Homilía del Evangelio del Domingo: Responder a Dios que nos creó y redimió con la alabanza, la adoración y la acción de gracias / Por P. José María Prats

* «En los diez leprosos está representada la humanidad entera. Hablando con categorías bíblicas, todos hemos sido liberados de “la esclavitud de la nada” al recibir el ser y una vocación dentro del proyecto de Dios para la creación, y por la obra de la redención hemos accedido a la liberación de la esclavitud del pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios. Se trata de una liberación y de un don mucho mayores que la curación de la lepra”

Domingo XXVIII del tiempo ordinario – C:

2 Reyes 5,14-17 / Salmo 97  /  2 Timoteo 2, 8-13  /  Lucas 17, 11-19

P. José María Prats / Camino Católico.- Para leer con fruto los evangelios es importante ponerse en la piel de los personajes: sus circunstancias, sus actitudes, sus aspiraciones. En el caso de los diez leprosos que nos presenta hoy el evangelio, este ejercicio es particularmente dramático. La lepra no sólo deformaba el cuerpo de los enfermos, sino que conllevaba también su exclusión de la sociedad y del culto para evitar el contagio y por considerarse un estado de impureza ritual.

Podemos imaginar la angustia de estas personas al contemplar la deformidad de sus miembros, su soledad y su humillación al verse rechazados y estigmatizados por la sociedad, su desconcierto por haberles tocado precisamente a ellos tener que padecer esta situación, sus esperanzas de salir de este infierno y poder realizar sus sueños y aspiraciones.

Estos diez leprosos habían oído hablar de los milagros y curaciones obrados por Jesús y salieron a su encuentro llenos de esperanza gritando: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». La respuesta de Jesús es de una contundencia y autoridad formidables: «Id a presentaros a los sacerdotes». Les está diciendo que ha decretado su curación y que se pongan en camino para que los sacerdotes la certifiquen, los declaren puros y les permitan reincorporarse en la sociedad, tal como establecía la ley mosaica (Lv 13).

Lo decisivo de esta historia es lo que ocurre en el corazón de cada uno de estos leprosos en el momento de su curación mientras van de camino. Nueve de ellos son incapaces de ver el sentido profundo de lo que ha sucedido: de pronto se ven liberados del lastre de su enfermedad y, llenos de alegría, corren a toda prisa hacia delante para vivir la vida que han soñado. Jesús queda atrás como el mero instrumento que ha hecho posible esos sueños. Sólo uno, un samaritano, entiende que ha sido sanado por una palabra, una palabra liberadora que es fuente de vida y que le llama a una existencia nueva; una palabra personal que busca una respuesta, un diálogo, una comunión para realizar un proyecto común. Y de esta consciencia emerge una respuesta apasionada: «viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias». Diez fueron curados de la lepra, pero sólo uno, el que fue al encuentro del que es la fuente de la vida, alcanzó la salvación: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

En los diez leprosos está representada la humanidad entera. Hablando con categorías bíblicas, todos hemos sido liberados de “la esclavitud de la nada” al recibir el ser y una vocación dentro del proyecto de Dios para la creación, y por la obra de la redención hemos accedido a la liberación de la esclavitud del pecado para vivir en la libertad de los hijos de Dios. Se trata de una liberación y de un don mucho mayores que la curación de la lepra. De los más de 7.000 millones de personas que habitamos la tierra, ¿cuántos simplemente corren a toda prisa hacia adelante buscando vivir la vida que han soñado? ¿Cuántos, en cambio, tomando conciencia de la Palabra que los creó y los redimió, responden a ella con la alabanza, la adoración, la acción de gracias y la consagración de sí mismos? ¿Uno de cada diez?

P. José María Prats

Evangelio

Una vez, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:

«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».

Al verlos, les dijo:

«ld a presentaros a los sacerdotes».

Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Éste era un samaritano.

Jesús tomó la palabra y dijo:

«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».

Y le dijo:

– «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

Lucas 17, 11-19 

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