El Papa en la Audiencia 5-9-18: «El domingo es el día para decirle a Dios: Gracias Señor por la vida, por tu misericordia, por todos tus dones»

* «Hoy el centro de gravedad del concepto de vida no es la actividad y el compromiso, sino la evasión. Ganar dinero por divertirse, satisfacerse. La imagen modelo es la de una persona con éxito  que puede permitirse espacios de placer amplios y diferentes. Pero esta mentalidad resbala hacia la insatisfacción de una existencia anestesiada por la diversión que no es descanso, sino alienación y escape de la realidad. El hombre nunca ha descansado tanto como hoy y ¡sin embargo, el hombre nunca ha experimentado tanto vacío como hoy! Las posibilidades de divertirse, de salir, los cruceros, los viajes, tantas cosas no te dan la plenitud del corazón. Todavía más: no te hacen descansar… La vida se vuelve hermosa cuando el corazón se abre a la Providencia y se descubre que es verdad lo que dice el salmo «En Dios solo el descanso de  mi alma» (62: 2). Es bella esta frase del salmo: En Dios solo el descanso de  mi alma»»

Video completo de la transmisión en directo realizada por 13 TV de la catequesis traducida al español y de la síntesis que el Papa ha hecho en nuestro idioma

* «Ser introducido en el descanso auténtico es una obra de Dios en nosotros, pero requiere que nos alejemos de la maldición y de su encanto (ver Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, 83). Efectivamente,  es muy fácil doblegar el corazón a la infelicidad, enfatizar las razones del descontento. La bendición y la alegría implican una apertura al bien que es un movimiento adulto del corazón. El bien es amable y nunca se impone. Debe elegirse. La paz se elige, no se puede imponer y no se encuentra por casualidad. Alejándose de los amargos pliegues de su corazón, el hombre necesita hacer las paces con aquello de lo que huye»                                       

5 de septiembre de 2018.- (CaminoCatólico.com)  En la catequesis durante su Audiencia General en el miércoles 5 de setiembre el Papa Francisco continuó reflexionando sobre los diez mandamientos, y se centró en el tercero de ellos, aquel que habla del descanso semanal. Descansar no es fácil, – dijo – porque hay un descanso falso y descanso verdadero. “¿Cómo reconocerlos?”, preguntó.

En primer lugar el Santo Padre posó su pensamiento en la sociedad de hoy, sedienta de diversión y de vacaciones, con una publicidad que diseña el mundo ideal como “un gran parque de juegos donde todos se divierten”, cuya “imagen modelo” es la de una persona de éxito que puede permitirse amplios y diversos espacios de placer.

Se trata, advirtió el Papa, de “una mentalidad que hace caer en la insatisfacción de una existencia anestesiada por la diversión que no es descanso, sino alienación y fuga de la realidad”. “¡El hombre no ha descansado nunca tanto como hoy, y sin embargo el hombre nunca ha experimentado tanto vacío como hoy!”

Dios, en el Decálogo, muestra otra luz de lo que es el descanso, que es “la contemplación y la alabanza”. “Al descanso como fuga de la realidad, el Decálogo opone el descanso como bendición de la realidad”, añadió.

“Para nosotros cristianos, el día del Señor es el domingo, y en la eucaristía, que significa ‘dar gracias’, se encuentra el culmen de esa jornada de contemplación y bendición, en la que acogemos la realidad y alabamos al Señor por el don de la vida, dándole gracias por su misericordia y por todos los bienes que nos concede”.

El Papa puso en guardia sobre cuán fácil es doblegar el corazón a la infelicidad, subrayando los motivos de descontento, mientras que en cambio la bendición y la alegría implican una apertura al bien. Un bien que no se impone sino que se elige, como la paz. “La verdadera paz – afirmó Francisco – no es cambiar la propia historia, sino acogerla y valorizarla”. Y así, “el reposo es también un momento propicio para la reconciliación, para confrontarnos con las dificultades sin escapar de ellas, para encontrar la paz y la serenidad de quien sabe valorizar lo bueno que tiene, incluso en el lecho del dolor o en la pobreza.

En la conclusión de su catequesis en español el Papa animó “a abrir el corazón a la Providencia divina y a descubrir la profunda verdad del Salmo: «Solo en Dios descansa mi alma»; y que, junto con la Virgen María, acojamos al Espíritu Santo para seguir las huellas de Cristo en el camino de la vida”. En el vídeo superior de 13 TV se visualiza y escucha la catequesis traducida al español y la síntesis que el Santo Padre ha hecho en nuestro idioma, cuyo texto completo es el siguiente:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El viaje a través del Decálogo nos lleva hoy al mandamiento del día de descanso. Suena como un mandamiento fácil de cumplir, pero es una impresión equivocada. Descansar realmente no es fácil, porque hay un descanso falso y un descanso verdadero. ¿Cómo podemos  reconocerlos?

La sociedad actual está sedienta  de entretenimiento y vacaciones. La industria de la distracción es muy floreciente y la publicidad dibuja el mundo ideal como un gran parque de atracciones donde todos se divierten.  Hoy el centro de gravedad del concepto de vida no es la actividad y el compromiso, sino la evasión. Ganar dinero por divertirse, satisfacerse. La imagen modelo es la de una persona con éxito  que puede permitirse espacios de placer amplios y diferentes. Pero esta mentalidad resbala hacia la insatisfacción de una existencia anestesiada por la diversión que no es descanso, sino alienación y escape de la realidad. El hombre nunca ha descansado tanto como hoy y ¡sin embargo, el hombre nunca ha experimentado tanto vacío como hoy! Las posibilidades de divertirse, de salir, los cruceros, los viajes, tantas cosas no te dan la plenitud del corazón. Todavía más: no te hacen descansar.

Las palabras del Decálogo buscan y encuentran el corazón del problema, arrojando una luz diferente sobre lo que es el descanso.  El mandamiento tiene un elemento peculiar: proporciona una motivación. El descanso en el nombre del Señor tiene un motivo preciso: «Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó. Por eso el Señor bendijo el día del sábado y lo hizo sagrado» (Éxodo 20:11).

Esto nos lleva al final de la creación cuando Dios dice: «Vio Dios cuanto había hecho y todo era bueno» (Gen 1:31). Y entonces comienza el día del descanso, que es la alegría de Dios por lo que ha creado. Es el día de la contemplación y la bendición.

¿Qué es el descanso según este mandamiento? Es el momento de la contemplación, es el momento de la alabanza, no de la evasión. Es el tiempo de mirar la realidad y decir: ¡qué bella es la vida! Al descanso como un escape de la realidad, el Decálogo contrapone el descanso como una bendición de la realidad. Para nosotros los cristianos, el centro del día del Señor, el domingo, es la Eucaristía, que significa «acción de gracias». Es el día para decirle a Dios: Gracias Señor por la vida, por tu misericordia, por todos tus dones. El domingo no es el día para borrar los otros días sino para recordarlos, bendecirlos y hacer las paces con la vida, ¡Cuánta gente hay que tiene tantas posibilidades de divertirse, y no vive en paz con la vida! El domingo es el día para hacer las paces con la vida, diciendo: la vida es preciosa; no es fácil, a veces es dolorosa, pero es preciosa.

Ser introducido en el descanso auténtico es una obra de Dios en nosotros, pero requiere que nos alejemos de la maldición y de su encanto (ver Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, 83). Efectivamente,  es muy fácil doblegar el corazón a la infelicidad, enfatizar las razones del descontento. La bendición y la alegría implican una apertura al bien que es un movimiento adulto del corazón. El bien es amable y nunca se impone. Debe elegirse.

La paz se elige, no se puede imponer y no se encuentra por casualidad. Alejándose de los amargos pliegues de su corazón, el hombre necesita hacer las paces con aquello de lo que huye. Es necesario reconciliarse con la propia historia, con hechos que uno no acepta, con las partes difíciles de la propia existencia. Os pregunto ¿cada uno de vosotros se ha reconciliado con su propia historia? Una pregunta para pensar: Yo, ¿me he reconciliado con mi historia? La verdadera paz, de hecho, no es cambiar la propia historia sino aceptarla y valorizarla, así como ha sido,

¡Cuántas veces nos hemos encontrado con cristianos enfermos que nos han consolado con una serenidad que no se encuentra en los vividores ni en los hedonistas! Y hemos visto personas humildes y pobres regocijarse con pequeñas gracias con una felicidad que sabía a eternidad.

El Señor dice en el Deuteronomio: «Te pongo delante vida o  muerte, bendición o maldición. Escoge la vida, para que vivas tú y tu descendencia” «(30:19). Esta elección es el «fiat» de la Virgen María, es una apertura al Espíritu Santo que nos sitúa tras las huellas de Cristo. Aquel  que se entrega al Padre en el momento más dramático y emprende así el camino que conduce a la Resurrección.

¿Cuándo se vuelve hermosa la vida? Cuando se comienza a pensar bien de ella, cualquiera que sea nuestra historia. Cuando se abre camino el don de una duda: el de que todo sea gracia, [1] y ese santo pensamiento desmorona el muro interior de la insatisfacción, inaugurando el auténtico descanso. La vida se vuelve hermosa cuando el corazón se abre a la Providencia y se descubre que es verdad lo que dice el salmo «En Dios solo el descanso de  mi alma» (62: 2). Es bella esta frase del salmo: En Dios solo el descanso de  mi alma».

Después, al saludar a los peregrinos de lengua española, el Papa ha dicho:

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy reflexionamos sobre el tercer mandamiento: «Fíjate en el sábado para santificarlo». Se debe distinguir entre el verdadero descanso y la evasión, tan común en nuestros días. Hoy se intenta evadir la realidad buscando una diversión que oculte nuestro descontento.

El sentido del auténtico reposo lo encontramos en las palabras del Éxodo: «Dios hizo el mundo en seis días, y el séptimo descansó». Ese descanso es la alegría de Dios por su creación, que era muy buena.

Para nosotros cristianos, el día del Señor es el domingo, y en la eucaristía, que significa “dar gracias”, se encuentra el culmen de esa jornada de contemplación y bendición, en la que acogemos la realidad y alabamos al Señor por el don de la vida, dándole gracias por su misericordia y por todos los bienes que nos concede.

El reposo es también un momento propicio para la reconciliación, para confrontarnos con las dificultades sin escapar de ellas, para encontrar la paz y la serenidad de quien sabe valorizar lo bueno que tiene, incluso en el lecho del dolor o en la pobreza.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina.

Los animo a abrir el corazón a la Providencia divina y a descubrir la profunda verdad del Salmo: «Solo en Dios descansa mi alma»; y que, junto con la Virgen María, acojamos al Espíritu Santo para seguir las huellas de Cristo en el camino de la vida. Muchas gracias.

El Papa ha dicho al final de la catequesis:

Un pensamiento particular a los jóvenes, a los ancianos, a los enfermos y a los recién casados. El próximo sábado es la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María. El aniversario coincide con el final del verano y de  la cosecha, y nos recuerda que Dios es fiel a sus promesas y, en Nuestra Señora ha preparado un templo vivo en el que su Hijo, encarnándose, quiso habitar entre nosotros y adquirirnos la salvación. ¡Dios os bendiga!

Francisco

[1] Cómo nos recuerda Santa Teresita del Niño Jesús, tomada de G. Bernanos, Diario de un cura rural.

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