Cómo rezar una lectio divina / Por Mons. Juan José Omella, Arzobispo de Barcelona

«Nos tenemos que quedar tranquilos ante el Señor y ya veréis que, cuanto más recéis más a gusto estaréis en la oración. A veces cuesta pero una vez allí estás tan a gusto. La oración puede ser sencillita, pero en este tiempo de Cuaresma hay que intensificar la oración, el sacrificio, el ayuno y la limosna. Y después de todos estos pasos os tenéis que dejar amar y amarlo también vosotros»

24 de febrero de 2016.-(Nazaret.tv Camino Católico)  Mons. Juan José Omella, Arzobispo de Barcelona inició el ciclo de conferencias cuaresmales de la basílica de la Concepción de Barcelona, con una orientación sobre cómo rezar una ‘lectio divina’. En el vídeo puede visualizarse y escucharse toda la meditación.

Mons. Omella tuvo un público de todas las edades que llenó la basílica y quiso convertir su meditación en una ayuda a la oración. Y es que el Arzobispo de Barcelona orientó a todos los presentes sobre cómo rezar una lectio divina y, como ejemplo, propuso leer una lectio escrita por él y llamada ‘Cercat’. Pero, sobre todo, la conferencia fue una lección de humildad: «Nosotros somos minúsculos ante Dios, somos muy pequeños porque todos somos criaturas salidas de las entrañas de Dios. Los títulos y los cargos quedan en una nada ante Dios».

¿Cómo encontrar el momento para hablar con Dios?

La lectio divina se divide en diferentes momentos: el statio, la lectio, la meditación, la oratio y la contemplatio. Omella fue desgranando cada punto y aconsejó como hablar con Dios: «Nos tenemos que quedar tranquilos ante el Señor y ya veréis que, cuanto más recéis más a gusto estaréis en la oración. A veces cuesta pero una vez allí estás tan a gusto. La oración puede ser sencillita, pero en este tiempo de Cuaresma hay que intensificar la oración, el sacrificio, el ayuno y la limosna. Y después de todos estos pasos os tenéis que dejar amar y amarlo también vosotros».

El Arzobispo de Barcelona también pidió obras y no sólo palabras: «No podemos quedarnos encerrados en nuestras parroquias, anunciamos a Jesucristo con hechos. Hacemos como los santos que no necesitan hablar porque su vida ya es un testimonio del amor de Dios».

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