Christina Chua no lograba tener un segundo hijo, no era católica pero pidió la intercesión de la Virgen: «Quedé en cinta, nos bautizamos católicos y mi hija va a ser monja»

* «¡Luego nos percatamos de que ya llevábamos un año participando en la cita semanal de la novena! Y aún así, después de 52 semanas, no había ni rastros de un segundo hijo. Entonces le dije a María: “Lo siento, madre, pero te daré un ultimátum. Si no concibo un hijo este mes, renunciaré a la esperanza de tener un segundo hijo y me quedaré con un hijo único”. Ese mismo mes, me di cuenta de que estaba encinta. Mi esposo y yo estamos agradecidos a Dios por nuestros tres hijos, una nuera y tres nietos. Charlene, el regalo de María, está estudiando para volverse monja de las Misioneras de María, Auxilio de los Cristianos. Si bien me apena, porque ya no podrá estar en familia, nos damos cuenta de que apoyarla en la vocación es la forma de restituir este don a nuestra Santísima Madre»

Camino Católico.- Christina Chua tenía un hijo y no lograba quedar encinta de nuevo y aunque no era católica, pidió la intercesión de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y quedó embarazada por segunda vez. Durante todo un año, participó en la novena, a pesar de las dificultades y de la poca comprensión que tenía del catolicismo. Ahora, ella tiene tres hijos, una nuera y tres nietos  Además, apoyando la vocación a la vida consagrada de ese “regalo de María” que es su hija, ella ha encontrado una forma de dar gracias a Dios. Esta es la historia de  Christina Chua, que explica su testimonio en primera persona en stories.catholic.sg, un sitio de Internet donde la arquidiócesis de Singapur comparte experiencias e historias de fe, y que ha traducido Asia News.

Mi marido y yo no éramos católicos cuando nos casamos, allá por 1975. Al año siguiente, tuvimos un hijo. Tres años después, queríamos tener un segundo hijo, pero no venía tan fácilmente como el primero. Comencé a sentirme ansiosa, porque estábamos envejeciendo y las agujas de mi reloj biológico se movían velozmente.

En esa época, una colega nos llevó a un curso de catecismo con un sacerdote redentorista, para conocer la fe católica. Ella y su marido nos acompañaban en nuestras lecciones semanales. Una vez conversé con ella y le comenté sobre mis dificultades para concebir un bebé. Entonces nos sugirió que participáramos de la Novena a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, el sábado, en la iglesia de San Alfonso María de Ligorio. Me pidió que participara nueve semanas consecutivas, explicándome que “novena” significa nueve; y que muchos católicos habían recibido una respuesta a sus súplicas, luego de haber invocado la intercesión de María con esta actividad.

De modo que por nueve semanas, participamos fielmente en la novena. Esto demandaba algunos esfuerzos, porque mi marido tenía que correr desde el trabajo y no entendíamos del todo lo que sucedía en esa media hora. Después de nueve semanas, no hubo buenas noticias. Me sentí decepcionada. Mi amiga me daba aliento y me pedía persistir, que es exactamente lo que hicimos: mi marido se había enamorado de los himnos marianos. ¿Y yo? Yo esperaba un milagro.

¡Luego nos percatamos de que ya llevábamos un año participando en la cita semanal de la novena! Y aún así, después de 52 semanas, no había ni rastros de un segundo hijo. Entonces le dije a María: “Lo siento, madre, pero te daré un ultimátum. Si no concibo un hijo este mes, renunciaré a la esperanza de tener un segundo hijo y me quedaré con un hijo único”.

Ese mismo mes, me di cuenta de que estaba encinta. ¡Estaba eufórica y mi corazón estaba lleno de alegría! Mientras me sentaba frente al ícono de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, mis lágrimas caían formando ríos. Casi no podía creer que María me había escuchado de verdad y que había intercedido por mí. Charlene nació el mismo día que su hermano mayor, con una diferencia de 7 años. Toda nuestra familia recibió el bautismo el 8 de diciembre, dos años después, en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción – la fecha elegida por el sacerdote redentorista, en honor de nuestra Santísima Madre.

Hoy, mi esposo y yo estamos agradecidos a Dios por nuestros tres hijos, una nuera y tres nietos. Charlene, el regalo de María, está estudiando para volverse monja de las Misioneras de María, Auxilio de los Cristianos. Si bien me apena, porque ya no podrá estar en familia, nos damos cuenta de que apoyarla en la vocación es la forma de restituir este don a nuestra Santísima Madre.

¡Que Dios sea alabado en todo!

Christina Chua

Fuente:Asia News
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