Sylvestre Marcel Ndongo será sacerdote en Camerún: «Entré en el seminario cuando fui curado milagrosamente de una enfermedad extraña al invocar a la Virgen de Nsimalen»

* «Los médicos no sabían qué tenía, decían que era una malaria muy extrema, pero todavía hoy no sabemos qué fue. Fuimos al santuario de la Virgen de Nsimalen y allí se dio mi curación. Al sanarme, decidí entrar en el seminario para dar mi vida al Señor y ayudar a los que quieren conocer a Dios»

Camino Católico.-  Sylvestre Marcel Ndongo es un seminarista de Camerún de 31 años, que finaliza ahora sus estudios en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra. Tras unos días en Madrid realizando labor pastoral, parte para su país después de varios años de formación, donde se ordenará primero diácono y después sacerdote.

La intercesión de la Virgen curó milagrosamente a Sylvestre Marcel Ndongo

Sylvestre Marcel Ndongo creció en una familia católica de seis hermanos, tres chicas y tres chicos. Es el tercero. Estudió en el colegio que los Hermanos Maristas tienen en su ciudad, y entonces sintió una primera llamada. “Celebrábamos la Misa todos los días y yo quería ser como los hermanos maristas, rezar como ellos. Después de varios años comencé a distraerme con las chicas y dejé de lado aquella llamada. Quería jugar al voleibol, ser deportista, porque jugaba en las categorías superiores, y entré en la universidad pública para estudiar Ciencias Políticas”, explicó Ndongo a ACI Prensa.

Sin embargo, en el segundo curso de universidad cayó gravemente enfermo y así estuvo durante años. “Los médicos no sabían qué tenía, decían que era una malaria muy extrema, pero todavía hoy no sabemos qué fue”, asegura.

Después de recorrer con su madre todo tipo de médicos y gastar mucho dinero, decidieron pedir a la Virgen que intercediera por su curación. “Fuimos al santuario de la Virgen de Nsimalen y allí se dio mi curación”.

Fue entonces cuando decidió entregar su vida a Dios para agradecerle todo lo que había hecho por él. “Mi padre no entendió mi vocación al sacerdocio, porque él tenía otra cosa pensada para mí y pasó mucho tiempo sin hablarme”.

“Si existiera un punto de partida de mi vocación diría que fue mi curación milagrosa al invocar a la Virgen de Nsimalen para curar mi enfermedad extraña. Al sanarme, decidí entrar en el seminario para dar mi vida al Señor y ayudar a los que quieren conocer a Dios”, dice entrevistado en CARF.

Sylvestre Marcel Ndongo

Después de entrar en el seminario en el 2011 y pasar varios años allí, su Obispo le envió para realizar la especialización en la Universidad de Navarra, donde ha estado cuatro años. “Ha sido una experiencia muy bonita, encontrarme con otra gente, otra cultura. Cuando llegué los primeros seis meses fueron muy duros. No tuve dificultad con los estudios, pero sí con el idioma, porque no entendía nada y también tuve que aprender nuevas costumbres. Mientras que el resto dormía, yo estudiaba”.

Ahora regresará a Camerún para ser ordenado diácono y posteriormente sacerdote. “Es algo que afronto con paz y serenidad en Jesucristo” y subraya que querría ser enviado a un “lugar donde se rechaza a Dios” para hablarles de “su experiencia personal”.

“Los sacerdotes no somos super-hombres, sino que he aprendido que somos instrumentos de los instrumentos. No hay diferencia entre el sacerdocio real y el sacerdocio ministerial, sólo las funciones”, afirma.

Y asegura también que “Jesucristo no era políticamente correcto, su palabra nos saca de los lugares donde estamos cómodos. Y nos hace descubrir la verdad. El Evangelio toca el corazón de cada uno, dónde más lo necesita”.

Por otra parte, a él le gustaría ser un sacerdote querido y no temido, un sacerdote servicial. “Creo que una de las causas de la caída de la fe en Occidente se debe al distanciamiento entre fieles y sacerdotes, al menos hace algunas décadas. Ahora, tras cuatro años en España, observo que sí existe esa fraternidad entre los sacerdotes y los católicos”.

Sylvestre Ndongo pudo estudiar en las Facultades Eclesiásticas de la Universidad de Navarra (España) gracias a una beca del Centro Académico Romano Fundación (CARF). Más información sobre el CARF y cómo colaborar a que otros seminaristas puedan formarse en el extranjero AQUÍ.


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