El Papa en la Audiencia 18-12-19: «En el pesebre Jesús, Príncipe de la paz, nos dice que no estamos solos, porque Él está con nosotros, dándonos una vida nueva»

*  «Hacer el pesebre es celebrar la cercanía de Dios. Dios siempre estuvo cerca de su pueblo, pero cuando se encarnó y nació, estuvo muy cerca, muy cerca. Hacer el belén es celebrar la cercanía de Dios, es redescubrir que Dios es real, concreto, vivo y palpitante. Dios no es un señor lejano ni un juez distante, sino Amor humilde, descendido hasta nosotros. El Niño en el pesebre nos transmite su ternura. Algunas figuritas representan al «Niño» con los brazos abiertos, para decirnos que Dios vino a abrazar nuestra humanidad»

Video completo de la transmisión en directo realizada por 13 TV de la catequesis traducida al español y de la síntesis que el Papa ha hecho en nuestro idioma

* «Junto a Jesús vemos a la Virgen y a San José. Podemos imaginar los pensamientos y sentimientos que tuvieron cuando el Niño nació en la pobreza: alegría, pero también consternación. Y también podemos invitar a la Sagrada Familia a nuestra casa, donde hay alegrías y preocupaciones, donde cada día nos levantamos, comemos y dormimos cerca de nuestros seres queridos. El pesebre es un evangelio doméstico. La palabra pesebre significa literalmente «comedero», mientras que la ciudad del pesebre, Belén, significa «casa del pan». El pesebre que hacemos en casa, donde compartimos comida y afecto, nos recuerda que Jesús es el alimento, el pan de vida (cf. Jn 6,34). Es Él quien alimenta nuestro amor, es Él quien da a nuestras familias la fuerza para seguir adelante y perdonarnos»

18 de diciembre de 2019.- (Camino Católico) “¿Cómo nos estamos preparando para el Nacimiento de Jesús? Un modo sencillo es ‘hacer el belén’”, ha dicho el Santo Padre hoy, 18 de diciembre de 2019, en la audiencia general. El Papa Francisco ha dedicado su catequesis a reflexionar en torno a la llegada de la Navidad, recordando su carta Admirabile signum (Signo admirable), en torno a la tradición del pesebre.

Por un lado, para Francisco el pesebre constituye un “Evangelio vivo” que recuerda que ”Dios se ha hecho hombre” y  “es bonito detenerse delante del nacimiento y confiar al Señor las personas, las situaciones, las preocupaciones que llevamos dentro”. Además, constituye un “Evangelio doméstico”, en el pesebre comen los animales y “Belén” significa “casa de pan”. Estas dos palabras “nos evocan que Jesús es el alimento fundamental para nuestra existencia; es el pan de vida», ha explicado el Papa.

Igualmente, el belén supone una “invitación a la contemplación”: “Ante una sociedad frenética, el belén nos hace dirigir nuestra mirada a Dios, que es pobre de cosas, pero rico de amor, y nos invita a invertir en lo importante, no en la cantidad de bienes, sino en la calidad de los afectos”, indica el Pontífice.

Finalmente, el Obispo de Roma considera que el belén es una “imagen artesanal de la paz” ante la violencia e individualismo imperante: “En el pesebre todos convergen en Jesús, que es Príncipe de la paz. Y donde está Jesús hay armonía, y nos dice que no estamos solos, porque Él está con nosotros, dándonos una vida nueva”, ha concluido.  En el vídeo superior de 13 TV se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Dentro de una semana será Navidad. En estos días, mientras corremos para hacer los preparativos de la fiesta, podemos preguntarnos: «¿Cómo me preparo para el nacimiento del festejado? Un modo sencillo pero eficaz de prepararse es hacer el belén  Este año yo también he seguido este camino: fui a Greccio, donde San Francisco hizo el primer belén, con los lugareños. Y escribí una carta para recordar el significado de esta tradición, lo que significa el belén en el tiempo de Navidad.

En efecto, el pesebre «es como un Evangelio vivo» (Carta apostólica Admirabile signum, 1). Lleva el Evangelio a los lugares donde uno vive: a las casas, a las escuelas, a los lugares de trabajo y de reunión, a los hospitales y a las residencias de ancianos, a las cárceles y a las plazas. Y allí donde vivimos nos recuerda algo esencial: que Dios no permaneció invisible en el cielo, sino que vino a la Tierra, se hizo hombre, un niño. Hacer el pesebre es celebrar la cercanía de Dios. Dios siempre estuvo cerca de su pueblo, pero cuando se encarnó y nació, estuvo muy cerca, muy cerca. Hacer el belén es celebrar la cercanía de Dios, es redescubrir que Dios es real, concreto, vivo y palpitante. Dios no es un señor lejano ni un juez distante, sino Amor humilde, descendido hasta nosotros. El Niño en el pesebre nos transmite su ternura. Algunas figuritas representan al «Niño» con los brazos abiertos, para decirnos que Dios vino a abrazar nuestra humanidad. Entonces es bonito estar delante del pesebre y allí confiar nuestras vidas al Señor, hablarle de las personas y situaciones que nos importan, hacer con Él un balance del año que está llegando a su fin, compartir nuestras expectativas y preocupaciones.

Junto a Jesús vemos a la Virgen y a San José. Podemos imaginar los pensamientos y sentimientos que tuvieron cuando el Niño nació en la pobreza: alegría, pero también consternación. Y también podemos invitar a la Sagrada Familia a nuestra casa, donde hay alegrías y preocupaciones, donde cada día nos levantamos, comemos y dormimos cerca de nuestros seres queridos. El pesebre es un evangelio doméstico. La palabra pesebre significa literalmente «comedero», mientras que la ciudad del pesebre, Belén, significa «casa del pan». El pesebre que hacemos en casa, donde compartimos comida y afecto, nos recuerda que Jesús es el alimento, el pan de vida (cf. Jn 6,34). Es Él quien alimenta nuestro amor, es Él quien da a nuestras familias la fuerza para seguir adelante y perdonarnos.

El pesebre nos ofrece otra enseñanza de vida. En los ritmos de hoy, a veces frenéticos, es una invitación a la contemplación. Nos recuerda la importancia de detenernos. Porque sólo cuando sabemos recogernos podemos acoger lo que cuenta en la vida. Sólo si dejamos el estruendo del mundo fuera de nuestras casas nos abrimos a escuchar a Dios, que habla en silencio. El pesebre es actual, es la actualidad de cada familia. Ayer me dieron una foto de un belén especial, uno pequeño, llamado: «Dejemos descansar a mamá». Allí estaba la Virgen dormida y José con el Niño, que hacía que se durmiera. Cuántos de vosotros tienen que repartir la noche entre marido y mujer por el niño o la niña que llora, llora, llora, llora. «Dejemos que mamá descanse» es la ternura de una familia, de un matrimonio.

El pesebre es más actual que nunca, cuando cada día se fabrican en el mundo tantas armas y tantas imágenes violentas que entran por los ojos y el corazón. El pesebre es, en cambio, una imagen artesanal de la paz. Por eso es un evangelio vivo.

Queridos hermanos y hermanas, del pesebre podemos sacar también una enseñanza sobre el sentido mismo de la vida. Vemos escenas cotidianas: los pastores con las ovejas, los herreros que baten el yunque, los molineros que hacen pan; a veces se insertan paisajes y situaciones de nuestros territorios. Está bien, porque el pesebre nos recuerda que Jesús viene a nuestra vida concreta. Y esto es importante. Hacer un pequeño belén, en casa, siempre, porque es el recuerdo de Dios que vino entre nosotros, nació entre nosotros, nos acompaña en la vida, es hombre como nosotros, se hizo hombre como nosotros. En la vida diaria ya no estamos solos, Él vive con nosotros. No cambia mágicamente las cosas pero, si lo acogemos, todo puede cambiar. Os deseo, entonces, que hacer el pesebre sea la ocasión de invitar a Jesús a la vida. Cuando hacemos el belén en casa, es como si abriéramos la puerta y dijéramos: «Jesús, ¡entra!”, es hacer concreta esta cercanía, esta invitación a Jesús para que venga a nuestra vida. Porque si Él habita nuestra vida, la vida renace. Y  si la vida renace es de verdad Navidad. ¡Feliz Navidad a todos!

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Dentro de una semana celebraremos la Navidad y nos podemos preguntar: ¿Cómo nos estamos preparando para el Nacimiento de Jesús? Un modo sencillo es “hacer el belén”. Recientemente fui a Greccio, donde san Francisco hizo el primer pesebre, y por esa ocasión escribí́ una carta para recordar el significado de esta tradición.

El pesebre es un Evangelio vivo, que nos recuerda que Dios se ha hecho hombre. Es bonito detenerse delante del nacimiento y confiar al Señor las personas, las situaciones, las preocupaciones que llevamos dentro.

El belén es además un Evangelio domestico: El “pesebre” es donde comen los animales; y “Belén” significa “casa del pan”. Pesebre y casa del pan, estas dos palabras nos evocan que Jesús es el alimento fundamental para nuestra existencia; es el pan de vida. Es Él quien alimenta nuestro amor y nos da fuerzas para seguir adelante.

El nacimiento es también una invitación a la contemplación. Nos recuerda la importancia de pararse. Ante una sociedad frenética, el belén nos hace dirigir nuestra mirada a Dios, que es pobre de cosas, pero rico de amor, y nos invita a invertir en lo importante, no en la cantidad de bienes, sino en la calidad de los afectos.

Por último, el belén es una imagen artesanal de la paz ante tanta violencia e individualismo que nos rodea. En el pesebre todos convergen en Jesús, Príncipe de la paz. En torno a Él hay armonía, y nos dice que no estamos solos, porque Él está con nosotros, dándonos una vida nueva.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, venidos de España y de Latinoamérica. Ante la celebración de la Navidad, los invito a preparar el belén en sus hogares y a detenerse para contemplarlo, para que el nacimiento de Jesús los llene de alegría y les conceda la paz. Les deseo a todos Feliz Navidad; y agradezco a todos los que en estos días, desde muchas partes del mundo, me han enviado mensajes de felicitación por mi 50 aniversario de sacerdocio y por mi cumpleaños. Gracias sobre todo por vuestra oración. Que Dios los bendiga.

Francisco

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