El Papa en homilía de la Misa de los Fieles Difuntos: «las bienaventuranzas que Jesús nos enseñó son las luces para no equivocarnos y llegar donde está el amor del Padre»

* «Pidamos hoy al Señor que nos conceda la gracia de no perder nunca la memoria, de no ocultar nunca nuestra memoria, la memoria de una persona, la memoria de una familia, la memoria de un pueblo. Que nos conceda la gracia de la esperanza, porque la esperanza es un don suyo: saber esperar, mirar al horizonte, no permanecer cerrados frente a un muro. Siempre mirar al horizonte y esperar. Y nos  dé la gracia de comprender cuáles son las luces que nos acompañarán en el camino para no equivocarnos, y así llegar a donde nos esperan con tanto amor»

Video completo de la transmisión en directo con la homilía del Papa traducida al español

2 de noviembre de 2018.- (Camino Católico)  El Papa Francisco presidió en el cementerio romano Laurentino la Misa por la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, en la que señaló que “hoy es un día para hacer memoria, para recordar a aquellos que han caminado antes que nosotros, que nos han acompañado, que nos han dado la vida”.

En su homilía, el Santo Padre reflexionó sobre las tres dimensiones de la vida: pasado, futuro y presente. Sobre la primera dimensión, pasado, señaló que “la memoria es aquello que hace fuerte a un pueblo, porque se siente enraizado en un camino, enraizado en una historia, enraizado en un pueblo”. “La memoria nos hace comprender que no estamos solos, que somos un pueblo que tiene historia, que tiene pasado, que tiene vida. Memoria de muchos que han compartido con nosotros un camino, que están aquí”, señaló.

Sobre la segunda dimensión, futuro, explicó que está estrechamente vinculada a la esperanza. “Hoy también es un día de esperanza”, destacó. Recordó que en la segunda lectura del día se habla de “un cielo nuevo, una tierra nueva y la santa ciudad de Jerusalén nueva”. “Esperanza de encontrarnos, esperanza de llegar a donde está el amor que nos ha creado, donde está el amor que nos espera, el amor del Padre”.

Finalmente, citó la tercera dimensión, el presente, “el camino que debemos hacer, que hacemos. ¿Cuál es el navegador que el mismo Dios nos ha dado para no equivocarme de camino? Son las bienaventuranzas que en el Evangelio Jesús nos ha enseñado”.

El Papa terminó su homilía pidiendo al Señor “la gracia de no perder nunca la memoria, de no esconder nunca la memoria: memoria de persona, memoria de familia, memoria de pueblo. Que nos dé el don de la esperanza, porque la esperanza es un don suyo”. “Y que nos dé la gracia de comprender cuáles son las luces que nos acompañarán en el camino para no equivocarnos, y así llegar a donde nos esperan con tanto amor”, expresó. En el vídeo se visualiza y escucha la homilía del Santo Padre traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:

La liturgia de hoy es realista, es concreta. Nos enmarca en las tres dimensiones de la vida, dimensiones que hasta los niños entienden: el pasado, el futuro, el presente.

Hoy es un día de memoria del pasado, un día para recordar a aquellos que han caminado antes que nosotros, incluso nos han acompañado, nos han dado vida. Recordar, hacer memoria. La memoria es lo que hace fuerte a un pueblo, porque se siente arraigada en un camino, arraigada en una historia, arraigada en un pueblo. La memoria nos hace comprender que no estamos solos, somos un pueblo: un pueblo que tiene historia, que tiene pasado, que tiene vida. Memoria de muchos que han compartido un viaje con nosotros, y están aquí. No es fácil de recordar. Nosotros muchas veces, estamos cansados de volver atrás y pensar en lo que pasó: en mi vida, en mi familia, en mi gente. Pero hoy es un día de memoria, la memoria que nos lleva a las raíces: a mis raíces, a las raíces de mi pueblo.

Y también hoy es un día de esperanza: la segunda lectura nos ha mostrado lo que nos espera. El Cielo nuevo, la tierra nueva y la ciudad santa de Jerusalén, nueva, hermosa. La imagen que nos hace comprender lo que nos espera es la siguiente: La vi descender del cielo, descender de Dios, dispuesta como una novia adornada para su esposo. Se espera la belleza. Memoria y esperanza, esperanza de encontrarnos, esperanza de llegar donde está el amor que nos creó, donde está el amor que nos espera: el amor del Padre.

Y entre la memoria y la esperanza está la tercera dimensión, la del camino que debemos tomar y que hacemos. ¿Y cómo recorrer este camino sin equivocarnos? ¿Cuáles son las luces que me ayudarán a no equivocarme? ¿Cuál es el navegador que Dios mismo nos ha dado para no equivocarnos? Estas son las bienaventuranzas que Jesús nos enseñó en el Evangelio. Estas Bienaventuranzas – mansedumbre, pobreza de espíritu, justicia, misericordia, pureza de corazón – son las luces que nos acompañan para no equivocarnos: este es nuestro presente.

En este cementerio están las tres dimensiones de la vida: la memoria, la vemos allí; la esperanza, la celebraremos ahora en la fe, no en la visión; y las luces que nos guían en el camino para no equivocarnos, las hemos escuchado en el Evangelio: son las Bienaventuranzas

Pidamos hoy al Señor que nos conceda la gracia de no perder nunca la memoria, de no ocultar nunca nuestra memoria, la memoria de una persona, la memoria de una familia, la memoria de un pueblo. Que nos conceda la gracia de la esperanza, porque la esperanza es un don suyo: saber esperar, mirar al horizonte, no permanecer cerrados frente a un muro. Siempre mirar al horizonte y esperar. Y nos  dé la gracia de comprender cuáles son las luces que nos acompañarán en el camino para no equivocarnos, y así llegar a donde nos esperan con tanto amor.

Francisco

El Santo Padre reza ante tumbas de niños no nacidos en el “Jardín de los Ángeles”

El Papa Francisco ha rezado ante tumbas de niños no nacidos y de niños fallecidos en sus primeros años de vida, en el conocido como “Jardín de los Ángeles”, dentro del cementerio romano de Laurentino antes de celebrar la Santa Misa por Todos los Fieles Difuntos. El Pontífice no ha pronunciado ningún discurso, simplemente recorrió las tumbas, ofreció un ramo de flores y rezó durante algunos minutos.

Bendición de las tumbas

Al concluir la ceremonia religiosa, el Santo Padre bendijo las tumbas del camposanto:

«En la visita al Cementerio, de nuestros hermanos y hermanas fallecidos, renovamos nuestra fe en Cristo, muerto, sepultado y resucitado para nuestra salvación»– dijo- afirmando que con esta certeza pedimos al Padre por todos nuestros seres queridos que han dejado este mundo.

«Abre los brazos de tu misericordia, y recíbelos en la gloriosa asamblea de la Santa Jerusalén. Conforta a cuantos atraviesan el dolor de la muerte con la certeza de que los muertos viven en ti», concluyó Francisco invocando a la Santísima Virgen María como signo de luz, «para que con su intercesión sostenga nuestra fe, para que ningún obstáculo pueda hacernos desviar del camino que conduce a hacia el Padre».

El Laurentino es el cuarto cementerio romano en el que el Santo Padre celebra la Misa de difuntos. En los años 2013, 2014 y 2015 la Misa tuvo lugar en el cementerio monumental del Verano. En 2016 en el cementerio de Prima Porta, y en 2017 en el cementerio americano de la localidad de Nettuno (al sur de la capital italiana).

Una reflexión del Papa Francisco para el día de todos los fieles difuntos: «El Amor de Dios es más fuerte que la muerte»