Ema Blanco Vargas, con 4 años, se recupera milagrosamente de una ameba mortal: «El cuerpo le empezó a fallar, la doctora decía que tuviera fe y pedimos al Espíritu Santo que soplara vida en ella»

* «Otro regalo de Diosito fue que los médicos y los enfermeros eran creyentes, siempre decían pídale a la Virgen, pídale a Dios, vamos a hacer todo lo posible por salvarla… Recuerdo que un día vi a un sacerdote en el pasillo, hablaba con una enfermera y le preguntaba por la niña de la ameba, él ya la había puesto en oración y luego me di cuenta que le había administrado la unción de los enfermos… Hubo personas que oraron mucho, incluso de otros países, médicos que no la veían llegaban a verla y oraban por ella, otros volvieron a la Iglesia, nos cuentan que rezan otra vez el Rosario, que la situación los acercó a Dios»

Camino Católico.  “Ema Blanco Vargas es un milagro de Dios que venció la muerte gracias a la oración de su familia, amigos y hasta desconocidos y desde luego también al trabajo de un anegado equipo médico a través de la ciencia” destaca en su última edición el Semanario costarricense Eco Católico en un artículo firmado por Laura Ávila Chacón que plasma el testimonio de la familia de la pequeña. La niña es la hija menor de Karen Vargas Sanabria y Leonel Blanco Torres, matrimonio afincado en la localidad Dulce Nombre (Cartago, Costa Rica).

Sobrepuestos a la angustia de no saber si podrían salir con todos los gastos que acarrea un nuevo miembro en la familia, Ema fue recibida con mucho amor.

Recién nacida ya Ema venció la muerte por primera vez, pues tuvo que ser reanimada tras el parto. Su vida, afirma su mamá, tiene un gran propósito, tal y como lo han ido descubriendo a lo largo de la nueva prueba que llegó después de un paseo familiar a las aguas termales.

A inicios de este año, como toda familia planearon un viaje, no querían ir a la playa sino a las termales, que visitaban con regularidad. El lugar al que iban generalmente no tenía espacio, por lo que decidieron buscar otro.

Ema de 4 años, y su hermano de 10, se divirtieron a lo máximo. De la emoción, Ema durmió la noche anterior con el vestido de baño puesto. Sin embargo, luego del paseo, de la alegría pasaron a la zozobra porque la pequeña comenzó a tener síntomas muy graves: vómito y músculos atrofiados: había contraído una ameba mortal.

Sin imaginarlo, Ema se convertía en la cuarta persona en Costa Rica en adquirir el parásito y en la primera en superarlo sin secuelas. A nivel mundial es la décima que vence la muerte y la primera sin registrar daños en su organismo. Incluso su caso podría ser documentado médicamente, según le informaron los especialistas a la familia.

“Dios me iluminó”

Luego de vivir un proceso difícil como matrimonio, la madre de Ema, Karen Vargas, considera que Dios los venía preparando para algo que ellos ni se imaginaban.

Al ver que su pequeña hija no mejoraba, Ema fue llevada al Ebais de Tres Ríos, donde dos médicos la revisaron. “Dios me iluminó decir que andábamos en las aguas termales”, recuerda su mamá. Ante ello, los médicos practicaron varios exámenes aún con dudas porque no tenía fiebre. Como los síntomas persistían, e incluso Ema comenzó a decir que no tenía fuerza en los pies, fue remitida de inmediato al hospital Max Peralta en Cartago.

El dolor se intensificó y los pies de Ema no respondían, por lo que se le hicieron más exámenes físicos incluido una Tomografía Axial Computadorizada (TAC). “La internaron y sin tener un diagnóstico los médicos iniciaron el tratamiento, ellos nunca habían tenido un caso así, esa misma noche le pusieron medicamento intravenoso mientras yo investigaba por Internet sobre la ameba”, recuerda la mamá.

“Yo leía con temor lo que iba haciendo la ameba en el cuerpo. A la mañana siguiente le extrajeron líquido de la columna vertebral para descartar meningitis u otras enfermedades. Una parte la enviaron a Inciensa, porque el examen para la ameba solamente ahí lo podían hacer. El resultado dio positivo”, recuerda Karen Vargas.

«Otro regalo de Diosito fue que los médicos y los enfermeros eran creyentes»

A pesar de eso, los doctores siempre decían que no significaba que la niña moriría. “Ese fue otro regalo de Diosito, que los médicos y los enfermeros eran creyentes, siempre decían pídale a la Virgen, pídale a Dios, vamos a hacer todo lo posible por salvarla” relata la madre.

Para combatir la ameba se requiere de una medicina que no hay en Costa Rica. “Me dijeron que quedaba medicamento del muchacho que lamentablemente murió en Guanacaste, que iban a coordinar para traerlo, luego me contaron que no había quien fuera a traerlo hasta Liberia pues a los choferes de las ambulancias les daba miedo porque era el único en el país. Entonces un señor que nunca llegué a conocer se ofreció voluntariamente y lo trajo. A la una de la mañana llegó y se lo pusieron de una vez. Ema pegaba gritos cuando le entraba al cuerpo. Le tuvieron que abrir un catéter del lado derecho, en la vena que da al corazón, porque si lo ponían en las venas del brazo se le podían reventar”.

Para estar cerca de la niña, sus padres pidieron un permiso que les permitió permanecer en el hospital. “Recuerdo que un día vi a un sacerdote en el pasillo, hablaba con una enfermera y le preguntaba por la niña de la ameba, él ya la había puesto en oración y luego me di cuenta que le había administrado la unción de los enfermos, gracias a la Catequesis de Iniciación de mi esposo, podíamos entender lo que significaba el sacramento”, afirma la madre.

Ema: «Una noche llegó Jesús con su mamá y era muy bonito, porque le sonreían”

Por las noches Karen y Leonel no podían orar, no les salían las palabras. “Mi mamá nos decía que había cientos de personas orando por nosotros, yo solo agarraba el rosario y le decía a Dios: ‘yo sé Señor que no puedo, pero tu sí, ayúdanos’”, recuerda.

Luego de una pequeña mejoría, Ema volvió a tener una recaída y se le repitieron exámenes. “Cuando llegó la doctora dijo que había una alteración, que algo estaba atacándola, pero no se sabía qué era, el cuerpo le empezó a fallar, la doctora me decía que tuviera fe, que seguramente era una bacteria intrahospitalaria. Entonces pedimos con la fuerza que nos quedaba al Espíritu Santo que soplara vida en ella”. Ema comenzó a mejorar y a mejorar hasta que, un mes después, fue dada de alta.

Este proceso los ha unido como familia y les ha hecho entender la fuerza de la oración. Muchas personas que ni conocían les han contado que viendo su situación han regresado a la fe que habían abandonado. “Hubo personas que oraron mucho, incluso de otros países, médicos que no la veían llegaban a verla y oraban por ella, otros volvieron a la Iglesia, nos cuentan que rezan otra vez el Rosario, que la situación los acercó a Dios”, cuenta Karen.

Ema por su parte, ríe y juega de nuevo. Cuando le hablan de lo que vivió en el hospital lo primero que recuerda es que “una noche llegó Jesús con su mamá y era muy bonito, porque le sonreían”.


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