Chema, un niño de Cartagena de 5 años, curado por el Señor del síndrome de Rassmussen

* Esta rara enfermedad le conllevaba pasar el resto de su vida con casi la mitad del cerebro extirpado


* El caso se encuentra ya en manos del Postulador de la Causa de canonización de Juan Pablo II puesto que los padres atribuyen a la intercesión del anterior Papa su sanación inexplicable para los médicos


* Por este pequeño han estado orando también los lectores de nuestra web y el blog de Escuchar la Voz del Señor, la Comunidad Familia, Evangelio y Vida y los grupos de oración de Familia, Evangelio y Vida. Además han intercedido por él centenares de personas de otros grupos y movimientos de la iglesia como la Adoración Eucarística Perpetua


26 de septiembre de 2009.-
Avisamos a los lectores de que la historia de Chema, aunque puede parecer un relato de ficción, es tan real como los expedientes médicos que demuestran que la curación de este niño de Cartagena (España) de 5 años, enfermo de una dolencia incurable, es inexplicable para la ciencia. Sus padres, sin embargo, dicen saber dónde está el secreto: en la intercesión de Juan Pablo II. Hace sólo unos días, el ex portavoz del Vaticano, don Joaquín Navarro Valls, confirmaba que el difunto Papa podría ser proclamado santo a finales de 2010. Y quizá tenga que ver en ello el caso de esta familia, que ya está en manos del Postulador de la Causa de canonización del Pontífice. Por este pequeño han estado orando también los lectores de nuestra web y el blog de Escuchar la Voz del Señor, la Comunidad Familia, Evangelio y Vida y los grupos de oración de Familia, Evangelio y Vida. Además han intercedido por él centenares de personas de otros grupos y movimientos de la iglesia como la Adoración Eucarística Perpetua. Nosotros ya conociamos esta sanación obrada por el Señor pero es ahora cuando la familia ha hecho público su testimonio el momento más oportuno para dar gracias a Dios y tomar conciencia de la importancia de la oración de intercesión realizada de unos por otros, pese a las distancias y a no conocer a las personas por las que rezamos.

 (José Antonio Méndez / Alfa y Omega / Escuchar la Voz del Señor) Será porque quien suscribe no puede dejar de pedir que Dios le aumente la fe, pero les garantizamos que aún estamos en estado de shock. Cuando miramos a Chema, el niño de 5 años que camina, ríe y trota por las calles de Madrid cogido de nuestra mano, nos cuesta asumir que es el mismo crío que hace unos meses estaba atravesando un calvario de dolores, luchando por mantenerse en pie y con la única perspectiva de pasar el resto de su vida con casi la mitad del cerebro extirpado.

La cicatriz que tiene un poco por encima de la nuca -una llaga de 20 centímetros, causada durante los seis días en coma inducido que pasó en julio, en los que los enfermeros posiblemente no le movieron lo suficiente- nos recuerda, sin embargo, que Dios puede hacer lo que quiere, como quiere y con quien quiere, aunque se escape a nuestras entendederas. ¿Qué le ha ocurrido, entonces, a este niño, para que haya pasado de no poder tenerse en pie a darnos un abrazo enorme, de los que duran hasta Navidad, cogido con fuerza a nuestro cuello? Por partes, que su historia no es de las que se despachan en dos líneas.

Una terrible y rara enfermedad

Chema es el segundo hijo de Concepción e Ignacio. Nació con hidrocefalia, en la provincia de Murcia, pero, después de un correcto tratamiento, terminó por ser un niño como cualquier otro. En marzo de 2009, después de que unos espasmos físicos diesen la voz de alarma, le fue diagnosticada una rara y terrible enfermedad: el síndrome de Rassmussen. La enfermedad, de tipo autoinmune, provocaba que su propio cuerpo no reconociese su cerebro y
empezase a atacarlo. Como resultado, el hemisferio derecho de su cerebro se inflamó y comenzó a paralizársele el lado izquierdo del cuerpo. «El niño es preso de convulsiones continuas en su lado izquierdo, no cesan ni cuando duerme. Lleva meses teniendo convulsiones; algunas son dolorosas, otras no le permiten hablar, y otras le afectan al ojo, molestándole continuamente», relataba Concepción, en un correo electrónico que envió, el 18 de julio, solicitando oraciones.

En todo el tiempo que duró la dolencia, «Chema ha llevado su enfermedad con una paciencia extraordinaria, alegría de corazón y soportando cualquier pinchazo y tratamiento sin derramar una lágrima ni enojarse por su situación. Su padre y yo estamos orgullosos y maravillados con él, y damos gracias a Dios y a la bendita Virgen María, que le están acompañando todo este tiempo. Tenemos encomendado al niño a los continuos cuidados de la Virgen Milagrosa, y le hemos dado una medalla con esta advocación, que lleva en la venda que le cubre la cabeza», proseguía Concepción.

El neurólogo del hospital murciano en el que estaba ingresado derivó a los padres al Hospital Niño Jesús, de Madrid, donde trabaja uno de los pocos médicos en todo el mundo que está especializado en síndrome de Rassmussen. La enfermedad le atacó con especial virulencia, y los síntomas que en otros niños tardan años en producirse, a Chema se le presentaron en pocos meses.

Aunque fue tratado como exigía el protocolo médico, no se produjo la mejoría: «Ha sido tratado con muchos fármacos, le han hecho infinidad de pruebas, lo intentaron casi todo, pero sin resultado», explica ahora la madre, sentada en una terraza madrileña, junto a su marido y su hijo, que juega a levantarse y a sentarse en la silla, como cualquier niño de su edad.

Hemiparésico de por vida

Cuando nos recuerdan lo que le sucedía hace sólo unos meses, parece que se refieren a otra persona: movimientos espasmódicos en la mano, en los pies o en las aletas de la nariz; no podía andar correctamente, y en ocasiones casi no podía ni hablar. Día a día, y ante la mirada de sus padres, se iba quedando hemipléjico del lado izquierdo.

Por fin, los médicos dieron la única solución que se conoce para el síndrome de Rassmussen: extirpar parte de la mitad dañada del cerebro, en concreto, las zonas que controlan el aparato motor. De este modo, la enfermedad no avanzaría más, «aunque las consecuencias de la operación son una hemiparesia permanente en el lado izquierdo, perder funcionalidad en su mano (es posible que con una dura rehabilitación consiga agarrar, aunque no usar los dedos) y llegar a andar aún con un baile característico de su pie. Los daños mentales sólo serán evaluables después de la operación», relataba su madre, en julio. Sin embargo, «cuando no era por una cosa, era por otra, y le iban posponiendo la operación cada vez más, a pesar de que habían dicho que había que operarle con urgencia. Por fin, nos dieron fecha para la primera semana de septiembre», dice Ignacio.

Si el lector ha llegado hasta aquí, debe tener en cuenta un factor determinante: los cuidados médicos no eran los únicos que recibía el pequeño.

Rezar como si estuviese curado

En efecto, sus padres, abuelos y un inabarcable número de amigos y conocidos le dedicaban sus cariños y sus rezos. Concepción e Ignacio visitaban a diario la capilla del hospital, encomendaban a su pequeño a la Virgen y pasaban largos ratos ante el Santísimo, expuesto en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en Madrid, muy cerca del centro hospitalario:
«Estábamos seguros de que Dios podía curar a nuestro hijo. Que sólo Él podía y que, si se lo pedíamos con fe, lo haría. Un día, mientras rezaba, escuché una cita de san Agustín que venía a decir que rezar con fe es rezar pensando que Dios nos quiere conceder lo que le pedimos, que ya nos lo ha concedido o nos lo concederá, porque, de hecho, por el Bautismo ya nos ha concedido el mayor milagro al convertirnos en sus hijos. A partir de ese día, empecé a pedir como si mi hijo ya se hubiese curado y sólo tuviese que manifestarse su curación».

Eso sí, Concepción no sólo pidió la sanación de Chema. «Durante la oración sentía que Juan Pablo II podía interceder por Chema, y que el milagro que hiciese con él podría suponer la canonización del Papa». Así que comenzó a pedir la intercesión del Pontífice, sin decírselo a nadie. La sorpresa llegó cuando, al comentarlo con su marido, él le confesó que también pedía la intercesión del Papa. Ahora, con su hijo sobre el regazo, Ignacio cuenta que «siempre he tenido claro que Juan Pablo II es un santo, que podía interceder para que Chema se curase, y que merece que su santidad sea reconocida. Sabía que Juan Pablo II podía interceder para lograr un milagro».

Casi no ha terminado de hablar cuando su hijo, de pie frente a la mesa de la terraza, le reclama para seguir jugando. E inevitablemente, uno recuerda el pasaje del Evangelio en el que la fe de la hemorroísa arranca un milagro a Jesús; o ese otro en el que, por la fe de su madre, Cristo resucitó al hijo de la viuda de Naím: «Muchacho, a ti te digo, levántate».

Una señal, de la mano de la Virgen

Los amigos y familiares que se acercaban al hospital comentaban a sus padres las plegarias que elevaban al santo de turno. Un día, mientras rezaba, Concepción se planteó cómo sabría que era Juan Pablo II quien había intercedido por su hijo, y no otro santo, en caso de que Dios les concediese el milagro. «Me vino a la cabeza la imagen de una Virgen. Todos traían juguetes, y a lo sumo alguna estampa, pero una figura de la Virgen no es el típico regalo para un niño hospitalizado. Así que si recibía una figura de María, sería como una señal de que el Señor aceptaba la intercesión del Papa. Y para no hacer trampas, no se lo conté a nadie. Sólo unos meses después lo supieron mi marido, mi hijo y mi madre», cuenta.

A finales de agosto, «justo cuando había dejado de pedirla, el Señor quiso enviarme una señal: mi suegro me contó que una mujer, a quien yo no conocía, le había abordado a la salida de misa para entregarle una imagen de Nuestra Señora del Olvido, el Triunfo y la Misericordia, que se venera en Guadalajara y que Juan Pablo II había conocido años atrás, en el santuario mariano de Czestochowa, en Polonia». Se cerraba el círculo.

Y se curó

En agosto, como los médicos se iban de vacaciones y no podían hacer el seguimiento, se fijó una nueva fecha para la operación, ya después del verano. Pero no hizo falta: un día, Chema empezó a mover el brazo. Después, las piernas. Y más adelante, se irguió con normalidad. Los médicos del Niño Jesús se lo confirmaron en septiembre a la familia: no se habían equivocado de diagnóstico, no tenían explicación médica, no sabían qué había pasado. «Nos dijeron que la Medicina no lo explica todo, que la enfermedad, simplemente, había desaparecido, y le dieron el alta al niño», dice la madre.

En la imagen de la izquierda las manos de Chema sostienen la imagen de Nuestra Señora del Olvido, el Triunfo y la Misericordia

Ahora, el niño reza desde su casa a la Virgen, juega con sus hermanas y ha empezado la vuelta al cole. Su caso está en manos de la Causa de canonización de Juan Pablo II. «Dirán que es o no un milagro -comenta su madre, con una sonrisa de oreja a oreja-. Lo que importa es que mi hijo estaba hemipléjico por una enfermedad incurable y se ha curado. Sé que Dios nos ha concedido un milagro y creo que ha sido por mediación de Juan Pablo II. Y quien no lo crea, que mire a Chema». Chema, con cara de pillo, nos mira, nos lanza un beso y nos dice adiós con la mano izquierda, mientras se va, corriendo, por las calles de Madrid. «El muchacho se levantó y se puso hablar; y Jesús se lo entregó a su madre», sigue el pasaje de la viuda de Naím…

La intercesión de centenares de personas

La familia reconoce que enviaron un correo electrónico pidiendo oración y que muchas personas rezaron. Precisamente por eso la madre de Chema pidió una señal para conocer que la curación era por intercesión de Juan Pablo II. No dudamos de la intervención del anterior Papa y de su santidad pero también hay que subrayar que muchas personas rezaron directamente al Señor sin poner a nadie por intermediario y que definitivamente esperemos que se constaten las dos cosas: que Juan Pablo II intercedió por Chema y que el Señor obró un milagro en el niño.

Nuestros lectores pueden comprobar en la sección de "Pide Oración" de nuestra página web "Escuchar la Voz del Señor", como está publicada la petición de oración por Chema y su posterior curación. Quienes oran por cuantos piden oración en nuestra web, que son centenares de personas, se habrán dado cuenta, que la solicitud para que se orara por Chema se publico el pasado 5 de agosto y puede comprobarse actualmente en la página 29 de "Pide Oración" .(El correo puede haber cambiado de página y estar en 30,31, 32…, según las oraciones que nuestros lectores hayan actualizado. No obstante se localizará buscando los publicados el 5 de agosto). La petición fue enviada por Eufemio que es de la Adoración Eucarística Perpetua de Toledo y decía así: "Pido oración por un niño de 5 años, José María, que tiene un tumor cerebral y a primeros de septiembre, me ha dicho su abuelo, le operaran adorac2.jpgen Madrid."

Como apreciamos en el correo publicado no se explicaban con precisión los detalles de la enfermedad y se cita al niño por su nombre de pila: José María. La petición de oración fue enviada por el abuelo de Chema a Eufemio a finales del mes de julio y el nos la hizo llegar el 5 de agosto. El día 7 de septiembre publicamos la sanación del niño comunicada por el abuelo de Chema a Eufemio: "Asunto: Sanación de José María. Pues, sí… En el mes de julio pedí oraciones por José María, un niño de cinco años que tenía un tumor cerebral. Esta misma mañana he hablado con su abuelo y me ha contado que el Señor lo ha sanado.¡¡¡Gloria al Señor!!! Me pedía agradeciera a todos las oraciones, así que esto hago. DIOS ES GRANDE. BENDITO Y ALABADO SEA POR SIEMPRE." Este texto puede verse también publicado en la sección "Pide Oración", actualmente en la página 14. Hay que tener en cuenta para buscar este texto como el anterior los días en que fueron publicados, puesto que como las peticiones se actualizan continuamente cambian de página.`por tanto este puede estar a partir de la página 14 en la 15, 16, 17… 

Si señalamos este aspecto de la participación de tantas personas en la oración por Chema es para destacar lo importante que es orar siempre en toda circunstancia y lugar por cualquier persona aunque no la conozcamos. Dios siempre escucha toda oración y aunque a veces no conceda lo que se le pide, sí que actúa dando lo que necesitamos en cada momento. Nos alegra y le damos multitud de gracias al Señor porque ha curado a Chema y todo apunta que el Papa Juan Pablo II ha intercedido para que eso fuera así.

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