Ángela Callejón, profesora de Finanzas: «La oración es la actividad más productiva, da beneficios seguros. Nos identifica más con Jesús, nuestro único modelo y referente»

* «Dios nos quiere tanto que quiere tenernos cerca, que estemos con Él, que le hablemos y le escuchemos. Un encuentro personal con mi Padre Dios, que me está esperando, sin prisas, sin condiciones, siempre disponible para cuando me quiera dirigir a Él, es maravilloso. Siento que siempre está deseando que le haga un hueco en mi vida, que le deje entrar; a veces no me doy cuenta y se queda esperando; otras veces me equivoco anteponiendo otras cosas y no le dedico tiempo a estar con Él»

* «Le ofrezco al Señor mi día y así en cierto modo mi trabajo profesional se convierte en oración al ponerlo al servicio de Dios y de los demás. Por la tarde procuro pararme a rezar otro rato –esto corre más peligro, porque es mucho el ajetreo diario-. Pero lo que procuro es tener una conversación continua con Jesús a lo largo del día; será que me estoy haciendo mayor pero cada vez hablo menos y lo escucho más. Lo que Él dice es mucho más interesante que lo que le digo yo. Y le pregunto “¿Qué puedo hacer por Ti?” Él casi siempre me pide lo mismo: más amor –el amor es el secreto de la vida-, así de fácil y de difícil a la vez»

Camino Católico.-   Ángela Callejón está casada y es madre de cuatro hijos, presidenta del Foro “Mujer y Sociedad”, orientadora familiar, profesora del Máster de Ciencias para la Familia y profesora titular del Departamento de Finanzas y Contabilidad de la Universidad de Málaga y explica a Ana María Medina de la web de la Diócesis de Málaga cómo reza y cuál es su oración favorita .

Utilizando una expresión económica, asegura que «la oración es la actividad más productiva, porque genera beneficios seguros. Quien invierte en oración gana en felicidad. Porque la oración nos va identificando más con Jesús, nuestro único modelo y referente. Se ve en el evangelio, las personas que se acercan a Jesús lo conocen y ya quedan prendados para siempre: la mujer samaritana, Mateo el recaudador de impuestos, … porque Jesús es amor. La oración produce en el alma unos efectos magníficos para los que andamos cansados y agobiados».

 

«Un encuentro personal con mi Padre Dios, que me está esperando»

Para ella, «la oración es una manifestación del amor que Dios nos tiene. Nos quiere tanto que quiere tenernos cerca, que estemos con Él, que le hablemos y le escuchemos. Un encuentro personal con mi Padre Dios, que me está esperando, sin prisas, sin condiciones, siempre disponible para cuando me quiera dirigir a Él, es maravilloso. Siento que siempre está deseando que le haga un hueco en mi vida, que le deje entrar; a veces no me doy cuenta y se queda esperando; otras veces me equivoco anteponiendo otras cosas y no le dedico tiempo a estar con Él, a dejarme querer. Pero no es fácil; hay que poner el corazón, pero también la cabeza, como en cualquier amor humano, porque a veces los sentimientos no acompañan y la inteligencia me recuerda “¿y vas a dejar la oración por esto?” Y me distraigo, y priorizo otras cosas, Pero siempre vuelvo, pido perdón y vuelvo a empezar. Lo mejor del Señor es su “mala memoria”; no lleva la contabilidad, y eso nos da una alegría a los pecadores…», confiesa.

Sus primeros recuerdos de oración son con su madre, «una cristiana ejemplar, quien puso sin duda los cimientos de mi vida cristiana. Desde muy pequeña admiraba su piedad. Pasan los años y sigue así, cerquita del Señor, que es donde de verdad se está bien. Como dice la canción “qué bien se está aquí, Señor, no hay otro lugar mejor”. Además, han sido muchas las personas que me han acompañado en mi vida espiritual, invitándome siempre a una vida de oración», explica Ángela.

«Rezo sabiéndome muy pequeña pero muy querida por Dios»

Define su oración como «sencilla, confiada y continua; me gusta estar en conversación con Jesús. A veces le digo “esto te lo cuento después que ahora no puedo”, a veces me quejo “¡pero es que no vas a hacer nada!”, otras le digo “¿me estás viendo y no me vas a ayudar?” O simplemente “échale un ojo a mis niños” o al final del día “yo ya no puedo más, si quieres que esto se termine, sigue Tú”, y muchas veces el trabajo sale adelante y mejor. Así rezo, sabiéndome muy pequeña pero muy querida por Dios, que me quiere con locura, aunque yo no le sepa corresponder. A Él eso no le importa, yo sé que se le cae la baba cuando “nos ve llegar”, porque simplemente quiere estar con nosotros, Él no tiene prisa ni agobios».

Su lugar favorito: «el Sagrario. Siempre ha sido el centro de mi vida interior; soy una persona muy directa, por eso quizás he necesitado pocas devociones particulares, pocos “intermediarios”. Me gusta dirigirme al Señor en el Sagrario directamente, donde también encuentro a su madre y mi madre, porque la sangre de Jesús es la sangre de María. Y también le rezo a Ella, de madre a madre, porque sé que me entiende mejor y porque sé que conoce, comprende y ama a mis hijos más que yo misma», añade.

Rezar con el evangelio y  «profundizar en lo que el Señor nos ha dicho; ahí está todo»

Respecto a los mejores momentos para rezar, ella prefiere dedicar media hora nada más empezar la mañana, “para evitar riesgos”. «Le ofrezco al Señor mi día y así en cierto modo mi trabajo profesional se convierte en oración al ponerlo al servicio de Dios y de los demás. Por la tarde procuro pararme a rezar otro rato –esto corre más peligro, porque es mucho el ajetreo diario-. Pero lo que procuro es tener una conversación continua con Jesús a lo largo del día; será que me estoy haciendo mayor pero cada vez hablo menos y lo escucho más. Lo que Él dice es mucho más interesante que lo que le digo yo. Y le pregunto “¿Qué puedo hacer por Ti?” Él casi siempre me pide lo mismo: más amor –el amor es el secreto de la vida-, así de fácil y de difícil a la vez», dice convencida.

Sobre el tipo de oración que más practica, Ángela asegura que le gusta mucho rezar con el evangelio, “ir a la fuente”, y «verme como un personaje más en las diferentes escenas, y profundizar en lo que el Señor nos ha dicho; ahí está todo», asegura.

Como madre, transmite eso a sus hijos con creatividad: «Les he ido invitando a rezar de distinta manera según las edades -explica-. De pequeños, las oraciones vocales, las flores a la Virgen, las canciones, las tradiciones cristianas principalmente en Navidad y Semana Santa; y conforme van creciendo, doctrina, ejemplo y libertad. Nada se pierde en la oración».

El Avemaría

Para Ángela, la mejor oración es la que se dice con el corazón, aunque reconoce que «hay oraciones vocales maravillosas». La que más recomienda es el Rosario a la Virgen, y su propuesta para los lectores es el Avemaría. «Al rezarlo le pedimos que ruegue por nosotros –invitándonos a salir del yo para entrar en comunión-, ahora –un ahora que es cambiante-, y por el momento de nuestra muerte -el más importante de la vida, en que nos encontremos personalmente con el Señor, a Quien he intentado querer y servir cada día de mi vida-. María es la Puerta del Cielo, y aunque no nos lo merezcamos, si Ella se lo pide a su Hijo, entraremos».

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, Bendita tu eres entre todas las mujeres Y bendito es el fruto de tu vientre Jesús.

Santa María, madre de Dios, Ruega por nosotros pecadores Ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.


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