Homilía del evangelio de Todos los Santos: La gloria que comparten con Dios los que han vivido en la tierra siguiendo a Jesucristo / Por P. José María Prats

“Hoy vemos cómo en nuestra sociedad se está extendiendo cada vez más la fiesta de Halloween. En Barcelona, por ejemplo, tenemos una amplia oferta de celebraciones de Halloween: Maratón de películas de terror en los cines, caza de brujas en el Barrio Gótico, Halloween para niños en el Pueblo Español, veladas especiales en la mayoría de discotecas y clubs de fiestas… Pero lo más grave es que hasta en colegios religiosos se promueve el Halloween organizando “túneles del terror” o cosas parecidas. Después de veinte siglos, nuestra cultura abandona la luz de Cristo y la gloria de los santos para sumergirse nuevamente en la oscura noche del paganismo y el espiritismo. La Iglesia, mientras tanto, «con la cintura ceñida y las lámparas encendidas», celebra esta gran fiesta de Todos los Santos esperando a Aquél que es la Luz del mundo y que volverá «como un ladrón en la noche»”

Miércoles XXX del tiempo ordinario – Solemnidad de Todos los Santos:

Apocalipsis 7, 2-4.9-14 / Salmo 23 / 1 Juan 3,1-3 / Mateo 5, 1-12

P. José María Prats / Camino Católico.-  Cuando el cristianismo empezó a extenderse y a arraigar en el mundo grecorromano, tuvo el gran acierto de no construir sus iglesias junto a los templos paganos sino de “cristianizar” estos templos. En Roma hay ejemplos muy conocidos como la Basílica de Santa María sopra Minerva, edificada sobre un templo dedicado a la diosa Minerva. No se trataba, pues, de establecer un culto alternativo, sino de manifestar cómo la búsqueda titubeante de la divinidad en las diferentes culturas había sido definitivamente purificada e iluminada por Jesucristo, revelador del Dios vivo y verdadero, creador del cielo y de la tierra.

Algo parecido sucedió con algunas fiestas paganas, que el cristianismo recondujo llenándolas de luz y de esperanza. La fiesta de Todos los Santos es uno de estos casos. Esta fiesta había sido instituida por el Papa Bonifacio IV en el año 609 con motivo de la consagración del Panteón –templo romano dedicado a todos los dioses– como iglesia cristiana dedicada a la Santísima Virgen y a todos los mártires. Inicialmente esta fiesta se celebraba el 13 de mayo –día en que fue consagrada la iglesia– pero a mediados del siglo IX, el Papa Gregorio IV la trasladó al día 1 de noviembre y la extendió desde Roma a toda la Iglesia.

Se hacía coincidir así con la fiesta pagana de Samhain que se celebraba en la última noche del año celta. Esta noche marcaba el final del verano y de las cosechas y el inicio del oscuro y frío invierno, asociado con la muerte. Los celtas creían que en esta noche, la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se volvía difusa y los espíritus de los muertos volvían a la tierra. Era, pues, para los druidas, un momento apto para entrar en contacto con los muertos y practicar el espiritismo y la adivinación.

La fiesta de Todos los Santos vino a arrojar luz sobre estas realidades oscuras de la cultura celta que aún persistían después de más de 200 años de evangelización. Esta fiesta nos habla de la felicidad, la plenitud y la gloria que comparten con Dios los que han vivido en la tierra siguiendo los pasos de Jesucristo, que se sintetizan en las bienaventuranzas que nos presenta el evangelio de hoy: Bienaventurados los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz, los perseguidos por causa de la justicia; bienaventurados porque, habiendo vivido como Jesús, compartirán también su gloria eternamente.

Hoy vemos cómo en nuestra sociedad se está extendiendo cada vez más la fiesta de Halloween, que es la antigua fiesta celta de Samhain, llevada por los emigrantes irlandeses a Estados Unidos, donde se mezcló con elementos folklóricos y se relanzó comercialmente a todo el mundo. En Barcelona, por ejemplo, tenemos una amplia oferta de celebraciones de Halloween: Maratón de películas de terror en los cines, caza de brujas en el Barrio Gótico, Halloween para niños en el Pueblo Español, veladas especiales en la mayoría de discotecas y clubs de fiestas… Pero lo más grave es que hasta en colegios religiosos se promueve el Halloween organizando “túneles del terror” o cosas parecidas.

Después de veinte siglos, nuestra cultura abandona la luz de Cristo y la gloria de los santos para sumergirse nuevamente en la oscura noche del paganismo y el espiritismo. La Iglesia, mientras tanto, «con la cintura ceñida y las lámparas encendidas», celebra esta gran fiesta de Todos los Santos esperando a Aquél que es la Luz del mundo y que volverá «como un ladrón en la noche».

P. José María Prats

Evangelio

En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:

«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos».

Mateo 5, 1-12


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