Carulina Costa hacia brujería, espiritismo, reiki, umbanda, fue protestante… y por fin católica: «Nuestra comunión con Dios es el tesoro más importante que tenemos»

* «El mundo es un lugar de prueba, para nuestra santificación. La comunión con Dios es el billete a la vida eterna. Si no le transmites esto a tus hijos, ¿quién los cuidará? ¿El mundo? ¡Despierta, haz una oración, y luego otra, y otra, habla con Dios!»

Camino Católico.-  La familia de Carulina Costa la alejó de la fe católica desde niña. Con una sensibilidad «especial», pronto se sintió atraída por distintas ramas del espiritismo en Brasil -la diosa Yemanyá, la umbanda, el kardecismo-, trato con «entidades» y más adelante rituales de «brujería de la naturaleza».

Pero reflexionar sobre el valor de la sangre en la brujería, y la maternidad, la llevó a explorar la fe cristiana. Primero, desde el protestantismo. Luego, con vídeos y libros de conversos, llegó el retorno pleno a la fe católica. Ella, su esposo e hijos son católicos desde marzo de 2021 y ha contado su historia en su blog y también en YouTube, que P.J. Ginés ha traducido y sintetizado en Religión en Libertad,

Escuela católica… pero mala acogida de un religioso

En la familia de Carulina, sólo su bisabuela había sido verdaderamente religiosa y el resto de la familia la criticaba por eso. El padre de Carulina, de clase alta, fue siempre el patriarca de la familia, decidía los valores familiares y lo que se hacía. Su madre estaba vagamente interesada en el espiritismo kardecista que le presentaba uno de sus parientes. Ambos decían a su hija que no valía la pena rezar, que lo que había que hacer es trabajar mucho.

De niña la apuntaron a una escuela privada, de monjas, en Sao Paulo. A ella le gustaba la capilla, las flores, el orden, el silencio, la imagen de la Virgen. En las clases de religión se hablaba de vocación, y ella sentía que algo tocaba su corazón. ¿Sería que Jesús o la Virgen la llamarían?

Un día ella comentó con su padre que en realidad él era su hermano en Cristo, porque «todos somos hijos de Dios y hermanos en Cristo». Eso no le gustó a su padre, que comentó a la madre que había que sacar a la niña de la escuela religiosa. Además, la escuela no se adaptó a las dificultades de su hermano, ni tampoco a una época de problemas económicos. El religioso que trató con la familia fue, explica, «poco ético».

La familia ya tenía mala imagen de la Iglesia y la transmitieron a la niña. «A los 10 años me habían adoctrinado para que pensara que la religión era para los débiles y que la religión ‘correcta’ era trabajar duro». La enviaron a otra escuela y perdió todo contacto con la fe católica.

Una niña sensible, y la diosa del mar

La familia iba a su casa de la playa cada fin de semana y en vacaciones, y ella estaba encantada con el mar. Pasaba horas en el agua.

– ¿Por qué las barcas tienes un nombre pintado? – preguntó a su padre.
– Para que Yemanyá conozca a cada una por el nombre -dijo él.
– ¿Quién es Yemanyá?
– Es la reina del mar… – le respondió.

Yemanyá es la diosa del mar en la religión yoruba (en África) y en el vudú. Y para la niña fue una figura espiritual: se bañaba y hablaba con Yemanyá, le pedía cosas y se imaginaba que para ella era una ‘hija’ querida. Cuando salió la película de La Sirenita ella tenía unos 12 o 13 años. «La sirenita quería vivir en tierra, y yo lo contrario: estar siempre bajo el agua».

Culto a Yemanyá en las playas de Uruguay; es la diosa del mar en la religión yoruba y vudú.

Espiritismo: ¿el «científico» o el «popular»?

En Brasil hay dos variantes de espiritismo, que intentan contactar con los espíritus de los muertos y a veces con otras «entidades». Entre los blancos o la clase alta y educada, el kardecismo (de Allan Kardec, seudónimo del francés Hippolyte Léon Denizard) que se presenta desde el siglo XIX como un método «científico» de tratar con los espíritus de los difuntos, que buscan reencarnarse y hablan del pasado. Entre los mulatos y las clases populares, es más común la umbanda, con sus ‘pais y maes de santo’ (sus sacerdotes y sacerdotisas), que con velas, tambores, danzas y ropajes especiales buscan entrar en trance y dejar que los ‘espíritus’ hablen.

El umbanda, con sus danzas vestidos de blanco para entrar en trance y comunicación con los espíritus de los difuntos y los orishas (los dioses del vudú).

Un amigo de la madre de Carulina era kardecista y predicaba su doctrina en casa, que la mujer escuchaba a gusto. Pero a Carulina el kardecismo le aburría. «Esa gente pensando ser científicos y hablando de reencarnación… Yo tenía ganas de escuchar el sonido del tambor, las velas encendidas, estar cerca de entidades…» Pero el amigo kardecista insistía en que velas y tambores eran para personas de «espíritu poco evolucionado».

Desde niña, Carulina ya había visto «cosas» y a los 18 años sentía que sus visiones de lo «espiritual» eran cada vez más fuertes. Empezó un curso de kardecismo pero no perseveró.

Probó distintas formas de espiritismo. Siempre presumió de no tener «miedo» de las «entidades» con las que contactaba. Que cada vez eran más. «Era como si pudieran responder a todos mis problemas. Incluso me alejé de Yemanyá. Era como descender más peldaños en mi idolatría. Había muchas entidades, me encantaba hablar con ellas y tener una relación devocional con ellos», recuerda hoy, lamentándolo.

«Me sentía protegida, era como ser superespecial, por estar bajo la protección de tal o cual entidad. Y me sentía como un alma ‘muy evolucionada’ por mi gran nivel de ‘comprensión’. Pensaba que el mal era necesario para compensar el bien y equilibrar el universo, que estaba bien que se complementaran», detalla.

Dos semanas de umbandista oficial

Pese a su espiritismo casero, cuando se apuntó oficialmente a una congregación de umbanda duró poco. Era un centro que había visitado varias veces y le habían asombrado sus sacerdotes. Estaba convencida de que no fingían, que tenía conexión con espíritus. Le vieron capacidades y le encargaron ayudar a una medium a hacer pociones, ensalmos, preparar baños… Pero le causaba fuertes dolores de cabeza que le dejaban tres días incapaz después de cada sesión.

Padre dominante y novios desastrosos

Carulina Costa, brasileña, estuvo años probando distintas ramas de espiritismo y brujería. Sólo Jesús le trajo paz, libertad y una vida equilibrada.

Con poco más de 20 años, Carulina estudiaba periodismo y trabajaba «en la revista más grande del continente en ese momento». Pero su padre tenía su propio medio de comunicación en Sao Paulo y la hizo venir a trabajar para él, con un buen sueldo. Él marcaba su ritmo.

Ella se consideraba gorda y desaliñada y sentía un gran vacío. Buscó confianza en la danza del vientre, en las charlas sobre la ‘diosa’… y en un novio desastroso a los 22 años. Después, a los 24, murió su padre en accidente de automóvil. Él, que había llevado las riendas de toda la familia, de lo que cada uno debía hacer, ya no estaba.

Insistió en el espiritismo, ahora iniciándose en reiki y estudiando mucho sobre hinduismo y budismo. Pensaba que ahora sus descubrimientos eran profundos, y que el kardecismo y la umbanda eran superficiales.

Pero pese a presumir de ser «espiritualmente avanzada» no tenía paz, ni consigo misma ni con sus hermanos. Siempre estaba enfadada.

Después de un segundo noviazgo de un año, se casó por la iglesia porque la familia de él era católica practicante. «En la parroquia más chic de Sao Paulo, una ceremonia de ensueño… cuando lo recuerdo me doy cuenta de lo ridículo y vacío que fue». El marido resultó ser físicamente agresivo y en seis meses rompieron la relación.

Cuatro meses después de la ruptura, conoció a quien es hoy su marido. Llevan más de 15 años juntos. «Cinco embarazos y dos hijos vivos», detalla.

Maternidad y espiritualidad

Ella deseaba ser madre pero descubrieron que una enfermedad le obligaba a inyectarse anticoagulantes cada día de embarazo, que siempre sería de riesgo. Como espiritista, pensó que en una vida anterior se habría practicado y abortos y ahora lo ‘pagaba’.

Pero de alguna manera, entendió que en la maternidad es algo que ella no controlaba: que dependía de Dios. Incorporó entre sus entidades protectoras a Santa Teresita del Niño Jesús, de quien no sabía casi nada pero tenía un icono. Rezó a Dios y a Teresita, y nació Angelo. Y cuatro años después, Valentino, «tras nueve meses de inyecciones y oraciones a Santa Teresita».

Pero le quedaban dolores continuados tras el parto. Empezó a buscar en grupos que mezclaban feminismo y brujería. En teoría no trataban con espíritus, sino con «fuerzas de la naturaleza». Estas mujeres se reunían para compartir «sororidad» y libros, pero «hablaban mal unas de las otras, perjudicaban el trabajo que la otra hacía, criticaban sin límite…»

Se consideraba ahora una «bruja de la naturaleza», título muy elevado, que pedía favores a «la diosa» o «el universo». Y para eso necesitaba sangre. Primero, la menstrual, para fertilizar plantas, por ejemplo. Algunas decían que la sangre menstrual en el café del esposo le daría fuerza en el trabajo. No lo intentó. Pero le parecía «muy evolucionado».

«Hubo muchos hechizos, demasiado incienso, muchas velas de colores encendidas a las deidades… Yo era amiga de muchas diosas: Yemanyá, Durga, Brigit, Hécate, Gaia, Ganesh, Shiva, y otros… mi casa era una samba loca de religiones, y todo me parecía muy bien».

Sangre… e hijos

A partir de cierto momento, empezó a saber de grupos que necesitaban sangre ‘especial’ para hacer magia más poderosa: sangre de niños. Y, como madre, algo se removió en su interior.

Además, a finales de 2019, su empresa quebró, y aunque acudió a sus numerosas entidades «amigas», no la ayudaron. En cualquier caso, ¿qué pensaba ofrecer a sus hijos al crecer?

Pensar en sus hijos le aportó sensatez. Y su marido, que en realidad era una persona conservadora, le propuso una cosa: la familia necesitaba cristianismo.

Ella se había negado a bautizar a los niños. Pero ahora parecía tener sentido. Quizá Jesús podía ser un «amigo espiritual más» con el que probar. Al menos no pediría sangre. Y aportaría orden en un mundo loco, sobre todo con la pandemia rondando a partir de marzo de 2020.

Llevaba décadas convencida de que la Iglesia Católica era «una villana y una bandida«, pero podía probar con los protestantes, se dijo. Quizá tener una red de ‘hermanos’ evangélicos la podía ayudar si emigraban a otro país. Era una decisión fría, estratégica. Un poco de Jesús, pero sin exagerar.

Pero ella era apasionada en todo… y se apasionó por Jesús. «En la segunda mitad de 2020 mi vida dio un giro. Jesús subió a mi barca». Hizo una oración de aceptación de Jesús como Señor y Salvador, junto con una prima… y Jesús se lo tomó en serio. «No deja la pelota botar, Él tira a gol», comenta. En pocos meses, los dos esposos y los niños eran cristianos convencidos.

Y lo primero que les pidieron en su comunidad cristiana fue librarse de todas las estatuas, imágenes, libros y objetos paganos y de brujería. También tiró su icono de Santa Teresita, aunque le pareció que le decía: «seré tu amiga para siempre». «Quedó registrado en mi corazón», dice.

Ahora escuchaba pastores evangélicos en YouTube, y se preparó para rebautizarse en una iglesia bautista a la que iba un pariente suyo. Perdió el contacto y ‘amistad’ con gente de su vida pagana.

Un vídeo en YouTube: «del protestantismo al catolicismo»

En Cuaresma de 2021, la pantalla le ofreció una sugerencia en YouTube: «Relato de conversión del protestantismo al catolicismo», de Larissa Mascarenhas Sales.

Al principio, intentó resistirse. Se alejó de la pantalla, fue a ducharse, en la ducha lloró y rezó diciendo a Jesús: «Quítame esas cosas, sólo quiero obedecerte».

«Entonces, después de mucho llanto, escuché: ‘Hija, mira el vídeo. Soy yo quien te lo envió. Confía en mí«», explica Carulina.

Accedió a ver el vídeo, y le llamó la atención el libro que recomendaba que había convencido a Larissa: el clásico testimonio de Scott Hahn y su esposa, Roma, dulce hogar, sobre su paso de apasionados expertos protestantes en Biblia a católicos.

Encargó el libro por Internet, pero sin esperar buscó más en la red. Y fue a la web que recomendaba Larissa, la web del padre Paulo Ricardo. Cuando llegó ‘Roma dulce hogar’, Carulina dice que ya estaba convertida al 70%. Y lo leyó de un tirón en un solo día.

«Entendí todo. Pero necesitaba más señales. El domingo por la mañana puse un vídeo de una misa en la televisión y los chicos lo vieron. Estaban fascinados: ‘Mamá, qué hermoso es, qué silencioso y tranquilo, sin las luces intermitentes de la otra iglesia… ¿podemos ir, por favor?'»

Retorno a la Iglesia Católica

Toda la familia fue junta a misa esa misma noche. «Puedo describir la emoción que sentí en ese lugar, como si hubiera regresado al vientre de mi madre, protegida, acurrucada…».

Un parroquiano les pidió el número de teléfono y les invitó a unas charlas. Y el sábado siguiente, en esa parroquia, Carulina ganó en una rifa una imagen de Nuestra Señora Embarazada. La Virgen que de niña le había llamado, ahora estaba de vuelta en su casa.

Carulina intenta ahora ser una católica fiel. Su situación matrimonial sabe que es irregular. Rezan en familia en casa, leen el evangelio, rezan el rosario y hacen comunión espiritual. Estudian el catecismo y lo explican a sus hijos. Sigue la web del padre Paulo Ricardo. En marzo de 2022 publicó su testimonio, al cumplir un año de retorno al catolicismo.

Anima a todos a pensar en la fe que hay que transmitir a los hijos. «El mundo es un lugar de prueba, para nuestra santificación. Nuestra comunión con Dios es el tesoro más importante que tenemos. Es el billete a la vida eterna. Si no le transmites esto a tus hijos, ¿quién los cuidará? ¿El mundo?» y añade: «¡Despierta, haz una oración, y luego otra, y otra, habla con Dios

Carulina cuenta una versión de su testimonio en el video de 37 minutos (en portugués).


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