El Papa en la Audiencia 3-4-19: «No debemos tener miedo de la diferencia: Dios lo ha permitido. Servir a la esperanza, significa, construir puentes entre las civilizaciones»

* «En la catedral de Rabat encontré a los sacerdotes, a las personas consagradas y al Consejo Ecuménico de las Iglesias. Es un pequeño rebaño en Marruecos, y por eso recordé las imágenes evangélicas de la sal, de la  luz y de la levadura (ver Mt 5: 13-16; 13:33) que leímos al comienzo de esta audiencia. Lo que importa no es la cantidad, sino que la sal dé sabor,  que la luz brille y que la levadura tenga la fuerza de hacer  que toda la masa fermente. Y esto no proviene de nosotros, sino de Dios, del Espíritu Santo que nos hace testigos de Cristo allí donde estemos, en un estilo de diálogo y amistad, para vivirlo; ante todo, entre nosotros los cristianos, porque, dice Jesús, «por esto sabrán todos que sois mis discípulos: si os amáis los unos a los otros» (Jn 13:35)»

Video completo de la transmisión en directo realizada por 13 TV de la catequesis traducida al español y de la síntesis que el Papa ha hecho en nuestro idioma

* «Un pensamiento especial a los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados. La Cuaresma que vivimos favorezca el acercamiento con Dios. Es un tiempo precioso para redescubrir la importancia de la fe en la vida cotidiana que, vivida a través del ejercicio de las obras de misericordia, reaviva en nosotros el amor del Padre y nos hace más conscientes de las necesidades de los que viven momentos difíciles»                                                                 

3 de abril de 2019.- (Camino Católico)  “Con el lema ‘Servidor de Esperanza’, pude dar otro paso en el camino del diálogo interreligioso con nuestros hermanos musulmanes, recordando aquel encuentro entre san Francisco de Asís con el sultán al-Malik al-Kamil hace 800 años, y el viaje del Papa Juan Pablo II hace más de tres décadas”, lo dijo el Papa Francisco en la Audiencia General del primer miércoles de abril de 2019, explicando su 28° Viaje Apostólico a Marruecos, realizado el pasado 30 y 31 de marzo.

El Papa Francisco interviniendo espontáneamente, se preguntó: Pero ¿por qué el Papa va a los musulmanes y no sólo a los católicos? ¿Por qué hay tantas religiones? “Con los musulmanes – subrayó el Pontífice – somos descendientes del mismo Padre, Abraham”. ¿Por qué Dios permite que existan tantas religiones? Pero, Dios quiso permitir esto: los teólogos Escolásticos decían las volutas permissiva de Dios. Él quiso permitir esta realidad: hay muchas religiones que algunas nacen de la cultura, pero siempre miran al cielo, miran a Dios. Pero lo que Dios quiere es la fraternidad entre nosotros y de manera especial – por eso, este Viaje – con nuestros hermanos, hijos de Abraham, como nosotros, los musulmanes. No debemos tener miedo de la diferencia: Dios lo ha permitido. Pero sí, debemos tener miedo si no trabajamos por la fraternidad, para ir juntos en la vida”.

 “Servir la esperanza quiere decir crear puentes entre las civilizaciones y, junto con el rey Mohammed VI, reiteramos que las religiones son esenciales para defender la dignidad humana, promover la paz y el cuidado de la creación. De forma conjunta, hicimos un llamamiento por Jerusalén, para que sea preservada como patrimonio de la humanidad y lugar de encuentro pacífico, de modo particular para los fieles de las tres religiones monoteístas”.

El Papa Francisco dijo que, la Iglesia en Marruecos está muy comprometida con la cercanía a los migrantes y por ello quise agradecer y animar a aquellos que generosamente se ponen a su servicio realizando la palabra de Cristo: “Fui forastero y ustedes me acogieron”. “No me gusta decir migrantes; me gusta decir personas migrantes. ¿Saben por qué? Porque migrante es un adjetivo, en cambio las personas son sustantivos. Nosotros hemos caído en la cultura del adjetivo: usamos muchos adjetivos y a menudo olvidamos los sustantivos, es decir, la sustancia. El adjetivo debe ir unido a un sustantivo, a una persona, es decir, no a un migrante: una persona migrante. Así hay respeto. Para no caer en esta cultura del adjetivo que es demasiado líquido, demasiado gaseoso”.

“Concluí mi visita con la celebración de la Eucaristía en la que participaron miles de personas de unas 60 naciones diferentes, siendo esta una epifanía particular del Pueblo de Dios en el corazón de un país islámico”. Antes de finalizarr su catequesis, el Papa Francisco saludó cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica. “Pidamos que Dios, el Clemente y Misericordioso, como lo invocan nuestros hermanos musulmanes, –alentó el Papa – impulse el diálogo interreligioso y fomente los lazos de fraternidad que nos unen como hijos de un mismo Dios”. En el vídeo superior de 13 TV se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El sábado y el domingo pasado fui en viaje apostólico a Marruecos, invitado por Su Majestad el Rey Mohammed VI al que renuevo mi gratitud, así como a las demás autoridades marroquíes por su calurosa bienvenida y por toda la colaboración, especialmente al Rey: ha sido tan fraternal, tan amistoso, tan cercano.

Doy gracias sobre todo al Señor, que me ha permitido dar un paso más en el camino del diálogo y el encuentro con los hermanos y hermanas musulmanes, para ser, -como decía el lema del viaje,- «Siervo de la esperanza» en el mundo de hoy. Mi peregrinación ha seguido las huellas de dos santos: Francisco de Asís y Juan Pablo II. Hace 800 años, Francisco llevó el mensaje de paz y fraternidad al sultán al-Malik al-Kamil; en 1985, el Papa Wojtyła realizó su memorable visita a Marruecos, después de haber recibido en el Vaticano,- el primero entre los Jefes de Estado musulmanes-, al Rey Hassan II. Pero algunos podrían preguntarse: ¿Pero por qué el Papa va a ver a los musulmanes y no solo a los católicos? ¿Por qué hay tantas religiones? Con los musulmanes somos descendientes del mismo Padre, Abraham. ¿Por qué Dios permite que haya  tantas religiones? Dios ha querido permitirlo: los teólogos escolásticos se refirieron a la voluntas permissiva de Dios. Quería permitir esta realidad: hay tantas religiones; algunas nacen de la cultura, pero siempre miran al cielo, miran a Dios. Pero lo que Dios quiere es la fraternidad entre nosotros y de manera especial, -aquí está el motivo de este viaje- con nuestros hermanos hijos de Abraham como nosotros, los musulmanes. No debemos tener miedo de la diferencia: Dios lo ha permitido. Debemos tener miedo si no trabajamos en fraternidad, para caminar juntos en la vida.

Servir a la esperanza, en un tiempo como el nuestro, significa, ante todo, construir puentes entre las civilizaciones. Y para mí ha sido una alegría y un honor poder hacerlo con el noble Reino de Marruecos, encontrando a su pueblo y a sus gobernantes. Recordando algunas cumbres internacionales importantes que tuvieron lugar en ese país en los últimos años, reiteramos con el Rey Mohammed VI el papel esencial de las religiones en la defensa de la dignidad humana y la promoción de la paz, la justicia y el cuidado de la creación, que es nuestra casa común. Con  esta perspectiva, también firmamos un llamamiento por Jerusalén junto con el Rey, para que la Ciudad Santa se conserve como  patrimonio de la humanidad y lugar de encuentro pacífico, especialmente para los fieles de las tres religiones monoteístas.

Visité el Mausoleo de Mohammed V, rindiendo tributo a su memoria y a la de  Hassan II, así como el Instituto para la formación de los imanes, predicadores y predicadoras. Este Instituto promueve un Islam respetuoso de las otras religiones y rechaza la violencia y el fundamentalismo, es decir, subraya que todos somos hermanos y debemos trabajar por la fraternidad.

Dediqué una  atención especial a la cuestión de las migraciones, sea hablando con las autoridades, como en el encuentro dedicado específicamente a los migrantes. Algunos de ellos dieron testimonio de que la vida de quienes emigran cambia y vuelve a ser humana cuando encuentran una comunidad que los acoge como personas. Esto es fundamental. Precisamente en Marrakech, Marruecos, el pasado diciembre se ratificó el «Pacto mundial para una migración segura, ordenada y regular». Un paso importante de cara a que la comunidad internacional asuma su responsabilidad. Como Santa Sede, hemos ofrecido nuestra contribución que se resume en cuatro verbos: acoger a los migrantes, proteger a los migrantes, promover a los migrantes e integrar a los migrantes. No se trata de dejar caer desde arriba programas de asistencia social sino de recorrer  juntos un camino a través de estas cuatro acciones, para construir ciudades y países que, al tiempo que conservan sus respectivas identidades culturales y religiosas, estén abiertos a las diferencias y sepan cómo valorarlas en nombre de la fraternidad humana.  La Iglesia en Marruecos está muy comprometida en la cercanía a los migrantes. A mí no me gusta decir migrantes; me  gusta más decir personas migrantes. ¿Sabéis por qué?  Porque migrante es un adjetivo, mientras que el término persona es un sustantivo. Hemos caído en la cultura del adjetivo: usamos muchos adjetivos y a menudo olvidamos los sustantivos, esa es la sustancia. El adjetivo siempre debe estar vinculado a un sustantivo, a una persona; por lo tanto una persona migrante. Entonces hay respeto y no caemos en esta cultura de adjetivos que es demasiado líquida, demasiado gaseosa. La Iglesia en Marruecos, decía, está muy comprometida a estar cerca de las personas migrantes, por lo que quería manifestar mi agradecimiento y alentar a quienes se entregan con generosidad a  su servicio cumpliendo la palabra de Cristo: «Era forastero y me recibisteis» (Mt 25:35 ).

El domingo estuvo dedicado a la comunidad cristiana. En primer lugar, visité el Centro  Rural de Servicios Sociales, administrado por las religiosas Hijas de la Caridad, las mismas que tienen aquí en Santa Marta el dispensario y el ambulatorio para los niños y estas monjas trabajan con la colaboración de numerosos voluntarios, ofrecen varios servicios a la población.

En la catedral de Rabat encontré a los sacerdotes, a las personas consagradas y al Consejo Ecuménico de las Iglesias. Es un pequeño rebaño en Marruecos, y por eso recordé las imágenes evangélicas de la sal, de la  luz y de la levadura (ver Mt 5: 13-16; 13:33) que leímos al comienzo de esta audiencia. Lo que importa no es la cantidad, sino que la sal dé sabor,  que la luz brille y que la levadura tenga la fuerza de hacer  que toda la masa fermente. Y esto no proviene de nosotros, sino de Dios, del Espíritu Santo que nos hace testigos de Cristo allí donde estemos, en un estilo de diálogo y amistad, para vivirlo; ante todo, entre nosotros los cristianos, porque, dice Jesús, «por esto sabrán todos que sois mis discípulos: si os amáis los unos a los otros «(Jn 13:35).

Y la alegría de la comunión eclesial encontró su fundamento y  su plena expresión en la Eucaristía dominical, celebrada en un complejo deportivo de la capital. ¡Miles de personas de unas 60 nacionalidades diferentes! Una epifanía singular del Pueblo de Dios en el corazón de un país islámico. La parábola del Padre misericordioso hizo que  brillase en medio de nosotros la belleza del diseño de Dios, que quiere que todos sus hijos participen en su alegría, en la fiesta del perdón y la reconciliación. En esta fiesta entran los que saben reconocerse necesitados de la misericordia del Padre y regocijarse con Él cuando un hermano o una hermana regresan a casa. No es casualidad que allí donde los musulmanes invocan cada día al Clemente y al Misericordioso, haya resonado la gran parábola de la misericordia del Padre. Es así: solo aquellos que renacen y viven en el abrazo de este Padre, solo aquellos que se sienten  hermanos pueden ser servidores de la esperanza en el mundo.

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

El pasado fin de semana realicé un viaje apostólico a Marruecos, invitado por Su Majestad el rey Mohammed VI; a él y a las Autoridades marroquíes agradezco nuevamente su acogida y colaboración.

Con el lema “Servidor de la Esperanza”, pude dar otro paso en el camino del diálogo interreligioso con nuestros hermanos y hermanas musulmanes, recordando aquel encuentro entre san Francisco de Asís con el sultán al-Malik al-Kamil hace 800 años, y el viaje del Papa Juan Pablo II hace más de tres décadas.

Servir la esperanza quiere decir crear puentes entre las civilizaciones y, junto con el rey Mohammed VI, reiteramos que las religiones son esenciales para defender la dignidad humana, promover la paz y el cuidado de la creación. De forma conjunta, hicimos un llamamiento por Jerusalén, para que sea preservada como patrimonio de la humanidad y lugar de encuentro pacífico, de modo particular para los fieles de las tres religiones monoteístas.

El sábado visité el mausoleo de Mohammed V y rendí homenaje a su memoria como a la de Hassan II; además estuve en el Instituto de formación de los imanes y predicadores, que promueve un islam respetuoso y rechaza la violencia y el integrismo. De manera especial, presté atención a la cuestión migratoria, ofreciendo un camino a través de cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar.

El domingo estuvo dedicado a la comunidad cristiana. Visité el Centro Rural de Servicios Sociales, gestionado por las Hijas de la Caridad; después en la catedral de Rabat tuve un encuentro con sacerdotes, personas consagradas y el Consejo ecuménico de las Iglesias. La presencia de ellos en ese país es como la sal o la levadura que puede dar sabor y hacer crecer la masa. Concluí mi visita con la celebración de la Eucaristía en la que participaron miles de personas de unas 60 naciones diferentes, siendo esta una epifanía particular del Pueblo de Dios en el corazón de un país islámico.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y de Latinoamérica. Pidamos que Dios, el Clemente y Misericordioso —como lo invocan nuestros hermanos y hermanas musulmanes—, impulse el diálogo interreligioso y fomente los lazos de fraternidad que nos unen como hijos de un mismo Dios.

El Papa ha dicho al final de la catequesis:

Un pensamiento especial a los jóvenes, los ancianos, los enfermos y los recién casados. La Cuaresma que vivimos favorezca el acercamiento con Dios. Es un tiempo precioso para redescubrir la importancia de la fe en la vida cotidiana que, vivida a través del ejercicio de las obras de misericordia, reaviva en nosotros el amor del Padre y nos hace más conscientes de las necesidades de los que viven momentos difíciles.

Hoy se celebra el VI Día Mundial del Deporte para la Paz y el Desarrollo, convocado por las Naciones Unidas. El deporte es un lenguaje universal que abraza a todos los pueblos y contribuye a superar los conflictos y a unir a las personas. El deporte también es fuente de alegría y de grandes emociones, y es una escuela donde se forjan las virtudes para el crecimiento humano y social de las personas y las comunidades. Espero que todos “entren en juego”  en la vida como en el deporte.

Francisco

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