Abbey D´Agostino, atleta que ayudó a su rival que se cayó en los Juegos Olímpicos de Río: “Dios preparó mi corazón para responder así”

“Crecí en una familia católica y estuve rodeada por alumnos de fe en secundaria, pero no fue sino hasta que ese entorno me tocó en la universidad e ingresé en grupos cristianos en el campus, que ocurrió en mí el paso de la mente al corazón”

21 de agosto de 2016.-  (Camino Católico)  Las Olimpiadas de Río 2016 están llenas de momentos memorables pero hasta ahora ninguno supera en emoción al que protagonizaron dos atletas en la primera ronda eliminatoria de la carrera de 5000 metros planos.

En la primera ronda eliminatoria, la corredora Nikki Hamblin de Nueva Zelanda tropezó y causó sin querer la caída de Abbey D’Agostino de Estados Unidos. D’Agostino ayudó a Hamblin a levantarse, y unos metros después la estadounidense estuvo a punto de abandonar la carrera pero la neozelandesa –en vez de retomar la prueba– la alentó para que cruzara la meta.

La caída tuvo serias secuelas en ambas y fueron las últimas en terminar la prueba en medio de una gran ovación. D’Agostino sufrió una grave lesión y en cuanto cruzó la meta fue llevada en silla de ruedas para recibir primeros auxilios. En el vídeo puede visualizarse todas las incidencias de la carrera.

En una declaración publicada en el  sitio web USA Track & Field, Abbey D’Agostino señaló que “aunque mis acciones fueron instintivas en ese momento, la única forma en la que pude racionalizarlo es que Dios preparó mi corazón para responder de esa forma”.

“Todo este tiempo aquí Él me ha dejado claro que mi experiencia en Río iba a ir más allá que solo mi desempeño en las carreras; en cuanto vi a Nikki levantarse supe que era eso”, explicó.

Hamblin agradeció el gesto de D’Agostino. “Independientemente de la carrera y el resultado en el tablero, es un momento que nunca vas a olvidar por el resto de tu vida, esa chica sacudiendo mi hombro, como: ‘Vamos, levántate’”, dijo la atleta neozelandesa a los medios.

D’Agostino es conocida por su profunda fe cristiana. Creció en el seno de una familia muy católica y en una  entrevista, comentó que si tuviera una máquina del tiempo le “encantaría conocer a la Madre Teresa. Eso haría. Sería especial poder conversar con ella”.

En aquella ocasión, al ser cuestionada sobre si su fe es importante para el atletismo, D’Agostino respondió que “sí, absolutamente. Crecí en una familia católica y estuve rodeada por alumnos de fe en secundaria, pero no fue sino hasta que ese entorno me tocó en la universidad e ingresé en grupos cristianos en el campus, que ocurrió en mí el paso de la mente al corazón”.

“Correr era parte integral de esa experiencia. No fue sino hasta que comencé a sentir la presión que me di cuenta que si no hay un propósito eterno detrás de esto, ¿entonces qué estoy haciendo en realidad?”, continuó.

“Esto–prosiguió– ha sido un aspecto enorme en mi experiencia y más incluso al compartirla con mis compañeros de equipo. Uno de mis mejores amigas del equipo fue quien me alentó a ir a reuniones de grupos cristianos y estoy muy agradecida por eso”.

En sus redes sociales, la atleta ha expresado varias veces su fe y hace algunos meses compartió una cita de San Agustín sobre la que estuvo reflexionando: “La gente viaja y se asombra; ante la altura de las montañas; ante las enormes olas del mar, ante los largos cursos de los ríos, ante los vastos límites del océano, ante el movimiento circular de las estrellas, y pasan  por delante de sí mismos sin sorprenderse”.

La deportista atribuye a su fe la fuerza motivadora durante su trayectoria atlética y explica el papel que la fe tiene en su vida en una entrevista con Julia Hanlon.

“Sentí la paz que surge de reconocer que no voy a correr esta carrera con mis propias fuerzas. Y creo que reconocer estos miedos ante Dios es lo que me permitió sentir esa paz y lo que me atrajo a ella, y quería conocer al Dios que obraría de esta forma en toda mi vida”.

Además de mantener una rutina rigurosa de entrenamiento, D’Agostino se levanta cada mañana escuchando música de adoración, lee su Biblia y lleva un diario de las múltiples gracias que ha recibido.

Descansar los domingos forma también parte de su vida espiritual y física, algo que permite a su cuerpo recuperarse y a su alma elevarse con la oración. A menudo siente la presencia de Dios cuando corre y eso la empuja a dar lo mejor de sí misma.

El simple gesto de bondad de D’Agostino no la hará merecedora de ninguna medalla olímpica y es posible que el acontecimiento no quede registrado oficialmente en los libros de récords.

El día de la final el viernes, el mero hecho de formar en la línea de salida le habría regalado una ovación con todo el público en pie, pero no podrá disfrutar de ese reconocimiento debido a su lesión.

Sin embargo, su acto de caridad y su autosacrificio seguirá inspirando al mundo en los años venideros; perdurará mucho más tiempo en los corazones de todos que las medallas de oro que se entregaron esa noche.

Al final, D’Agostino demostró al mundo que ganar no lo es todo. Como diría una vez la Madre Teresa, “Dios no nos llama a ser exitosos, sino a que seamos fieles”.

Aunque sus tiempos no fueron suficientes para participar en la final, los jueces decidieron darles un pase directo por el gran gesto que tuvieron en la carrera.

Abbey D’Agostino ha anunciado que no participará debido a la lesión que sufrió. En la final la gran favorita es la etíope Almaz Ayana, quien pulverizó hace unos días en Río, el récord mundial de 10 mil metros planos.

 

Comentarios 0

Esta web utiliza cookies propias para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad