Raydel Rodríguez Caro decidió en la adolescencia ser médico pediatra, carrera que terminó, pero a los 19 años «sentí que el Señor me llamaba a seguirle» y es monja

*  «Yo no paraba de llorar de la emoción sintiéndome llamada por el Señor. En ese momento estaba estudiando medicina y me dije a mí misma: “si el Señor me llama, tengo que dejar la medicina”. Me planteaba entrar a un convento de clausura, pero el Señor fue llevándome por otros caminos y avivando el deseo tanto de orar por mis hermanos como de darlo a conocer llevando la Buena Noticia por todas partes.  Con ese ardor en mi corazón, comencé un camino de discernimiento, con el acompañamiento de un sacerdote jesuita. Mientras tanto seguía a los pies del Señor y sirviéndole a través de grupos de oración y de evangelización. Para mi sorpresa el Señor me permitió terminar la carrera de medicina, que había sido también un regalo de su providencia, pues me permitió realizarla mediante una beca, ya que viniendo de una familia pobre no tenía medios para costearla»

Camino Católico.- Raydel Rodríguez Caro Mari Carmen Pérez es religiosa de las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada y antes finalizó su carrera de médico pediatra y trabajó dos años en su país, la Republica Dominicana. Quería ser cantante cuando era pequeña y fue ya en la edad adolescente cuando se dio cuenta que la vocación por la Medicina era lo suyo: “Al principio me ponía nerviosa ver sangre, sin embargo a través de una amiga de mi madre, médico también, al ver la entrega de ellos me motivó mucho”. Cuando Raydel tenía 19 años fue cuando sintió la llamada a la vocación: “Sentí que el Señor me llamaba a seguirle, fue en un encuentro de jóvenes y de toda la parroquia, en un encuentro eucarístico en el contexto del Jubileo cuando el obispo preguntó, ¿alguien se siente llamada a seguir al Señor? Lloraba de emoción porque todo ese amor que sentía que había recibido y ese deseo de vivir el evangelio, de vivir las palabras de Jesús con radicalidad, era aquello, él estaba poniendo nombre a aquello que yo sentía”, explica en el vídeo de Mater Mundi TV realizado por Confía Producciones, en el cual cuenta su testimonio de fe y vocación en primera persona, como lo hizo por escrito en Slideshare.net en enero de 2014, recién ingresada ya como religiosa y que reproducimos:

Mi nombre es Raydel, nací en República Dominicana y soy la mayor de una familia de 6 hermanos. El 17 de abril de 1998, tuve un encuentro personal con Jesús, que me cambió la vida. Hasta entonces, me pasaba como a Job, que conocía al Señor de sólo de oídas pero luego pudo decir “ahora mis ojos te han visto”.

Tras experimentar su inmenso amor, yo sólo deseaba estar a sus pies. Desde entonces, he estado en una continua búsqueda de su voluntad y empecé a preguntarme ¿qué quiere Dios de mí? Aproximadamente un año después, durante el jubileo del año 2000, se realizó un encuentro eucarístico donde el obispo de mi diócesis, Monseñor Freddy Breton, preguntó directamente si alguien se sentía llamado por Dios, yo no paraba de llorar de la emoción sintiéndome llamada por el Señor. En ese momento estaba estudiando medicina y me dije a mí misma: “si el Señor me llama, tengo que dejar la medicina”. Me planteaba entrar a un convento de clausura, pero el Señor fue llevándome por otros caminos y avivando el deseo tanto de orar por mis hermanos como de darlo a conocer llevando la Buena Noticia por todas partes.

Con ese ardor en mi corazón, comencé un camino de discernimiento, con el acompañamiento de un sacerdote jesuita. Mientras tanto seguía a los pies del Señor y sirviéndole a través de grupos de oración y de evangelización. Para mi sorpresa el Señor me permitió terminar la carrera de medicina, que había sido también un regalo de su providencia, pues me permitió realizarla mediante una beca, ya que viniendo de una familia pobre no tenía medios para costearla.

En 2007 vine a España con la intención de continuar los estudios, haciendo una especialidad en pediatría. Pocos días antes del viaje conocí la congregación de las Adoratrices en República Dominicana y vine ya con el propósito de seguir conociendosu carisma, centrado en Jesús Eucaristía, que tanto me atraía. Pero de alguna manera, a pesar de mis esfuerzos, el contacto con la persona específica fue imposible. Así que dije: “Señor, si es que Tú no me quieres allí, está bien. ¡Guíame a donde Tú quieras!”.

Durante este tiempo realicé la especialidad de pediatría y al mismo tiempo, el Señor me dio la oportunidad de estar, compartir y servir en una comunidad de laicos en Madrid, Siervos de Cristo Vivo, donde mi fe y amor a Él se mantenían vivos; y la compañía y oración de mis hermanos me sostenía y animaba. Sin embargo, había como un “silencio de Dios” en el aspecto vocacional, no parecía pedirme nada más delo que estaba viviendo en ese momento. Poco a poco se fue adormeciendo mi deseo de consagrarme al Señor, llegué a pensar que Él quería otra cosa de mí y me abrí a la posibilidad de formar una familia. Tenía el deseo de regresar a mi país, aunque estaba dispuesta a estar donde el Señor quisiera.

A los pocos meses de terminar la especialidad, sentí la necesidad de detenerme, apartarme y en el silencio escuchar al Señor, preguntarle qué quería de mí en ese momento concreto de mi vida. Y así lo hice. El Señor ha sido fiel, su respuesta no se hizo esperar, avivó nuevamente ese deseo de ser toda para Él, entonces me mantuve alerta en continua escucha y expectativa.

Una hermana de la comunidad leyó una artículo en una revista digital sobre la obra social de las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada en la casa de Blanca de Navarra, escrito por el P. Javier Repullés, sj. Con gran emoción ella recordó que conoció esta congregación en su niñez en “Alía”, su pueblo de origen y me sugirió conocerlas. ¡No perdí tiempo, esa era una señal! A mi llegada a España, yo había conocido a este mismo sacerdote y le acompañé a una Eucaristía en la capilla “Cachito de cielo”; posteriormente continué asistiendo para adorar allí a Jesús Sacramentado a lo largo de estos años, pero en ninguna de esas ocasiones llegué a conocer a las hermanas.

Sin duda, en los caminos del Señor no hay coincidencias. Me acerqué y empecé a conocer la congregación y a su fundadora; con cada lectura, en cada encuentro, en la comunidad se hacía un eco en mi interior de la voz del Señor que confirmaba en mi corazón la llamada a ser pan partido, entregado para el bien de los demás para su mayor gloria.

El día de la Epifanía del Señor, confiando en su infinita bondad me ofrecí del todo a Él dando el primer paso a la vida consagrada, el ingreso al Prenoviciado en la comunidad de Pamplona. Soy feliz con Jesús llevándome de lamano, a donde Él quiera y como Él quiera. Ahora estoy rodeada de hermanas que comparten la misma alegría de darse totalmente a Jesús, dejando que Él manifieste a través nuestro Su Amor a los más necesitados, de la mano de María, nuestra madre.

El Señor me ha sorprendido, haciendo las cosas mucho mejor de lo que yo podía imaginar. Sé que el completará la obra buena que empezó, pues Él es fiel.

Raydel Rodríguez Caro


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