Claudelina Sanabria, violada a las 11 años, se negó a abortar y hoy su hijo estudia en el seminario para ser sacerdote y le ha pedido perdón por lo que le hizo su padre

* «A los 13 años ya era madre de dos hijos, ambos concebidos en sus constantes violaciones. Hoy, yo tengo 36 años, mi hijo mayor tiene 24 y mi hija 23. Siempre los amo, porque esto es lo que siento, un inmenso amor por mis hijos. Y creo que, si los hubiese abortado, viviría una vida triste. Cuando nació mi hijo, fui la mamá más joven del año. La verdad es que no tuve adolescencia porque pasé de ser niña pequeña a ser madre. Me siento feliz de haber dicho sí a la vida y no al aborto. Hace poco se me partió el alma cuando mi hijo me pidió perdón por el mal comportamiento de su padre por todo mi maltrato»

Claudelina Sanabria con su hijo seminarista

5 de abril de 2018.- (Claudelina Sanabria / Salvarel1 / Camino Católico) Hola, estoy en contra del aborto en todas sus circunstancias porque, sea como sea, es un asesinato.

Cuando tenía 11 años me violaron y quedé embarazada. Mi madre recorrió toda Asunción para conseguir un juez que me casara con el chico que me había violado ya que ella no me creyó cuando yo le dije que él me había violado.

Cuando estuve delante del juez tutelar del menor, él me dijo que tratándose de una violación, lo que podía hacer era facilitarme el aborto por medio de un papel y me preguntó si yo sabía qué era un aborto. Le respondí que no, que no lo sabía y me lo explicó. Entonces, le dije que yo no quería hacerme un aborto porque, si me lo hiciera, sería una asesina.

Volví con mi madre a casa y entonces ella me entregó al pibe que me había violado para formar pareja y con él viví hasta los 20 años. A los 13 años ya era madre de dos hijos, ambos concebidos en sus constantes violaciones. Hoy, yo tengo 36 años, mi hijo mayor tiene 24 y mi hija 23.

Pasé un infierno de 10 años al lado de mi violador, sufrí cosas que no puedo ni explicar, pero nunca jamás pensé en asesinar a mis hijos porque fueran frutos de una violación. Hoy mis hijos son mi mayor orgullo. Mi hijo está en el seminario y mi hija el año que viene se recibe de contadora y ya soy abuela porque ella es madre de una hijita. 

Cuando cumplí la mayoría de edad y con la ayuda de la madre de mi violador que veía como me trataba y golpeaba, dejé Paraguay, país que no defiende a las mujeres y vine a Argentina que es donde resido ahora. No volví más. La madre le hizo una perimetral y llevó ella a los chicos y me mando para acá.

Hace poco se me partió el alma cuando mi hijo me pidió perdón por el mal comportamiento de su padre por todo mi maltrato. A pesar de estos sufrimientos no me hice una mala persona. Hay veces que me pregunto si la vocación al sacerdocio de mi hijo no tendrá sus raíces en aquellos malos tratos de su padre que él presenció.

Y otro día mi hija me preguntó si yo los amaba a ella y a su hermano de la misma manera que amo a su hermano pequeño, el niño que he tenido con mi actual pareja. Y le contesté que sí, siempre los amo, porque esto es lo que siento, un inmenso amor por mis hijos. Y creo que, si los hubiese abortado, viviría una vida triste.

Si tuviese que aconsejar a una muchacha que espera un hijo tras una violación, le diría que fuera fuerte y que opte por la vida. No se arrepentirá. Yo lo pasé y no hay nada como dar a luz y ser madre. Ojalá pueda hacer entender a todas esas personas que nadie tiene derecho de sacar la vida de un inocente.

Cuando nació mi hijo, fui la mamá más joven del año. La verdad es que no tuve adolescencia porque pasé de ser niña pequeña a ser madre. Parecía que me habían dado una muñeca y que la llevaba en el brazo pero, desde que me lo pusieron allí, ya no me quería deprender de él ni un instante. Lo amaba.

Me siento feliz de haber dicho sí a la vida y no al aborto.

Claudelina Sanabria

 

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