Abu Yaacoub, dueño de una tienda de Líbano, fía sus productos a los refugiados: “Hago esto por amor a Dios»

«No me importa cuánto dinero tenga, porque me siento a gusto y quizá un día estaré en su situación… Son muy amables, los hemos conocido hace mucho tiempo y son buenas personas. No importa lo que les doy, me lo devolverán después si soy paciente con ellos. Volverán a pagarme y, si no lo hacen, Dios me compensará”

30 de abril de 2016.- (13 TV  / Camino católico)  Nariman nació hace cuatro meses. Su padre, Mahmoud, refugiado sirio con su familia en el Libano, recuerda la noche en que su mujer dio a luz a su primera hija: «A pesar de todos los sufrimientos y de no tener nada, lo olvidé y todo se volvió felicidad. Fui al hospital y me sentí como si no importara nada más”.

Mahmoud encara una agridulce realidad. Por un lado tiene la familia que siempre ha querido. Por el otro, no es capaz de cubrir sus necesidades más básicas como la comida o el agua potable. Necesidades que la mayoría de la gente fuera de esta realidad da por sentadas, pero que él considera un lujo.

Abu Yaacoub, propietario de una tienda libanesa, explica que «no me importa cuánto dinero tenga, porque me siento a gusto y quizá un día estaré en su situación. Al final, hago esto por amor a Dios».

Abu Yaacoub posee una humilde tienda de pueblo, donde muchos refugiados sirios como Mahmoud han encontrado el calor humano en los últimos dos años. Se ha convertido en un regalo bendito para Mahmoud y otras familias sirias de la zona. Les ha dado lo que necesitan de su tienda como si fuera un crédito sin condiciones. Puedan pagar o no.

«Son muy amables, los hemos conocido hace mucho tiempo y son buenas personas. No importa lo que les doy, me lo devolverán después si soy paciente con ellos. Volverán a pagarme y, si no lo hacen, Dios me compensará”, asegura Abu.

Mahmoud y su familia han vivido con una gran deuda desde hace dos años. Por desgracia, no son los únicos. Hay pocas oportunidades laborales en Líbano. Para empeorar las cosas, el coste de la vida aumenta y la ayuda que antes se daba a los refugiados sirios ahora ha disminuido. Solo una cosa es segura: la generosidad y el consuelo que la comunidad de refugiados puede encontrar en personas como Abu.

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