Bjørn era gay, Tove lesbiana y llevan 36 años casados: «No necesitamos terapias, Dios entró en nuestras vidas y nos transformó con la Palabra de Dios»

* «Cuando la Palabra de Dios tuvo efecto en nuestras vidas, todo encajó. Recibimos una nueva identidad. Nadie intentó convertirnos. Tampoco recurrimos a Dios para ser liberados de la homosexualidad. Simplemente sucedió de forma natural debido a la nueva vida que recibimos en nuestro interior del Señor. No se puede explicar; hay que vivirlo»

Camino Católico.- Tove vivió en varias convivencias lesbianas y Bjørn tenía un amante masculino. Ambos participaban activamente en la comunidad gay de Oslo, la capital de Noruega. Pero algo sucedió cuando se hicieron cristianos. “Nadie intentó convertirnos. Tampoco recurrimos a Dios para ser liberados de la homosexualidad. Simplemente sucedió de forma natural debido a la nueva vida que recibimos en nuestro interior del Señor. No se puede explicar; hay que vivirlo”, subrayan Tove (79) y Bjørn (75) Refstand. “Cuando abrazamos la salvación, nos convertimos en criaturas completamente nuevas. Lo viejo desapareció y todo se volvió nuevo”, dicen a  Christian Network Europe

La pareja noruega está sentada muy junta en una tarde soleada en su casa de Tørboda, Suecia. Se casaron hace 36 años y no se han arrepentido de esa decisión ni un solo día.

No jueces, sino testigos

“No estamos llamados a ser jueces; somos testigos. Sólo podemos contar lo que hemos vivido y esperar que pueda llevar esperanza y fe a las personas que están luchando”, afirman. Los dos están dispuestos a luchar por la libertad de contar lo que Dios ha hecho por ellos. “No sólo los homosexuales deberían tener derecho a hablar”, dice Bjørn.

“Dios nos puso para darle a la gente esperanza de cambio. Después de todo, habíamos vivido en la comunidad gay y habíamos visto que a la gente no le iba bien. Dan la impresión de que siempre brilla el sol, pero eso no es cierto. Dios ve las lágrimas y la miseria y quiere hablarles del amor sobrenatural de Él”.

Bjørn cree que debe haber un contrapeso a todas las voces que dicen: «Sólo tienes que aceptar quién eres». En los años 90, como hoy, la pareja experimentó que muchos cristianos tenían miedo de involucrarse y hablar claramente, incluso entre los líderes. Se sentían muy solos en la lucha. “Muchos temen las consecuencias de decir algo políticamente incorrecto. Por eso mucha gente se retira”, cree Bjørn.

“A veces es importante sacar a la luz lo que es real y verdadero, y entonces deberíamos asumir la presión. Aquellos que luchan en el otro bando son muy francos en su creencia de que deben ser comprendidos, aceptados y respetados. Esa generosidad debe ir en ambos sentidos”, añade Tove.

No creen en la terapia de conversión

Sin embargo, el matrimonio  Refstand tampoco cree en la terapia de conversión, que actualmente es objeto de acalorados debates en los medios noruegos. “No creo en eso. No necesitamos métodos ni terapias. Necesitamos que Dios entre en nuestras vidas y arregle nuestro caos. Para nosotros, la transformación no fue obra del hombre, fue divina Dios”, dice Bjørn Refstand. 

“Cuando la Palabra de Dios tuvo efecto en nuestras vidas, todo encajó. Recibimos una nueva identidad”, dice Tove.

Bjørn solitario e inseguro

Cuando Bjørn empezó a frecuentar la comunidad gay de Oslo, había pasado 20 años en un orfanato. Se sentía solo en la gran ciudad y buscaba compañía.

“Llegué a un orfanato cuando tenía dos años y estos años difíciles probablemente me crearon problemas de identidad. Me sentía muy inseguro acerca de quién era e inseguro en mis relaciones con las mujeres. Crecí en una institución dominada por mujeres y no tenía contacto con mi familia”, dice.

Se sentía inseguro en todo lo relacionado con el matrimonio y la familia. “La vida familiar me daba mucho miedo. Solo tenía asociaciones negativas con las relaciones familiares desde que era niño y había perdido el contacto con mi familia”.

Como banquero recién contratado en Oslo, el joven conoció la comunidad gay secreta de la capital. La homosexualidad todavía era ilegal en Noruega, pero Bjørn habla de una gran comunidad gay en Oslo ya entonces. Muchos en el banco donde trabajaba eran homosexuales. Bjørn se unió a ellos después del trabajo y pronto formó parte de la comunidad.

ras años sufriendo «la otra cara de la moneda» en la vida gay, Tove y Bjørn Refstand sanaron sus heridas y se casaron: tras 36 años de feliz matrimonio, consideran que fue «completamente natural»

Con novio pero no podía decir que era feliz

Estuvo en un famoso bar gay en 1972 cuando se despenalizó la homosexualidad en Noruega. Recuerda los aplausos que se produjeron cuando les llegó la noticia. Más tarde supo que Tove también había estado en el mismo bar ese día, pero los dos no se conocían entonces.

“Me sentí atraído por ese ambiente y, poco a poco, comencé a aceptarme e identificarme como gay. Nunca podría decir que me sintiera feliz en ese ambiente. Aunque conseguí un novio, siempre sentí que algo no iba bien. Pero eso me ayudó a sobrellevar la soledad. Fue bueno pertenecer a ese ambiente”.

Bjørn conoció a mucha gente agradable en este entorno. A algunos les encantaba vivir esta vida, pero Bjørn también recuerda muchas intrigas, mucha infidelidad y mucho alcohol. “Pude ver el reverso de la moneda”, dice. En la nochevieja de aquel año, Bjørn estaba tan deprimido que tomó una sobredosis de medicamentos. “Todo era un sinsentido y un caos dentro de mí”, asegura.

Fue entonces cuando conoció el Evangelio. Primero, en una reunión callejera en Oslo con el conocido dúo de cantantes cristianos Curt y Roland. “Me quedé como pegado al asfalto mientras cantaban y testificaban”, dice Bjørn. «Lo que escuché era demasiado bueno para ser verdad». Entonces, decidió hacerse cristiano. Ya hace 50 años.

“Entonces todo encajó en lo que respecta a mi identidad. Nunca hablé de ello ni recé. Simplemente conocí al Dios resucitado. Experimenté que Dios había limpiado mi vida sin darme cuenta de quién era Él”.

Deprimida y adicta

La infancia de Tove no fue tan traumática como la de Bjørn. Sí lo fue la muerte de su padre. Ella cayó en una depresión, visitas al psiquiatra y finalmente una aguda adicción a las drogas por las que circularía en instituciones psiquiátricas durante 14 años. Allí recuerda haber sufrido agresivas terapias con descargas eléctricas, mientras veía como muchos de sus compañeros y pacientes se suicidaban.

«Al cabo de dos años tuve una sobredosis. No porque quisiera morir, sino porque era un grito de socorro. Entonces me encerraron en un pabellón cerrado, en una celda con barrotes y un baño en un rincón. Era como una prisión», comenta.

Desde la adolescencia recuerda sentirse atraída por sus amigas mientras sus conocidos la animaban a vivir la homosexualidad. No tardó en frecuentar los mismos bares que Bjørn y llegó a convivir con varias chicas, pero su vacío solo se hacía más grande. Con 34 años tenía la vida destrozada, era adicta y carecía por completo de ilusión.  

Entonces Tove ingresó en un centro de rehabilitación, pero para su sorpresa, desde el primer día no experimentó síndrome de abstinencia alguno. Tras 15 meses «transformadores» y «abrazada por la oración», encontró un trabajo y una comunidad que la acogió.

«Me convertí en una nueva criatura y adquirí una nueva mente, la mente de Cristo. Comencé a pensar los pensamientos de Dios y a reflexionar en Dios sobre quién soy», admite.

Dos exgais, casados y felices

Pronto conoció a Bjørn en un grupo de oración. Lo que no esperaba era que él sería el primer hombre del que se enamoraría.

 El sentimiento fue recíproco, pero a él le seguía invadiendo el pánico con solo pensar en el matrimonio o la familia. «En el orfanato solo había visto el lado oscuro de la vida familiar: familias desestructuradas, caracterizadas por el alcohol y la violencia. Pero entonces Dios empezó a sanarme por dentro», explica.

Pasaron siete años hasta que, tras superar aquel antiguo trauma, Bjørn le pidió matrimonio a Tove. Él tenía 39 años y Tove 44, pero casarse tras una vida de militancia en agrupaciones LGBT, fue «completamente natural». Algo que, «desde un punto de vista humano, es imposible de comprender. Muchos pensarán que somos nosotros los que lo hemos logrado. Solo la fuerza sobrenatural de Dios podría darnos la libertad».

Bjørn subraya que “la palabra de Dios había obrado en mí, me había transformado y preparado para convertirme en esposo y hombre de familia. Experimenté la verdad y Dios me liberó y me convirtió en una persona completamente nueva”.


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