Amy Karney, joven modelo, hija de padres adictos a drogas y alcohol, que conoció a Dios a través de novio católico

“Le decía al Señor: «Siento que él es la  persona para mí, pero él sigue diciendo que no está seguro. Apártalo de mí y así lo saco de mi corazón, y envíame a la persona que sea para mí, porque ya no aguanto más esto». Como decía antes, tenía el cariño de otros chicos, pero yo no quería a ninguno, solo a él. Pero él no me quería, y yo me sentía destrozada… Él volvió a acercarse a mí poco tiempo después de que yo hiciese aquella oración y de que él volviese a rezar, y me pidió que nos casáramos. Hicimos unas catequesis, me bauticé y nos casamos… Yo quería leer todo lo que podía sobre la fe católica. Queríamos integrarnos en las actividades de la Iglesia”

Camino Católico.- La infancia de Amy Karney fue tremendamente difícil, a causa de la adicción de sus padres al alcohol y a las drogas. En su juventud trabajó como modelo, con una vida de fiestas, impureza y superficialidad… Un día conoció a un chico católico y se atraían mutuamente, pero había un problema: ella no era católica y acabó buscando el cariño en otros chicos. Además hasta los 21 años vivió en el espíritu del mundo. Siempre buscaba a Jesús, pero no tomaba las mejores decisiones. Llegó el momento en que gracias al Señor y a partir del compromiso con su novio fue a una catequesis de adultos, se convirtió, se bautizó y se casaron. Explica su testimonio de transformación de su vida en el programa “Cambio de Agujas” de H.M. televisión, que se visualiza y escucha en el video superior.

La infancia con el divorcio de sus padres

Amy Karney es una hermosa mujer, esposa, madre de seis hijos y de otro que está de camino. Nació en Memphis (Tennessee, EEUU) y vivió allí hasta la edad de nueve años. Durante sus primeros años de vida, su vida parecía abocada a ser un auténtico infierno. Sus padres se divorciaron cuando ella tenía solo dos años. Amu nos explica: 

“Tenían problemas relacionados con el alcohol y las drogas, y eso cambió su personalidad hasta tal punto que afectó mucho a su matrimonio. Cuando se divorciaron, al principio me quede con mi madre, pero ella seguía metida en el mundo de las drogas y el alcohol. Mi padre estaba igual, pero él sí estaba intentando ordenar su vida. Asistía a reuniones de alcohólicos anónimos y rehabilitación. Y sus padres decidieron separarme de mi madre e intentar tener ellos la custodia”.

La situación en casa de su madre era realmente peligrosa incluso para la integridad física de Amy: 

“Me contaron que mi tía me encontró el día de mi cumpleaños, tirada en el suelo, con la tarta y las pastillas de mi madre esparcidas por todo el suelo. No era un ambiente seguro. Pagaron un detective privado y él me encontró, en alguna ocasión, fuera de casa, en pañales, a las dos o las de la mañana, al lado del cubo de la basura mientras mi madre estaba de fiesta. Pasaban coches… El mismo detective me tomó y me llevó a casa. Así que mis abuelos y mi padre ganaron la custodia. Estuve con ellos y estoy muy agradecida. Los padres de mi madre también son maravillosos, buena gente. Y todos estaban queriendo ayudarnos, incluso los padres de mi padre querían que mi madre cambiara, e intentaron ayudarla. Ella realmente tenía un buen corazón, pero tenía una fuerte lucha con la adicción. (…) Durante mi niñez hubo muchas ocasiones en las que –verdaderamente- podía haber muerto. Pero, gracias a Dios que me estaba protegiendo, he podido sobrevivir a todo esto”.

Formada en la fe protestante pero se alejó de Dios

Amy tenía unos abuelos muy cariñosos que se preocuparon de formarla en la fe protestante aunque, con el paso del tiempo, la familia se fue enfriando a nivel religioso y dejaron de frecuentar la Asamblea de Dios, su Iglesia protestante. Con todo, Amy dice: “Yo siempre buscaba a Dios. Desde niña me consideré cristiana”.

Ya adolescente, algunos amigos pertenecían a la Iglesia Bautista y Amy comenzó a frecuentar su grupo de jóvenes. Tras un retiro en el que comenzó a sentir a Cristo más cerca, decidió bautizarse. Pero, una semana antes del bautismo, por una serie de circunstancias, toda la familia se mudó a vivir a Jacksonville, en Florida. Tuvo la parte buena de que el traslado permitió a la familia mantenerse unida, pero Amy no pudo bautizarse en la fecha planeada y, ya en Jacksonville, perdió también el contacto con la iglesia.

Alcohol, cigarrillos y creerse ser una buena chica, aunque no hacia lo que había aprendido en la Biblia

Hasta los quince años, Amy tenía las cosas muy claras ante los ofrecimientos de tomar parte en fiestas o consumo de drogas y alcohol: “Al principio, cuando me decían: «Oye, ¿quieres venir a esta fiesta? ¿Quieres fumar marihuana?» Yo contestaba: «¿Sabéis por qué no tengo una familia normal? ¿Sabéis por qué no tengo padres? No, gracias, no quiero hacer eso». Crecí expuesta a personas de este tipo, viendo a mis padres consumir droga en sus fiestas. Mi madre después se casó con una persona muy conocida, el jefe de una banda de motociclistas. Y daba miedo. Yo veía lo que no debía hacer. Simplemente no quería tener parte en esos ambientes”. 

Pero, a partir del traslado a Jacksonville, sin el apoyo de sus amigos de la Iglesia Bautista, Amy comenzó a frecuentar fiestas, a fumar y a beber. A ella le parecía que seguía siendo una “buena chica”, porque no hacía nada “grave”: “Cuando lo pienso ahora… Estaba mintiendo a mis padres sobre dónde iba los fines de semana. Y tenía a escondidas alcohol y cigarrillos. No estaba haciendo las cosas buenas que aprendí en la Biblia, pero al mismo tiempo pensaba que era una buena chica”. 

El novio católico que la deja porque considera que no es para él y ella opta por entregar cariño a otros chicos

Tenía dieciséis años cuando conoció a Shannon, el chico con el que años más tarde se casaría y formaría la preciosa familia que tiene. Pero las cosas no fueron nada fáciles en su camino hacia el altar: “Yo conocí a mi esposo cuando tenía dieciséis años. Nos conocimos un verano trabajando como socorristas. Él era católico, y yo no conocía a casi ningún católico. Sabía que eran cristianos, pero no sabía mucho de su fe. Nos atraíamos mucho. Incluso, cuando salíamos, hablábamos de que cuando fuésemos mayores nos casaríamos”. 

Shannon había crecido en un hogar católico. Eran cinco hermanos y había sido testigo del amor y de la entrega de sus padres. Sabía que, para tener una familia tan bonita como había sido la suya, necesitaba encontrar una chica católica que valorara el sacramento del matrimonio.

Y Amy no era católica. No solo eso. Su estilo de vida no era lo que Shannon esperaba de la futura madre de sus hijos: “Había muchas cosas por las que él no estaba seguro de lo nuestro. Él estaba viendo si yo era la persona adecuada o no… y entonces decidió dejarme. Esto fue muy desalentador, porque yo sentía que él era la persona para mí. La gente siempre me había dicho que yo era guapa, incluso trabajé como modelo, y le daba mucha importancia a mi apariencia externa, a mi simpatía, a lo que los demás pensasen de mí, y no tanto  a lo que Dios pensaba de mí, y a que Él me ama como soy. Así que, cuando mi novio me dijo que no era la chica para él, me destrozó. Y en lugar de acudir a Dios, busqué el cariño en otros chicos. Pensé: «Bueno, tú no me quieres, pero otros chicos sí». Aunque, realmente, no quería a los otros chicos, eran mis amigos. Les quería solo como amigos, pero no estaba enamorada”.

Clama a Dios pero sigue con su vida mundana

En la universidad, Amy continuó saliendo de fiesta, varias noches por semana, viviendo en la impureza… Mirando hacia atrás, reflexiona: “Una noche me senté en la cama y empecé a llorar y a decir: «Dios, no sé lo que está pasando». Empecé a tener miedo de la muerte y a sentir mucha  angustia, y dije: «No sé si estás todavía ahí, pero necesito que esto se acabe. Hay mucha tiniebla, todo parece muy oscuro».

Sabía que había algunas cosas que no estaban bien, pero a la vez pensaba: «Es verdad que bebo y a veces… pero no me drogo ni robo. Las personas siempre dicen: sabemos que está mal robar un coche, sabemos que está mal mentir… Pero cuando pensamos en nuestra castidad decimos: «Da igual, todo está permitido». Y creo que pensaba que ese era el único punto donde pecaba, pero que cuando fuese adulta y me casase ya no tendría ese problema, y entonces sería muy santa”.

El compromiso de boda

Con veintiún años, Amy volvió a acercarse a Shannon. Durante cinco años estuvieron saliendo, a intervalos, hasta que un día él volvió a decir que no estaba seguro de que ella fuera la persona con la que él debía formar una familia:

“Otra vez me derrumbé. Le decía al Señor: «Siento que él es la  persona para mí, pero él sigue diciendo que no está seguro. Apártalo de mí y así lo saco de mi corazón, y envíame a la persona que sea para mí, porque ya no aguanto más esto». Como decía antes, tenía el cariño de otros chicos, pero yo no quería a ninguno, solo a él. Pero él no me quería, y yo me sentía destrozada. Por eso rezaba: «Si no es la persona para mí, que se aleje, porque me está rompiendo el corazón”. Él tampoco estaba haciendo las cosas bien. No estaba viviendo su fe católica. Y yo lo veía”. 

Paralelamente, Shannon comenzó a rezar más, a frecuentar más los sacramentos. Rezaba y le  pedía a Dios: “Quiero a Amy y sigues poniéndola en mi camino. Pero no lo entiendo, porque yo quería casarme con una buena católica”. Pero Shannon experimentó que el Señor le decía que Amy era la persona con la que se debía casar: “Él volvió a acercarse a mí poco tiempo después de que yo hiciese aquella oración y de que él volviese a rezar, y me pidió que nos casáramos”.

Catequesis para educar a los hijos, conversión, bautizo y boda

Shannon propuso a Amy hacer unas catequesis de adultos, para conocer la fe en la que iban a ser formados sus hijos. Amy comenzó a asistir, y el mismo Shannon iba con ella. Les ayudó mucho hacer ese camino juntos. Ella afrontaba las catequesis desde su formación como protestante y tenía mucho que aprender de la fe católica.

Él conocía la fe católica pero, durante las catequesis, esa fe recibida de sus padres se hizo suya: “En cuanto terminamos las catequesis me bauticé y nos casamos. Era como si en esas clases se hubiera encendido un pequeño fuego. Pero era solo el principio. Yo quería leer todo lo que podía sobre la fe católica. Queríamos integrarnos en las actividades de la Iglesia”.

Comprenden lo que significa abrirse a la vida

El matrimonio de Amy y Shannon cambió radicalmente cuando comprendieron lo que significaba abrirse a la vida: “La primera vez que fuimos a la catequesis y escuchamos que hay que estar abiertos a la vida, y nos dijeron que la anticoncepción no era buena, realmente no entendíamos mucho, y decíamos: Pues vale. Por entonces, yo estaba metiéndome en la mentalidad GO GREEN, de ecología. Sabía que la anticoncepción no era buena para la salud, provoca ataques de corazón, cáncer de pecho… Pero no entendía la parte moral hasta que fuimos a estas catequesis que nos abrió los ojos. ¡Wow! Cuando oyes la verdad, lo sabes, lo reconoces. Y era tan bonito”.

“Empezamos a investigar más lo que dice la Iglesia, sobre cómo el separar la apertura a la vida de la relación conyugal puede dañar el matrimonio. Estábamos viendo que muchos de nuestros amigos estaban ya divorciados. Sin embargo, nosotros estábamos cada vez más unidos. Ahora llevamos casados dieciséis años. Y miramos atrás y decimos: cada año va mejor. Le quiero más ahora que el día de mi boda, y él siente lo mismo, y cada año  se mejora. Y pensamos que es por los sacramentos, por asistir a Misa juntos, la Eucaristía, la confesión… Y estar abiertos a la vida tiene mucho que ver con todo esto, porque estamos permitiendo a Dios entrar. Queremos tenerle en toda nuestra vida, así que tenemos que dejarle entrar en ese aspecto también. Nos une más como esposo y esposa”.

Vivir en castidad

Con toda la experiencia que tiene acumulada sobre sus espaldas, tiene una palabra que decir a los jóvenes antes de terminar su testimonio sobre el tema de la castidad: “No debes seguir a la multitud sino a Dios. Tanto si estás pensando que a lo mejor tu vocación es al matrimonio, como si estás llamado a la vida consagrada: guarda el corazón para tu esposo o para Cristo en la vida religiosa. Guardar, sí, guardar eso  para ellos”.

“Como monitora de planificación natural, veo a muchas parejas que se me acercan y que están viviendo en castidad, y que tienen una relación muy buena. El mundo dice que esas personas no se conocen, pero, ¿por qué no van a conocerse? Las parejas que viven castamente se conocen mejor. Y esto lo digo después de ser monitora durante más de catorce años y después de formar a muchas parejas. Se conocen mejor que los que no son castos. ¡Y qué bonita noche de bodas van a tener! Lo que ha sido una fuente de sanación para nosotros es comprender que el mundo te hace pensar que el sexo es sucio o algo malo, pero la Iglesia dice que es hermoso y bueno y santo, ytambién es gozoso. Une a la pareja, transmite vida y transmite  amor.

Lo que quiero decir a los jóvenes, es que piensen en guardarse para su esposo, porque si llevas contigo al matrimonio todo el peso de no haber vivido en castidad, vas a tardar años en sanar. Dios es bueno y da la gracia. Pero es una cosas maravillosa si puedes esperar, para no tenerte que recuperar después de haber vivido una vida de fiestas. Camina siempre hacia Dios, camina hacia la luz. Vas a estar más feliz si lo haces así”.

Fuente:Eukmamie
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