Benjamín King huyó de la llamada de Dios pero será sacerdote: «Tenía todo lo que un joven podría desear. Sentí que el Señor me pedía dejar todo para recibir todo»

* «Tras finalizar mis estudios universitarios, comencé a trabajar en otro estado, South Carolina, en temas de inversiones y de seguros. En aquella época tenía dinero, un auto deportivo, amigos, viajes, salíamos todas las noches, jugaba golf…. todo lo que el mundo dice que te va a hacer feliz y que te va a llenar. Sin embargo, terminada la fiesta, me venían momentos oscuros donde me daba cuenta de la contradicción que vivía y de la tristeza: no era feliz. A pesar de que el Señor me había bendecido con todo, no terminaba de llenarme. Sabía que Dios tenía algún plan para mí, que me llamaba, pero tenía miedo y no quería abandonarme en Él. En fin, me puse las pilas y recordando algo de mi formación católica, pensé en los ejercicios espirituales de San Ignacio, un camino para ver lo que Dios tenía pensado para mí»

Camino Católico.- Benjamín King se está formando para el sacerdocio en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma) gracias a una beca de CARF. Nació en Texas (USA) y pertenece al Instituto Religioso Miles Christi.  En este testimonio escrito en primera persona cuenta para CARF su vocación y como pasó del rancho tejano a la entrega a Dios:

Me llamo Benjamín King y soy un hermano en formación sacerdotal en el Instituto Religioso Miles Christi. Nací en Texas (EE.UU.) pero crecí en el estado de Virginia. Tengo tres hermanos mayores que yo: dos hermanas y un hermano. Mi vocación es un recorrido que pasa por tener lo que un joven puede desear, a retirarse al rancho tejano de mis padres para al final entregarme a Dios.

Gracias a Dios, mi familia es católica y practicante y me dieron una buena formación cristiana e, incluso iba a la escuela de la parroquia hasta Secundaria. Ese ambiente católico, la fe vivida en familia y la actividad en la parroquia, me proporcionaron unos principios que, gracias a Dios, nunca perdí, aunque a veces me alejé del buen camino.

Participar en el grupo juvenil de la parroquia

Cuando comencé la secundaria, “high school”, yo rompí la tradición de mis hermanos y fui a un colegio público, porque tenía unos amigos que también iban allí. Siendo el primero de mis hermanos en ir a un colegio público, mi mamá me dijo que tenía que participar en el grupo juvenil de la parroquia y, algunos retiros para jóvenes.

Justamente fue uno de estos retiros donde recibí la primera gracia, digamos notable, que me hizo pensar en la vocación. Lamentablemente, el entusiasmo y el fervor del momento cedieron a las distracciones de los deportes, amigos, las fiestas, y yo no quería renunciar a nada.

Huida de Dios

Fue cuando comenzó mi huida de Dios, que convirtió mi vida en una especia de montaña rusa de altibajos, intentos de conciliar la llamada de Dios, mi vocación, con las promesas y los deseos del mundo. Una reconciliación que nunca produce felicidad.

Mi vida transcurría de esta forma: por una parte, intentaba ignorar lo que había visto y sentido en aquellos retiros y, al mismo tiempo quería convencerme de que mi felicidad estaba en las cosas, los placeres, etc. Quería mostrarme a mí mismo y a Dios que yo no estaba para aquello que Él había puesto en mi corazón.

Años universitarios

Entonces, puse toda mi atención en divertirme, en pasarlo bien, siempre pensando que podría mantenerme en un punto medio, es decir, llevar una vida más o menos digamos católica, pero sin seguir el camino que Dios mismo tenía pensado para mí.

Fui a la Universidad de Virginia Tech, estudié agricultura y economía, y recibí mi título después de 4 años de fiestas y una vida muy mundana. En aquel momento, terminada la universidad, enfrentando un nuevo comienzo y forzado para tomar una decisión para el futuro. Sabía que Dios me llamaba para algo, pero no estaba listo para verlo.

Todo lo que un joven puede desear

Tras finalizar mis estudios universitarios, comencé a trabajar en otro estado, South Carolina, en temas de inversiones y de seguros. En aquella época llegué a tener todo lo que un joven podría desear: dinero, un auto deportivo, amigos, viajes, salíamos todas las noches, jugaba golf….todo lo que el mundo dice que te va a hacer feliz y que te va a llenar.

Sin embargo, terminada la fiesta, me venían momentos oscuros donde me daba cuenta de la contradicción que vivía y de la tristeza: no era feliz. A pesar de que el Señor me había bendecido con todo, no terminaba de llenarme.

Sabía que Dios tenía algún plan para mí, que me llamaba, pero tenía miedo y no quería abandonarme en Él. En fin, me puse las pilas y recordando algo de mi formación católica, pensé en los ejercicios espirituales de San Ignacio, un camino para ver lo que Dios tenía pensado para mí.

Benjamín King nació en Texas (USA) y pertenece al Instituto Religioso Miles Christi. Llegó a tener todo: un buen trabajo, dinero, diversión, fiestas. Pero no le llenaba. Se fue a un retiro espiritual y vio que Dios le pedía algo. Sin embargo, decidió retrasar esa decisión  y, sin decir nada a nadie, llegó a un acuerdo con su padre: trabajaría con los caballos en el rancho tejano, entrenando y domando a alguno de los suyos y ayudaría con las cosas del campo de la casa de sus padres. Allí comenzó su discernimiento.

Un mes de retiro

Me parecía una locura dejar todo por un mes para hacer un retiro, pero estaba decidido. Pero antes de irme a estos ejercicios espirituales, empecé a rezar, a asistir a misa diaria y providencialmente encontré en un fórum católico online unos retiros de un fin de semana según el método de los ejercicios de San Ignacio con la congregación de Miles Christi. Busqué información y organizaban un retiro en Virginia muy cerca a la casa de mis padres. Era todo perfecto.

Terminé el retiro convencido de que, tal vez, tenía vocación. Entonces, hice el propósito de renunciar a mi trabajo y volver a la casa de mis padres en el campo, así podría discernir mi vocación alejado de todo y también sería más libre para seguir lo que Dios me pedía.

En el rancho tejano  

Pero algo me decía que debía retrasar la decisión para más adelante y, sin decir nada a nadie, con mi papá llegué a un acuerdo: que trabajaría con los caballos, entrenando y domando a alguno de los nuestros, y ayudaría con las cosas del campo de casa de mis padres.

Pasó más o menos un año. Intentaba convencerme de que lo que había visto en el retiro no era nada. Mientras tanto, el sacerdote que había predicado aquellos ejercicios mantenía contacto conmigo e, incluso, me envió un libro para leer, cosa que me ayudó un mucho.

Una de las misiones del Instituto Religioso es la santificación de los laicos, particularmente los jóvenes. Benjamín cuenta que ahora tiene  la oportunidad de guiar y ayudar a muchas almas, a muchos jóvenes a la verdadera felicidad. Entró a formar parte de Miles Christi en 2013 y empezó su formación en la comunidad de Michigan. Ahora se encuentra en Roma, estudiando en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. «Es una gracia enorme poder estudiar en la Ciudad Eterna, algo que sería imposible sin la generosidad y caridad de los benefactores», afirma.

La entrega a Dios

Finalmente me rendí. Fui a visitar la casa de formación de Miles Christi en Michigan, y allí lo vi todo claro. En un par de días, sentí con claridad la renuncia que el Señor me pedía, y que era realmente como un intercambio: yo tenía que dejar todo para recibir TODO.

Veía sin ninguna duda que Dios me quería allí y que, como le había ignorado, ahora en Miles Christi, donde tenemos como misión la santificación de los laicos, particularmente los jóvenes, yo iba a tener la oportunidad de guiar y ayudar a muchas almas, a muchos jóvenes a la verdadera felicidad.

Formación en Argentina y Roma

Entré a formar parte de Miles Christi en 2013 y empecé mi formación en la comunidad de Michigan, pero como nuestra congregación tiene su casa madre en Argentina, también recibí formación en 2016 en la ciudad de Luján, provincia de Buenos Aires, el corazón de la Congregación.

Ahora me encuentro en Roma, estudiando en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz. Es una gracia enorme poder estudiar en la Ciudad Eterna, algo que sería imposible sin la generosidad y caridad de los benefactores.

Yo lo veo como cuando llegué a la casa madre de mi congregación en Argentina, pero de la Iglesia Universal. Venimos a Roma para poder recibir una formación integral, católica, en toda su belleza y riqueza, cultural, artística e histórica, todo… es mucho más que los libros. No hay duda que gracias a nuestros benefactores, puedo ser un religioso más completo, si se puede decir así, más católico.

Benjamín King


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