El P. Horacio Zúñiga estuvo 40 días en coma porque los narcotraficantes quisieron matarlo por sacar jóvenes de la droga y celebró sus 45 años con el Papa en Santa Marta

«El Papa Francisco me ha confortado y ha dado un sentido nuevo a la poca sangre que he dado por Cristo»

«En La Guaira me llaman el milagro de Dios, pero yo prefiero pensar que soy un predilecto de Dios. Prueba de ello ha sido la Misa que he podido concelebrar esta mañana con el Papa Francisco»

10 de abril de 2014.- (José Calderero / Alfa y Omega  / Camino Católico) El padre Horacio Zúñiga consiguió sacar a muchos jóvenes de la calle y del mundo de las drogas. Los narcotraficantes decidieron asesinarlo, y le dieron una paliza a plena luz del día. Pasó horas tirado en la calle antes de que alguien se atreviera a llevarlo a un hospital. Después de 40 días en coma, se recuperó de sus heridas. Tras estar al borde de la muerte, volvió a Venezuela para abrir una escuela diocesana. Por su 45 cumpleaños su madre le regaló un viaje a Roma para encontrarse con el Papa Francisco. Después del encuentro con el Santo Padre, asegura que se siente «más fuerte porque el Papa Francisco me ha confortado y ha dado un sentido nuevo a la poca sangre que he dado por Cristo»

«En La Guaira me llaman el milagro de Dios, pero yo prefiero pensar que soy un predilecto de Dios. Prueba de ello ha sido la Misa que he podido concelebrar esta mañana con el Papa Francisco»,aseguraba el padre Horacio Zúñiga a L’Osservatore Romano en septiembre.

El motivo de su encuentro con el Santo Padre fue la celebración de sus 45 años. Su madre quiso ofrecerle como regalo la posibilidad de viajar a Roma para encontrarse con el Papa. «Escribimos al Papa el mes pasado -cuenta la madre del sacerdote- para contarle la historia de Horacio, y le pedimos sólo un minuto para que le diera su bendición. Ciertamente no nos esperábamos esta gracia tan grande».

El padre Horacio Zúñiga de la Parra nació en Cartagena, Colombia. En su juventud entró en el seminario y completó sus estudios en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, de Roma. Tras ordenarse fue enviado a la diócesis de La Guaira, en Venezuela. Al llegar a su primer destino como sacerdote, se dio cuenta de la delicada situación de la gente joven. Eran utilizados por los narcotraficantes para vender droga. Horacio se opuso a ello, y decidió sacar de esta agonía a todos los jóvenes que pudiera.

Durante horas, no lo socorrieron por miedo

Según cuenta L’Osservatore Romano el «carisma y celo apostólico» del padre Horacio posibilitan «no sólo a reunir entorno a sí a un buen grupo de jóvenes -arrebatándolos de las manos de los traficantes- sino que consigue iniciar una auténtica campaña de sensibilización para hacer visible la plaga que está infectando al cuerpo joven de la sociedad venezolana».

Ante tal situación, los narcotraficantes decidieron asesinarle en 2009. A la salida de un centro comercial y a plena luz del día, unos sicarios le apalearon con bates de béisbol y le dejaron tirado en plena calle. Pasó horas sobre el asfalto sin que nadie se atreva a socorrerlo. Finalmente, informa L’Osservatore, una persona lo recogió y lo llevó al hospital. Pasó 40 días en coma y, al despertar, su primer pensamiento fue para los jóvenes que había sacado de las garras de la droga: «Me los querían arrancar, pero no lo consiguieron y no lo conseguirán», explicaba su madre.

El padre Horacio Zúñiga de Parra se recuperó de sus heridas en Roma. Ahora tiene toda la parte izquierda del cuerpo paralizada, pero lo que no pudieron parar los golpes de los narcotraficantes es su amor y entrega por los jóvenes de la calle. El sacerdote, a su regreso a Venezuela, abrió una escuela diocesana que dirige él mismo. 

 

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