Cardenal Becciu en homilía de beatificación de 14 Concepcionistas mártires en Madrid: «murieron porque eran discípulas de Cristo, porque no renegaron de su fe y votos religiosos»

* «Se dirigieron al martirio glorificando a Dios y perdonando a sus verdugos y siguiendo el ejemplo de Cristo que dijo en la cruz ‘Padre perdónalos porque no saben lo que hacen’… El testimonio de esas beatas constituye un ejemplo vivo cercano para todos. Sus muertes heroicas es un signo elocuente de cómo la Iglesia no depende de proyectos o cálculos sino que brota de la total adhesión a Cristo y a su mensaje de salvación»

Video completo de la transmisión en directo realizada por 13 TV de la homilía del Cardenal Angelo Becciu en la beatificación Carmen Lacaba Andía y 13 compañeras mártires concepcionistas franciscanas en la catedral de la Almudena de Madrid

* «Hoy damos gracias por esta fortaleza que se ha convertido en la fuerza de los mártires de España, la fuerza de la fe de la esperanza y del amor, ha demostrado ser más fuerte que la violencia. Ha sido vencida la crueldad de los pelotones de fusilamiento y de todo el sistema de odio organizado. Cristo que se hizo presente junto a los mártires vino a ellos con la fuerza de su muerte y de su martirio. Pero también con la fuerza de su Resurrección»

22 de junio de 2019.- (Camino Católico)  El Cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, presidió la santa misa debeatificación de la religiosa María del Carmen Lacaba Andía y 13 compañeras mártires concepcionistas franciscanas en la catedral de la Almudena de Madrid (España). Durante la celebración se llevó una reliquia de una de las dos religiosas de las que se han podido encontrar sus cuerpos, ya que del resto no se pudieron localizar nunca.

En la Misa concelebraron el Arzobispo de Madrid, el Cardenal Carlos Osoro; Mons. José Carballo, Secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; el Cardenal Ricardo Blázquez, Arzobispo de Valladolid y presidente de la CEE; el Cardenal Carlos Amigo, Arzobispo emérito de Sevilla, así como Mons. Braulio Rodríguez, Arzobispo de Toledo. También participaron en la celebración Mons. Juan del Río, Arzobispo castrense; Mons. Eusebio Hernández, Obispo de Tarazona; Mons. Juan Antonio Martínez Camino, Obispo auxiliar de Madrid. Así como el superior provincial de la Provincia de los Capuchinos de España, P. Benjamín Echeverría; y el vicario provincial y el provincial de la Provincia de los Menores, de España, P. Carlos Coca y P. Juan Carlos Moya, respectivamente, entre otros.

Foto: José Luis Bonaño

Durante la homilía el Cardenal Becciu aseguró que «durante la persecución religiosa que pretendía eliminar a la Iglesia en España, ellas se mantuvieron fuertes en la fe. No se asustaron ante los ultrajes, las dificultades y la persecución, estaban preparadas para sellar con sus vidas la verdad que profesaban con sus labios. Asociando a la fe en Jesús, su martirio de fe, esperanza y caridad”.

Las 14 religiosas beatificadas procedían de 3 monasterios diferentes: El monasterio de San José en Madrid, la comunidad de Escalona en Toledo y al convento de El Pardo en Madrid.

Foto: José Luis Bonaño

“Fue precisamente la aversión a Dios y a la fe cristiana lo que determinó su martirio, de hecho sufrieron persecución y muerte por su estado de vida religiosa y por su total adhesión a Cristo y a la Iglesia”, subrayó el Cardenal. «Sus verdugos eran milicianos que guiados por el odio a la Iglesia católica eran protagonistas de una persecución religiosa general y sistemática contra las personas más representativas de la comunidad católica«, afirmó. De esta manera el Purpurado subrayó que “ellas son un ejemplo y un estímulo para todos, pero sobre todo para las monjas concepcionistas y para todas consagradas que dedican sus vida a la oración y contemplación. En esta preciosa misión orante, las religiosas de clausura están llamadas a “gustar y ver qué bueno es el Señor”, para dar testimonio a todos de lo cautivador que es el amor de Dios”.

Aunque sus muertes tuvieron lugar en momentos distintos, el Prefecto para la Congregación de las Causas de los santos destacó que “todas perseverando en su consagración a Dios dieron sus vidas por la fe y como prueba suprema de amor” y todas “enfrentaron con generosidad y coraje su entrega de sacrificio al Señor”. El Cardenal Becciu también recordó que durante el asalto al monasterio de Madrid “los atacantes gritaban: “Mueran las monjas”. Y ellas morirían exclamando: ‘Viva Cristo Rey’”.

Foto: José Luis Bonaño

“En el caso de las religiosas de El Pardo, sus verdugos cuando descubrieron a las monjas junto con las persona que las habían escondido tras el asalto del monasterio, les preguntaron: “¿Vosotras sois monjas?” Las religiosas respondieron: “Sí por la gracia de Dios”. Lo que para ellas equivalía a una sentencia de muerte, que los milicianos ejecutaron sin otra motivación”, aseguró el Cardenal.

Sobre la muerte de las religiosas de la comunidad de Escalona en Toledo, el Prefecto recordó que “fueron enviadas a la Dirección General de Seguridad de Madrid para obligarlas a abandonar la fe y apostatar. Para forzar a las monjas más jóvenes a tal acción, separaron a las más ancianas del grupo y fueron más llevadas a un callejón sin salida donde fueron torturadas y finalmente fusiladas”. Por eso destacó que “todos los testimonios que hemos recibido nos invitan a afirmar que las monjas concepcionistas murieron porque eran discípulas de Cristo, porque no quisieron renegar de su fe y votos religiosos”.

Foto: José Luis Bonaño

 “Se dirigieron al martirio glorificando a Dios y perdonando a sus verdugos” y “siguiendo el ejemplo de Cristo que dijo en la cruz ‘Padre perdónalos porque no saben lo que hacen’”, afirmó en la homilía. Por eso el Cardenal aseguró que “el testimonio de esas beatas constituye un ejemplo vivo cercano para todos. Sus muertes heroicas es un signo elocuente de cómo la Iglesia no depende de proyectos o cálculos sino que brota de la total adhesión a Cristo y a su mensaje de salvación”.

Además la vida y la muerte de estas 14 religiosas es “un mensaje dirigido a las personas consagradas” ya que las anima “a permanecer fieles a la vocación y a la pertenencia de la Iglesia sirviendo a su instituido en una vida intensa de comunión fraterna y en la perseverancia y en el testimonio de la propia identidad de la religiosa”. Pero también afirmó que son ejemplo de vida para los laicos porque “recuerda la necesidad de adherirse dócilmente a la palabra de Dios a quienes todos estamos llamados a vivir y anunciar por el bautismo”.

“Hoy damos gracias por esta fortaleza que se ha convertido en la fuerza de los mártires de España, la fuerza de la fe de la esperanza y del amor, ha demostrado ser más fuerte que la violencia. Ha sido vencida la crueldad de los pelotones de fusilamiento y de todo el sistema de odio organizado. Cristo que se hizo presente junto a los mártires vino a ellos con la fuerza de su muerte y de su martirio. Pero también con la fuerza de su Resurrección”, afirmó el Cardenal.

Foto: José Luis Bonaño

El martirio de hecho es un declaración particular del misterio pascual que se ofrece a los hombres de todos los tiempos como una promesa de nueva vida. Así escribió el famoso escritor romano Tertuliano “sangre de mártires semilla de nuevos cristianos”. Además subrayó que “no podemos dudar de la fecundidad de ésta simiente, aunque parecen crecer las diversas formas y las fuerzas que intentan retirar de las conciencias y del tejido social el “semen cristianorum”, es decir, los valores cristianos”.

“Ante las actitudes de cerrazón hacia las personas necesitadas, ante la indiferencia religiosa, el relativismo moral, la arrogancia de los más fuertes frente los débiles, ante los ataques la unidad de la familia y la sacralidad de la vida humana no podemos olvidar la fuerza del Evangelio y su belleza”, afirmó.

“Estas 14 nuevas beatas que perseveraron en la fe e incluso en el momento de la acción suprema representan un estímulo para confirmar, testimoniar en todos los ámbitos el amor y la misericordia de Dios que nunca nos abandona, especialmente en el fracaso y la derrota”, destacó y subrayó que la vida y la muerte de estas religiosas son “un poderoso catecismo, una invitación urgente a vivir el evangelio de manera radical y ofreciendo un testimonio radiante de la fe que supera todas las barreras y  y abre horizontes de esperanza y fraternidad”.

Memoria martirial

Foto: José Luis Bonaño

El 15 de enero de 2019, el Papa Francisco firmó el decreto de martirio de María del Carmen Lacaba y de otras 13 religiosas concepcionistas franciscanas. Los trabajos para la beatificación de estas 14 mártires se iniciaron en junio de 2002. La causa diocesana fue clausurada en febrero de 2010.

Diez de ellas pertenecían a la comunidad madrileña del monasterio de San José; dos a la comunidad de Escalona (Toledo), y las otras dos a la de El Pardo (Madrid).

Mártires de San José

En 1936, las monjas del monasterio de San José fueron expulsadas del mismo. La comunidad se dispersó, y algunas hermanas se refugiaron en un piso de la calle Francisco Silvela, 19. El 7 de noviembre de 1936, cuando bajaban a refugiarse en el entresuelo, un grupo de milicianos entró preguntando por las religiosas: habían sido denunciadas por la portera de un edificio vecino. Las sacaron a todas y las subieron a un camión. Nunca más se supo de ellas.

El 14 de junio de 1946, en homenaje a las religiosas martirizadas, la calle situada entre las de Ortega y Gasset y Alcalá de Madrid sustituyó su nombre de calle Luis Sagasti por el de calle de las Mártires Concepcionistas.

La comunidad de San José, de Madrid, a la que pertenecían diez de las 14 mártires concepcionistas

Madre María del Carmen Lacaba Andía: Isabel del Carmen Lacaba Andía nació en Borja (Zaragoza) el 3 de noviembre de 1882. El 4 de noviembre de 1902 ingresó en el monasterio de San José. Las religiosas valoraron positivamente su labor con las novicias. Y en 1935 fue elegida madre abadesa. Elevó a la comunidad a un gran nivel espiritual, basándose en el amor fraterno y en la práctica del Evangelio. Centraba su vida en la oración. En julio de 1936 tomó la decisión de permanecer con las religiosas más ancianas, una de las cuales estaba inválida. Fue una madre espiritual llena de amor, comprensión y servicialidad. Recibió la palma del martirio a los 54 años de edad y 34 de vida religiosa.

Sor María Petra Pilar de los Dolores: Petra Manuela Pairós Benito nació en Pamplona (Navarra) el 29 de abril de 1864. Maestra nacional, ingresó en Orden de la Inmaculada Concepción el 28 de noviembre de 1887. En 1936 era la madre vicaria del monasterio. Persona de oración, cultivaba su relación de gran intimidad con el Señor en un rezo constante. Tenía facilidad para escribir, y publicó varios ensayos, como La religiosa concepcionista a los pies de Jesús Sacramentado. Poseía una exquisita delicadeza y cariño en el trato con las personas, especialmente con los pobres, por lo que se la conoce como sor M.ª Petra Pilar de los Desamparados. Cuando recibió la palma del martirio, tenía 72 años de edad y 49 años de vida religiosa.

Foto: José Luis Bonaño

Sor María Eustaquia de la Asunción: Eustaquia Monedero de la Calle nació en Anaya (Segovia) el 20 de septiembre de 1864. El 28 de febrero de 1887 ingresó como religiosa en el monasterio de San José. Le fue encomendado el oficio de hermana enfermera, destacando por su paciencia, cariño y solicitud para el cuidado de las hermanas enfermas y ancianas. Un proceso de enfermedad reumática fuerte y degenerativo la dejó incapacitada. En 1936, quedó a merced de las milicias socialistas de Las Ventas, que la sacaron del piso sin que pudiera valerse por sí misma y bajar las escaleras. Sufrió desamparo, espantosos dolores físicos y un trato soez e inhumano. Recibió la palma del martirio a los 72años de edad y 49 de vida religiosa.

Sor María Balbina de San José: Manuela Balbina Rodríguez Higuera nació en Madrid el 10 de marzo de 1886. Ingresó en el noviciado de las Redentoristas de Vitoria (País Vasco), pero por motivos de salud tuvo que volver a su casa. Una vez recuperada, ingresó en el monasterio de San José el 2 de julio de 1919. Alma amante del silencio, de la oración, de la lectura, su comportamiento con los enfermos era ejemplar, siempre llena de cariño y ternura. Supo luchar con fortaleza y voluntad, venciendo todo miedo y preocupación, cuando llegó el momento de «dar su vida por Cristo». Recibió la palma del martirio a los 50 años de edad y 17 de vida religiosa.

Sor María Guadalupe de la Ascensión: Mª de las Nieves Rodríguez Higuera nació en 1892 en Madrid. Ingresó en el monasterio de San José con 35 años de edad, hizo la profesión de votos simples el 7 de enero de 1928, recibiendo el nombre de sor Ascensión. Religiosa humilde, llena de confianza fraterna y con espíritu de servicio, estuvo a su cargo el servicio de la portería y torno, y fue hermana enfermera. En 1936, asistía a las hermanas del piso de Francisco Silvela, 19. Tenía 44 años de edad y nueve de vida religiosa cuando recibió la palma del martirio.

Foto: José Luis Bonaño

Sor María Beatriz de Sta. Teresa: Narcisa García Villa nació en Nava de los Caballeros (León) el 18 de marzo de 1908. Ingresó en el monasterio de San José el 17 de junio de 1924. Fue responsable de sacristía e iglesia, secretaria de la comunidad y tornera. Era un alma de vida musical, de gran intimidad con Dios, amante de la penitencia y amiga de sus hermanas. Cuando recibió la palma del martirio tenía 28 años de edad y doce de vida religiosa.

Sor María Clotilde del Pilar Campos Urdiales: M.ª del Pilar nació el 4 de junio de 1897 en Valdealcón, localidad del municipio de Gradefes (León). Cuando tomó la decisión de entrar a la vida religiosa, su familia se opuso, pero luchó hasta obtener el permiso y la bendición de sus padres. Ingresó en el monasterio de San José como hermana en abril de 1923. Tomó el hábito el 5 de octubre de 1923, con el nombre de sor Clotilde. Tenía un amor profundo hacia la Virgen María. En 1936 había estado ingresada en el hospital, donde fue sometida a una operación que le causó muchos e insoportables dolores, pero nunca se quejó de nada. Recibió la palma del martirio a los 39 años de edad y 13 de vida religiosa.

Sor María del Santísimo Sacramento: Manuela Prensa Cano nació el 25 de junio de 1887 en El Toboso (Toledo). Cuando tenía 8 años se trasladó a vivir a Madrid, ya que sus padres fueron los recaderos o mandaderos del monasterio de San José. Entró religiosa concepcionista franciscana vistiendo el hábito el 5 de abril de 1905 y tomando el nombre de sor María del Santísimo Sacramento. Era la organista de la comunidad, y directora de coro e iglesia. Llegó a ser secretaria, y abadesa de la comunidad. Cultivó su alma por medio de una vida interior de recogimiento y silencio, siempre dada a la presencia de Dios, lo que la condujo a ser maestra de novicias. Antes de morir, transmitió a las hermanas el ánimo de superación, y la idea muy clara de que tenían que «morir por Cristo». Cuando recibió la palma del martirio tenía 49 años de edad y 31 de vida consagrada.

Foto: José Luis Bonaño

Sor María Juana de San Miguel: Juana Josefa Ochotorena Arniz nació el 27 de diciembre de 1860 en Arraiza (Navarra). Ingresó en el monasterio como hermana, tomando el nombre de María Juana de San Miguel. Era un alma muy interior, silenciosa en extremo, sencilla y dada intensamente a la contemplación. Asidua lectora del Evangelio, meditaba diariamente un pasaje de la Pasión de nuestro Señor. En 1936 era una de las hermanas enfermas, pero «no lo sabía nadie, solo la madre abadesa», y sufría en silencio su delicada y dolorosa enfermedad. Recibió la palma del martirio a los 75 años de edad y 57 de vida religiosa.

Sor María Basilia de Jesús Díaz Recio: nació el 14 de junio de 1889 en la aldea burgalesa de Santa Coloma de Rudrón. Ingresó en el monasterio de San José como hermana el 10 de enero de 1921. Practicó el desprendimiento interior y exterior en grado extraordinario, madurando su corazón y su vida, para ofrecerlos al Señor el día de su martirio. Cuando recibió la palma del martirio, tenía 47 años de edad y 15 de vida religiosa.

Mártires de El Pardo (Madrid)

Foto: José Luis Bonaño

En 1936, las religiosas fueron expulsadas de su monasterio, después de haber soportado el 21 de julio una noche de angustias. Varios vecinos las acogieron en sus casas. Después, los milicianos las expulsaron del pueblo. Estas dos hermanas se refugiaron en la casa de la madre del capellán del monasterio. Después, les dieron asilo en casa de unos bienhechores, hasta que unos milicianos las descubrieron y se las llevaron junto al matrimonio que las acogió y otro familiar de estos. Lograron obtener la libertad para sus bienhechores. En la madrugada del 22 de agosto de 1936 fueron llevadas por la carretera de Aragón hasta Vicálvaro, donde fueron insultadas y fusiladas en un descampado. Los cadáveres fueron arrojados a las puertas del cementerio, donde el enterrador los fotografió y enterró en un lugar que marcó secretamente. El 24 de mayo de 1939, los dos cuerpos fueron identificados por la fotografía tomada por el sepulturero, procediendo a su traslado al cementerio del monasterio de El Pardo. Al cerrarse este monasterio en 2015, el 28 de noviembre del mismo año sus restos se trasladaron al protomonasterio casa madre de Toledo, donde se veneran en la actualidad, junto a los de la fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción, santa Beatriz de Silva.

Madre Inés de San José: Inés Rodríguez Fernández nació en Avedillo (Zamora) el 2 de noviembre de 1889. El 14 octubre de 1908 ingresó en las concepcionistas del monasterio de El Pardo, entregándose a la oración. En 1935 fue elegida abadesa, y anteriormente había sido maestra de novicias. Recibió la palma del martirio a los 47 años de edad y 28 de vida religiosa.

Sor María del Carmen de la Purísima Concepción: M.ª del Carmen Rodríguez Fernández nació en Avedillo (Zamora) el 28 de octubre de 1895. El 16 de junio de 1914 entró en el monasterio de El Pardo. Era la hortelana de la huerta conventual, humilde, natural y sencilla. Recibió la palma del martirio a los 41 años de edad y 21 de vida religiosa.

Mártires de Escalona (Toledo)

Foto: José Luis Bonaño

En 1936, las monjas de la comunidad de Escalona fueron obligadas a abandonar su monasterio. Trasladadas a la comandancia de la localidad, fueron interrogadas y presionadas para renegar de la fe y abandonar la vida religiosa. Ante la resistencia de las monjas, fueron conducidas a la Dirección General de Seguridad en Madrid, y después llevadas a la cárcel habilitada en un convento de capuchinas. Al finalizar la contienda, toda la comunidad regresó a Escalona, a excepción de sor María de San José (abadesa) y sor M.ª de la Asunción, que fueron separadas del resto del grupo para ser conducidas a la checa. Fueron fusiladas en octubre de 1936.

Madre María de San José Ytoiz: recién nacida, en 1871, fue puesta en el torno de la casa de acogida de Pamplona (Navarra). Vivió su niñez en dos casas de acogida. En 1893 solicitó el ingreso en el monasterio de la Encarnación de Concepcionistas Franciscanas de Escalona. Entró como religiosa de coro y emitió su profesión religiosa el 29 de enero de 1894. Destaca su gran docilidad, su pronta obediencia y su filial confianza. En noviembre de 1911 fue elegida abadesa, cargo que llegó a ejercer 25 años por sus cualidades y valores personales. Su relación con las hermanas de la comunidad era muy maternal. Recibió la palma de martirio a los 66 años de edad y 44 de vida religiosa.

Sor María de la Asunción Pascual Nieto: nació el 14 de agosto de 1887 en Villorobe (Burgos). El 6 de junio de 1909 ingresó en el monasterio de las concepcionistas de Escalona como religiosa de coro y cantora. Ejerció como enfermera, sacristana, tornera y portera. Era muy devota de la Santísima Virgen María en su Inmaculada Concepción, y muy querida por toda la comunidad. En 1936 era la madre vicaria. Recibió la palma del martirio a los 49 años de edad y 27 de vida consagrada.

Santa Misa presidida por el cardenal Becciu de Beatificación de 14 Concepcionistas Franciscanas mártires en la catedral de la Almudena de Madrid, 22-6-19

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