Eduardo Pérez, 31 años, «Era tenor, todo giraba en torno a mí y la fama. El Señor se sirvió del canto para acercarme a Él, sólo Él es la suma belleza, y me llamó a ser cura»

* «Fue en este ambiente del canto, nada exento de banalidad, dónde encontré a los dos únicos católicos de mi vida hasta entonces que me salvaron de mi egoísmo. De ellos se sirvió el Señor. Éstos, en un momento de crisis por el sentido de todo, supieron darme un gran ejemplo y un gran anuncio: Cristo crucificado por nosotros. Señor de la realidad personal, Señor de los fracasos y el sufrimiento, Señor que vence la muerte. No puedo explicar esto, pero me fascinó tanto que determiné en un segundo ser cristiano para siempre. Fui a un cura santo y le pregunté qué podía hacer, y tal cual me dijo que lo normal es que fuera al seminario, así hice sin prácticamente pensarlo. Más difícil fue el tener que decírselo a la chica con la que salía que era una maravilla»

Video del testimonio de Eduardo Pérez Orenes que compartió en noviembre marzo de 2019 cuando era seminarista de cuarto

Camino Católico.- Este sábado 10 de septiembre de 2022, a las 11:00 horas, en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Cortes de Nonduermas (Murcia) ha sido ordenado sacerdote Eduardo Pérez Orenes, de 31 años, un cantante lírico que hace unos años decidió dar un giro a su vida para seguir los pasos de Jesucristo.

La historia vocacional de este murciano de la Ermita de Burgos está íntimamente relacionada con su conversión. «No he crecido en una familia de fe, pero me bautizaron e hice la primera comunión; después no volví a la Iglesia hasta los 23 años», afirma en la web de la Diócesis de Cartagena.

Su primera vocación fue el canto, comenzando los estudios en el conservatorio superior de Murcia y llegando a participar hasta en doce coros a la vez. Asegura que lo que más le gustaba era cantar, sobre todo música sacra, antigua, gregoriano, «no iba a la iglesia por fe, pero sí a dar conciertos» Y lo relata así en su testimonio vocacional en la web del Seminario Conciliar de Murcia:

«Nací en una familia no creyente y esto fue un duro obstáculo para cualquier posible acercamiento a Cristo. Tendría que llegar algún momento de alguna rebeldía para poder abrirme a algún cambio…

Eduardo Pérez Orenes contando su historia de vocación en 2019

Mi primera vocación, la profesional, la descubrí con 14 años cantando en el coro del instituto. Me apasionó tanto cantar que cuando tenía 18 cantaba en 10 coros. Por esto, llegué a la conclusión de que tenía que estudiar canto. Así empecé en el conservatorio; y a día de hoy tengo el título superior de canto lírico. El Señor se sirvió de esta vida de cantante para acercarme a Él, pues sólo Él es la suma belleza, y porque las Iglesias son los sitios con mejor acústica del mundo, y donde todos los coros quieren hacen conciertos. Descubrí la pasión más grande de mi vida en el arte cristiano.

Siempre estaba aspirando a algo más y, cuando el corazón se te vuelve tan ambicioso, todo y todos se convierten en herramientas para seguir consiguiendo más de lo que ya tienes. Todo tenía que girar en torno a mí y a mi carrera exitosa, el prestigio y la fama. Ya no quería a nadie y no era capaz de ver que ese estilo de vida me podría dejar solo.

Fue en este ambiente del canto, nada exento de banalidad, dónde encontré a los dos únicos católicos de mi vida hasta entonces que me salvaron de mi egoísmo. De ellos se sirvió el Señor. Éstos, en un momento de crisis por el sentido de todo, supieron darme un gran ejemplo y un gran anuncio: Cristo crucificado por nosotros. Señor de la realidad personal, Señor de los fracasos y el sufrimiento, Señor que vence la muerte. No puedo explicar esto, pero me fascinó tanto que determiné en un segundo ser cristiano para siempre. Aunque vivir en la realidad de tu miseria duela, es realmente vida, y la vida es siempre mejor.

Tanto fue el agradecimiento y el entusiasmo que sentía que, un día dos años después, miré a mi alrededor y al ver que todas las personas a las que amaba vivían en la antigua tristeza sentí una terrible conmoción, una llamada que no podía ignorar; y la única respuesta posible fue la de consagrar mi vida al servicio del Evangelio. Fui a un cura santo y le pregunté qué podía hacer, y tal cual me dijo que lo normal es que fuera al seminario, así hice sin prácticamente pensarlo. Más difícil fue el tener que decírselo a la chica con la que salía que era una maravilla».

Eduardo Pérez Orenes en 2019

Mientras terminaba el Grado en Canto, Eduardo llegó al seminario para poner en orden sus ideas y nada más llegar sintió que sin duda ese era su sitio. «Vi que este era el mejor lugar donde poner al servicio de los demás, como sacerdote, los dones que Dios me había dado». Allí encontró un grupo de referencia, chicos jóvenes con las mismas inquietudes que él. Destaca que durante su formación ha podido descubrir su deseo de amar a los demás desde lo cotidiano y la importancia de estar cercano a los problemas de otros.

En su etapa de diaconado ha estado sirviendo en la parroquia de El Salvador de Caravaca de la Cruz. Para su ordenación sacerdotal, el próximo 10 de septiembre, ha elegido un versículo del Evangelio según san Juan: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Esta elección –cuenta– se debe a que desde que entró al seminario, ha sentido una llamada a que su vida sea ofrecida por todos los que no creen en su entorno, por todos aquellos que aún no han descubierto la fe.

Vídeo cantando como tenor Eduardo Pérez Orenes con el  Coro y Orquesta Sinfónica del Conservatorio Superior de Música Manuel Massotti Littel, Murcia 

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