David, 36 años, se bautiza en la Vigilia Pascual después de llevar puesta una cruz toda la vida y de vivir una crisis de fe de su novia Mariana: «Dios está siempre conmigo»

«He conocido un Cristo muy cercano, que me entiende, que me perdona, que me da paz y me guía, que me aleja del pecado y me ayuda en la tentación. Es todo amor y paz»

«Mariana, al perder a su hermana, tuvo una crisis de fe, se preguntaba: ¿Dónde está Dios? ¿Por qué ha permitido esto? Y, aunque era católica, estuvo varios años sin ir a Misa. Poco a poco se acercó de nuevo al Señor en la parroquia Virgen de los Llanos, en Madrid y yo poco a poco empecé a sumarme a ese proceso, a acompañarla a Misa, aunque ninguno de los dos podíamos comulgar…»

 

4 de abril de 2015.- (Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo / Alfa y Omega  / Camino Católico)  Madrid, años 80: una señora regala a su nieto, de diez años, sin bautizar, una pequeña cruz. Hoy, varias décadas después, David se dispone a recibir, en la Vigilia Pascual, las aguas del Bautismo que da la Vida eterna.

La historia de David es la de tantos niños de ayer y de hoy, cuyos padres consideran la fe como un asunto personal y privado: «Ya decidirá el niño cuando sea mayor si se quiere bautizar o no», dijeron. Y hoy, con 36 años, ya ha decidido: «Quiero estar cerca de Dios». Para ello, la Iglesia le va a ofrecer las aguas del Bautismo, de manos de don Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, en la próxima Vigilia Pascual.

En realidad, su búsqueda empezó hace mucho tiempo, cuando tenía sólo diez años, y su abuela le regaló una pequeña cruz: «A mis abuelos les dolió mucho que mis padres no me bautizaran, quizá por eso mi abuela me regaló esta cruz que pasó algunos años olvidada en un cajón. Con dieciséis años, la descubrí de nuevo, y desde entonces la he llevado colgada al cuello. Yo, en realidad, siempre he llevado la fe por dentro, aunque no fuera a Misa. Siempre he rezado, a mi manera, sobre todo cuando tenía problemas. Siempre me he reconocido como cristiano, aun sin estar bautizado. Era algo que yo sentía y que he llevado dentro siempre». Era, aunque él no fuera plenamente consciente, un Bautismo de deseo, preparación del sacramento que está a punto de recibir.

Dios me protege

David reconoce sin dudar que «siempre me he sentido acompañado por Dios en estos años», pero destaca dos momentos en especial. Uno, un accidente de coche, precisamente en la localidad burgalesa de Milagros: «aunque perdí el control del vehículo, durante aquellos segundos me sentí totalmente tranquilo, con mucha paz; cuando todo acabó le di un beso a la cruz: vi que Dios estaba conmigo y me protegía». El otro también está relacionado con un accidente de coche, en Argentina –de donde procede su novia Mariana, -su pareja desde hace 10 años–, y que acabó con la vida de su cuñada. «Mariana, al perder a su hermana, tuvo una crisis de fe, se preguntaba: ¿Dónde está Dios? ¿Por qué ha permitido esto? Y, aunque era católica, estuvo varios años sin ir a Misa. Poco a poco, ya en España, se acercó de nuevo al Señor en la parroquia Virgen de los Llanos, en Madrid, acompañada del padre Jesús, y yo poco a poco empecé a sumarme a ese proceso, a acompañarla a Misa, aunque ninguno de los dos podíamos comulgar…»

Así, David comenzó un catecumenado en la parroquia, guiado por Pepe seminarista de primer curso: «Es un grupo muy bonito; los domingos, después de Misa, nos reunimos y hablamos de temas de fe, leemos la Palabra de Dios… Lo más emotivo ha sido los ritos previos y los escrutinios realizados delante de toda la parroquia. Dios está siempre conmigo», repite sin cesar. Durante este tiempo, «he conocido un Cristo muy cercano, que me entiende, que me perdona, que me da paz y me guía, que me aleja del pecado y me ayuda en la tentación. Es todo amor y paz. Yo no lo conocía bien, pero ahora veo que lo que importa de verdad no es el trabajo, ni el dinero, ni los problemas. Dios está ahí», repite una vez más.

Asimismo, su testimonio rompe con lo que alrededor de él se decía: «Desde fuera, se ve a la Iglesia como algo lejano, incluso con los realmente necesitados, una Iglesia con el lujo de las catedrales, el ¿Por qué ese dinero no se usa en otras cosas?…, pero poco a poco él también ha conocido todo lo que hace la Iglesia, lo que hacen los misioneros, los sacerdotes, las parroquias, los catequistas, Cáritas… ¡Pero que mezquinos somos al poner etiquetas! ¡Qué paciencia tiene Dios con nosotros! Tenemos que agradecer mucho a la Iglesia: el poder recibir, y también la oportunidad de poder dar. Tienes que estar dentro para entenderlo». Ahora, los fieles de la parroquia que les conocen «nos ven muy felices porque dentro de poco nos vamos a bautizar, y nos felicitan».

Matrimonio, castidad y penitencia

Desde que comenzaron su acercamiento más profundo a la parroquia, David y Mariana se dieron cuenta de que su situación como pareja les hacía sentirse lejos de la Iglesia y de su comunión; por eso, se van a casar en breve y, «cuando nos casemos, va a ser muy bonito». Hasta el día de la boda van a estar muy en comunión con la Iglesia y su párroco, Óscar García, que los guía, viviendo estos meses «como un tiempo de penitencia, para que ambos podamos pedirle perdón por estos años en los que hemos vivido alejados de Él. No queremos un todo junto: Bautismo-Confirmación-Eucaristía-Matrimonio…, para salir al paso y ya está. Queremos estar más cerca de Dios. Es una oportunidad para unirse más en su Amor. Los cristianos, cuando se casan, tienen que vivir una vinculación con Dios muy precisa. Nosotros queremos sentir la comunión con Dios de una manera especial, que Dios esté feliz y orgulloso de nosotros. No nos casamos porque toca, sino que ambos queremos vivir la alegría de estar reconciliados con Cristo, de vivir nuestro matrimonio como Cristo quiere. Todo eso es más grande y da más alegría que el tema de la carne».

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