Abraham Cañedo, 21 años, hablando con un cura optó por ser sacerdote: «me deje mirar por Dios, con alegría, dudas, miedos, pero con mucho amor… y me decidí a decirle que sí»

* «Dios me fue enamorando, no fue fácil, pero lo hizo. Dios me fue dando más pero también yo empezaba a sentir que me seguía pidiendo más y más. Mi corazón a pesar de todas las actividades que hacia seguía inquieto, como si tuviera una espina clavada en él. El llamado al Sacerdocio no es un momento, son muchos momentos llenos de Dios, los que menos te imaginas, porque a veces es en lo más sencillo donde Dios nos habla más fuerte»

 

Abraham Cañedo y sus compañeros de seminario con jóvenes que son reciben acompañamiento vocacional

Camino Católico.- Abraham Cañedo, de 21 años, es un joven mexicano de Sinaloa, que actualmente está cursando el tercer año en el Seminario Diocesano de Culiacán. Su madre lo llevaba de pequeño a la Iglesia y recibió los sacramentos básicos de la iniciación cristiana. Dios para él era alguien con quien cumplir y que pasó a un segundo plano hasta que a los 15 años participó en un retiro de jóvenes. Ese encuentro y una conversación con un cura le hicieron sentir la llamada de Dios al sacerdocio. Abraham Cañedo cuenta su testimonio de vocación en Jóvenes Católicos:

¡Hola! Mi nombre es Abraham Cañedo, soy de Sinaloa, México, tengo 21 años y actualmente estoy cursando mi tercer año en el Seminario Diocesano de Culiacán.

Mi historia puede ser como muchas otras, pero lo que la hace única y especial, es que es mía… y hoy  te la quiero compartir.

Nací y crecí en una familia católica por tradición, más no mucho por convicción. Mi mamá se empeñaba en llevarnos a misa a mis hermanos y a mí pero la verdad es que era inútil, realmente nos parecía muy fastidioso. Pude realizar los sacramentos básicos de iniciación cristiana y listo. Eso era Dios para mí: alguien con quien se tenía que cumplir y estar bien.

A partir de esto Dios pasó a un segundo plano. Claro, oía hablar de Él pero en realidad no tenía una relación con Él y para serte sincero, no me interesaba mucho buscar alguna relación.

Cuando cumplí 15 años entré a un retiro hecho por jóvenes para jóvenes, que marco mi vida. No puedo decir que le dio un giro total pues no fue así (al principio), pero sí que no fui el mismo desde ese momento.

Dios me hizo abrir los ojos y pensar: ¿Realmente así como soy? ¿Así como soy puedo ayudar a otros jóvenes y a las demás personas que se han sentido como yo? Vacíos, llenos de rencores, de heridas… Y comprobé que sí, así como soy podía ayudarlos.

Abraham Cañedo, en primera linea a la derecha de la imagen en una asamblea de la pastoral juvenil

Para mí esto fue el acontecimiento más grande de la vida, como un tesoro que siempre estuvo frente a mí y no podía verlo. Ttenía toda esta necesidad de querer hacer algo por los demás y había encontrado el lugar donde poder hacerlo.

Y así fue, Dios me fue enamorando, no fue fácil, pero lo hizo. Dios me fue dando más pero también yo empezaba a sentir que me seguía pidiendo más y más. Mi corazón a pesar de todas las actividades que hacia seguía inquieto, como si tuviera una espina clavada en él. El llamado al Sacerdocio no es un momento, son muchos momentos llenos de Dios, los que menos te imaginas, porque a veces es en lo más sencillo donde Dios nos habla más fuerte.

Y así fue mi llamado a la Vocación Sacerdotal. En específico recuerdo un momento muy especial que tan solo fue el detonante que necesitaba para animarme a dar mi respuesta.

Un día charlando acerca de mi discernimiento vocacional con un sacerdote, fui totalmente sincero y le dije: “sabe Padre, yo no creo encajar en esto del Sacerdocio, siento en mi corazón el llamado pero creo que mi personalidad no es para esto”.

Él solo me miro y me respondió: “Abraham, lo que tú puedes llegar a aportar así como tú eres tal vez es lo que hoy necesita la Iglesia”. Ahí en ese momento tan sencillo, en una simple conversación me deje mirar por Dios, con alegría, dudas, miedos, pero sobre todo con mucho amor…  y me decidí a decirle que sí.

No sé qué me depara el futuro pero lo que si sé es que mi futuro está en manos de Dios. Quiero seguir haciendo su voluntad para responder con amor, sencillez, pero sobre todo mucha alegría. Aún me restan 5 años de preparación para darle mi si eterno a una vocación eterna: El Sacerdocio.

Abraham Cañedo

Twitter: @AbrahamCP9

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