda su familia, acogió a los apóstoles en su casa, les lavó las heridas y recibió el Bautismo. Después, lleno de alegría por haber creído en Dios preparó la mesa y celebraron la fiesta.  En medio de la noche, para el carcelero y su familia brilló la luz de Cristo, se rompieron las cadenas del corazón y experimentaron una alegría indescriptible.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, venidos de España y de Latinoamérica. Pidamos al Espíritu Santo que nos dé un corazón abierto a Dios y acogedor con los demás, con una fe audaz capaz de romper las cadenas que nos oprimen a nosotros y a los demás. Que Dios los bendiga.

El Papa ha dicho al saludar a los peregrinos en otras lenguas:

Nos acercamos a la solemnidad de Todos los Santos y a la memoria de todos los fieles que han muerto. Como decía San Juan Pablo II, estos días «nos invitan a mirar al cielo, meta de nuestra peregrinación terrena». Allí nos espera la comunidad festiva de los santos. Allí nos encontraremos con nuestros queridos difuntos», por los que ahora se eleva nuestra oración. Vivamos el misterio de la comunión de los santos con la esperanza que brota de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Finalmente, saludo a los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados. Al final del mes de octubre invocamos a María, Madre de Jesús y Madre nuestra. Aprended a dirigiros a ella rezando el Rosario. ¡Que la Virgen sea vuestro apoyo en el camino de seguimiento de su Hijo Jesucristo!.

Queridos hermanos y hermanas, mis pensamientos se dirigen al amado Iraq, donde las manifestaciones de protesta que han tenido lugar durante este mes han causado muchos muertos y heridos. Al tiempo que expreso pesar por las víctimas y cercanía a sus familias y a los heridos, invito a las autoridades a escuchar el grito de la población que pide una vida digna y pacífica. Exhorto a todos los iraquíes, con el sostén de la comunidad internacional, a seguir el camino del diálogo y de  la reconciliación y a buscar las soluciones justas a los desafíos y problemas del país. Rezo para que ese pueblo atormentado encuentre paz y estabilidad después de tantos años de guerra y de violencia en los que ha sufrido mucho.

Francisco

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