El Papa en la Audiencia 30-1-19: «Mientras haya jóvenes capaces de decir “heme aquí” a Dios, habrá futuro en el mundo»

* «Esta JMJ ha tenido una fuerte huella mariana, porque su tema eran las palabras de la Virgen al Ángel: “He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra “(Lc. 1, 38). Fue impresionante escuchar estas palabras pronunciadas por los representantes de los jóvenes de los cinco continentes y, sobre todo, verlas transparentarse en sus rostros. Ver todas las banderas desfilar juntas, danzar en las manos de los jóvenes alegres por  encontrarse es un signo profético, un signo que va en contra de la triste tendencia actual de los nacionalismos conflictivos, que levantan muros y se cierran a la universalidad, al encuentro entre los pueblos. Es una señal de que los jóvenes cristianos son levadura de paz en el mundo»

Video completo de la transmisión en directo realizada por 13 TV de la catequesis traducida al español y de la síntesis que el Papa ha hecho en nuestro idioma

* «Me ha llamado mucho la atención que la gente levantaba en  brazos a los niños. Cuando pasaba el papamóvil, todos con los niños, los levantaban como diciendo: “¡Mirad mi orgullo, aquí está mi futuro!”. Y enseñaban a los niños. ¡Eran tantos! Y los padres y las madres orgullosas de ese niño. Pensé: ¡cuánta dignidad en este gesto y cuánto es elocuente para el invierno demográfico que estamos viviendo en Europa! El orgullo de esa familia son los niños. La seguridad para el futuro son los niños. ¡El invierno demográfico sin niños es duro!»      

30 de enero de 2019.- (Camino Católico) Durante la Audiencia General de este 30 de enero en el Aula Pablo Vi, el Papa Francisco recordó su viaje apostólico a Panamá con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

El Papa invitó a dar gracias con él al Señor “por esta gracia que Él ha querido donar a la Iglesia y al pueblo de este querido país” y agradeció también a las autoridades civiles, eclesiales y a los voluntarios “por su acogida calurosa y familiar, la misma que hemos visto en la gente que en todas partes se apresuró a saludar con gran fe y entusiasmo”.

Como ya lo había confiado durante el vuelo de regreso a Roma durante la rueda de prensa, el Santo Padre destacó el gesto de los numerosos padres y madres que alzaban con los brazos a los niños cuando pasaba el papamóvil como diciendo: “he aquí mi orgullo, he aquí mi futuro”. “¡Cuánta dignidad en este gesto y cuánto es elocuente para el invierno demográfico que estamos viviendo en Europa! El orgullo de esa familia son los niños, la seguridad de esa familia son los niños, el invierno demográfico sin hijos es difícil, ¿no?”, expresó.

Además, el Papa Francisco recordó que esta JMJ fue precedida por el encuentro de cinco días entre los jóvenes indígenas y afroamericanos “un bello gesto” dijo el Papa quien aseguró que fue “una iniciativa importante que ha manifestado todavía mejor el rostro multiforme de la Iglesia en América Latina”, ya que, como recordó, “América Latina es mestiza”.

Posteriormente, el Papa destacó la llegada de los jóvenes de todo el mundo con la que “se ha formado la gran sinfonía de rostros e idiomas, típica de este evento”. “Ver todas las banderas desfilar juntas, danzar en las manos de los jóvenes alegres por encontrarse es un signo profético, un signo en contracorriente respecto a la triste tendencia actual a los nacionalismos conflictuales que alzan los muros, que se cierran a la universalidad, al encuentro con los pueblos”, explicó el Pontífice quien agregó que “es un signo que los jóvenes cristianos son en el mundo levadura de paz”.

Por otro lado, el Santo Padre recordó que esta JMJ tuvo una fuerte huella mariana porque el tema eran las palabras de la Virgen al ángel San Gabriel contenidas en el Evangelio de San Lucas “He aquí la sierva del Señor, se cumpla en mi según tu Palabra”. “Ha sido fuerte escuchar estas palabras pronunciadas por los representantes de los jóvenes de los cinco continentes, y sobretodo verlas mostrar en sus caras. Mientras haya nuevas generaciones capaces de decir “aquí estoy” a Dios, habrá futuro en el mundo”, afirmó.

En esta línea, el Santo Padre explicó que los jóvenes en Panamá llevaron “con Jesús y María el peso de la condición de tantos hermanos y hermanas sufrientes en América Central y en el mundo entero” entre los que se encuentran muchos jóvenes víctimas de diversas formas de esclavitud y de pobreza. Por ello, recordó en particular la Liturgia Penitencial celebrada en un Tutelar de menores y la visita a la casa familia “Buen Samaritano” que hospeda enfermos de Sida.

A los jóvenes les ha sido propuesta María “como aquella que, en su pequeñez, más que cualquier otro ha ‘influido’ en la historia del mundo: la hemos llamada la ‘influencer’ de Dios”, dijo el Papa quien señaló que María “en su ‘fiat’ se han reflejado los testimonios hermosos y fuertes de algunos jóvenes”.

En la Celebración Eucarística final, el Santo Padre dijo que “Cristo Resucitado, con la fuerza del Espíritu Santo, ha hablado nuevamente a los jóvenes del mundo llamándolos a vivir el Evangelio en el ‘hoy’, porque los jóvenes no son el ‘mañana’, son el ‘hoy para el mañana’, no son el ‘mientras tanto’ sino el hoy, el ahora de la Iglesia y del mundo”, dijo.

“Que pueda la familia de la Iglesia, en Panamá y en el mundo entero, recibir del Espíritu Santo nueva fecundidad siempre, para que continúe y se difunda sobre la tierra la peregrinación de los jóvenes discípulos misioneros de Jesucristo”, concluyó. En el vídeo superior de 13 TV se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy hablaré de mi reciente viaje apostólico a Panamá. Os  invito a dar gracias conmigo al Señor por esta gracia que ha querido dar a la Iglesia y al pueblo de ese amado país. Doy las gracias al Sr. Presidente de Panamá y a las otras autoridades, a los obispos, así como  a todos los voluntarios –había tantos-  por su calurosa y familiar bienvenida, la misma que hemos visto en la gente que en todas partes ha venido a saludar con gran fe y entusiasmo. Me ha llamado mucho la atención que la gente levantaba en  brazos a los niños. Cuando pasaba el papamóvil, todos con los niños, los levantaban como diciendo: “¡Mirad mi orgullo, aquí está mi futuro!”. Y enseñaban a los niños. ¡Eran tantos! Y los padres y las madres orgullosas de ese niño. Pensé: ¡cuánta dignidad en este gesto y cuánto es elocuente para el invierno demográfico que estamos viviendo en Europa! El orgullo de esa familia son los niños. La seguridad para el futuro son los niños. ¡El invierno demográfico sin niños es duro!

El motivo de este viaje ha sido  la Jornada Mundial de la Juventud; sin embargo a los encuentros con jóvenes se han entrelazado otros con la realidad del país: las autoridades, los obispos, los jóvenes reclusos, los consagrados y una casa-familia. Todo ha estado como “contagiado” y “amalgamado” por la alegre presencia de los jóvenes: una fiesta para ellos y una fiesta para Panamá, y también para toda América Central, marcada por tantos dramas y necesitada de esperanza y de paz, y también de justicia.

Esta Jornada Mundial de la Juventud estuvo precedida por el encuentro de  los jóvenes de los pueblos nativos y afroamericanos. Un hermoso gesto: han estado cinco días de encuentro, los jóvenes indígenas y afro-descendientes. Son muchos en esa región. Han abierto la puerta a la Jornada Mundial. Y esa es una iniciativa importante que ha mostrado todavía mejor el rostro multifacético de la Iglesia en América Latina: América Latina es mestiza. Luego, con la llegada de grupos de todo el mundo, se formó la gran sinfonía de rostros e idiomas, típica de este evento. Ver todas las banderas desfilar juntas, danzar en las manos de los jóvenes alegres por  encontrarse es un signo profético, un signo que va en contra de la triste tendencia actual de los nacionalismos conflictivos, que levantan muros y se cierran a la universalidad, al encuentro entre los pueblos. Es una señal de que los jóvenes cristianos son levadura de  paz en el mundo.

Esta JMJ ha tenido una fuerte huella mariana, porque su tema eran las palabras de la Virgen al Ángel: “He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra “(Lc. 1, 38). Fue impresionante escuchar estas palabras pronunciadas por los representantes de los jóvenes de los cinco continentes y, sobre todo, verlas transparentarse en sus rostros. Mientras haya nuevas generaciones capaces de decir “heme aquí” a Dios, habrá futuro en el mundo.

Entre las etapas de la JMJ siempre está el Vía Crucis. Caminar con María detrás de Jesús cargado con la cruz es la escuela de la vida cristiana: allí se aprende el amor paciente, silencioso, concreto. Os hago una confidencia: a mí me gusta mucho hacer el Vía Crucis porque es andar con María detrás de Jesús. Y siempre llevo conmigo, para hacerlo en cualquier momento, un Vía Crucis de bolsillo, que me regaló una persona muy apostólica en Buenos Aires. Y cuando tengo tiempo lo tomo y sigo el Vía Crucis. Haced vosotros también el Vía Crucis porque es seguir a Jesús con María en el camino de la cruz, donde él dio la vida por nosotros, por nuestra redención. En el Vía Crucis se aprende el amor paciente, silencioso y concreto. En Panamá, los jóvenes llevaban con Jesús y María la carga de la condición de tantos hermanos y hermanas que sufren en América Central y en todo el mundo. Entre ellos hay muchos jóvenes víctimas de diferentes formas de esclavitud y pobreza. Y en este sentido, fueron momentos muy significativos la liturgia penitencial que celebré en un Hogar de rehabilitación para menores y la visita a la Casa-familia “Buen Samaritano”, que alberga a personas afectadas por el VIH / SIDA,

La culminación de la JMJ y del viaje fueron la Vigilia y la Misa con los jóvenes. En la Vigilia,- en aquel campo lleno de jóvenes que hicieron la Vigilia, durmieron allí y a las ocho de la mañana participaron en la misa- ;en la Vigilia se renovó el diálogo vivo con todos los chicos y las chicas, entusiastas y también capaces de silencio y  de escucha. Pasábamos del entusiasmo a la escucha y a la oración en silencio. Les  presenté a María como aquella que, en su pequeñez, más que ninguna otra, ha “influido” en la historia del mundo: la llamamos la  “influencer de Dios”. En su “fiat” se han reflejado los testimonios hermosos y fuertes de algunos jóvenes. El domingo por la mañana, en la gran celebración eucarística final, Cristo resucitado, con la fuerza del Espíritu Santo, habló de nuevo a los jóvenes del mundo y los llamó a vivir el Evangelio en el  hoy, porque los jóvenes no son el “mañana”; no, son el “hoy” para el mañana. No son el “mientras tanto”, sino el hoy, el ahora  de la Iglesia y del mundo. Y he apelado a la responsabilidad de los adultos, para que a las nuevas generaciones no les falte la instrucción, el trabajo, la comunidad y la familia. Y esta es la clave en este momento en el mundo, porque todo esto falta. Instrucción, es decir, educación. Trabajo: cuántos jóvenes están sin él. Comunidad: que se sientan acogidos, en la familia, en la sociedad.

El encuentro con todos los obispos de América Central fue para mí un momento de especial consuelo. Juntos nos dejamos enseñar por el testimonio del santo obispo Oscar Romero, para aprender cada vez mejor cómo “sentir con la Iglesia”, -era su lema episcopal-, estando cerca de los jóvenes, los pobres, los sacerdotes, del santo pueblo fiel de Dios.

Y un fuerte valor simbólico tuvo la consagración del altar de la restaurada catedral de Santa María La Antigua, en Panamá. Estuvo cerrada siete años por restauración. Un signo de belleza redescubierta, para la gloria de Dios y para la fe y la fiesta de su pueblo. El crisma que consagra el altar es el mismo que unge a los bautizados, a  los confirmados, a los sacerdotes y a los obispos. ¡Qué la familia de la Iglesia, en Panamá y en todo el mundo, consiga del Espíritu Santo una fecundidad siempre nueva, para que la peregrinación de los jóvenes discípulos misioneros de Jesucristo prosiga y se difunda en la tierra!

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos:

Deseo referirme a mi reciente viaje a Panamá, con motivo de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud, que tenía como lema las palabras de María: Aquí está la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra. En primer lugar, doy gracias a Dios por la presencia de tantos jóvenes que han contagiado a todo el País y a toda América Central con la alegría y la fe. Agradezco también a las autoridades, a los obispos, a los habitantes y a todos los voluntarios por su afectuosa acogida.

Los jóvenes cristianos, provenientes de tantos países, tantas culturas diversas, también de pueblos nativos y afroamericanos, han puesto de manifiesto la belleza del rostro multiforme de la Iglesia, y con su deseo de encontrarse han dado al mundo un verdadero testimonio de paz. En el Via crucis y en la Liturgia penitencial en el Centro de Reeducación, los jóvenes han compartido con Jesús y María el sufrimiento de tantas personas del mundo entero. Durante la Vigilia y la Misa, culmen de la Jornada Mundial de la Juventud, les propuse a los jóvenes el ejemplo de María que con su fiat –hágase– ha sido la persona que más ha influido en el mundo, y los invité a vivir el Evangelio en el hoy, porque los jóvenes son el hoy de la Iglesia y del mundo. En el encuentro con los Obispos recordamos la figura de san Óscar Romero, aprendiendo de su testimonio de vida y de su cercanía con el pueblo de Dios. Por último, la consagración del altar de la Catedral restaurada de Santa María La Antigua, nos recordó la unción del Espíritu Santo de la que participa todo el pueblo de Dios por el bautismo.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española  provenientes de España y de América Latina. Encomendemos a la Virgen María de modo especial a los jóvenes, para que el Espíritu Santo los llene con la gracia de sus dones y caminando como auténticos discípulos misioneros de Cristo sean en el mundo fermento de paz y alegría. Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

El Papa ha dicho al final de la catequesis:

Dirijo un pensamiento especial a los jóvenes, los ancianos, a los enfermos y a los recién casados.

Mañana celebraremos la memoria de San Juan Bosco, padre y maestro de jóvenes: ¡Un buen cura! Don Bosco sabía cómo hacer sentir el abrazo de Dios a todos los jóvenes que conocía, ofreciéndoles una esperanza, un hogar, un futuro. ¡Qué su testimonio nos ayude a todos a considerar lo importante que es educar a las nuevas generaciones en los valores humanos y espirituales auténticos!

Francisco

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