El Papa en Santa Marta 16-10-18: «Atentos ante los cristianos ‘perfectos’. La salvación es un don gratuito de Dios. Nadie se salva a sí mismo, nadie»

* «Tengan cuidado de los rígidos. Estén atentos ante los cristianos -ya sean laicos, sacerdotes, obispos- que se presentan tan ‘perfectos’, rígidos. Estén atentos. No está el espíritu de Dios allí. Falta el espíritu de la libertad. Y tengamos cuidado con nosotros mismos, porque esto debe llevarnos a pensar en nuestras vidas. Yo trato de ver las apariencias solamente? ¿Y no cambio mi corazón? ¿No abro mi corazón a la oración, a la libertad de oración, a la libertad de limosna, a la libertad de las obras de misericordia?»

16 de octubre de 2018.- (Caminocatólico.com) “La salvación es un don del Señor”, Él nos da “el espíritu de la libertad”. Lo afirmó el Papa Francisco esta mañana en su homilía en la Misa en Casa Santa Marta. El Papa recomienda estar atentos a los hipócritas cuyos corazones no están abiertos a la gracia.

El Papa comenta el pasaje del Evangelio hodierno, en el que Jesús, invitado a comer por un fariseo, se sienta a la mesa sin hacer primero las abluciones previstas por la ley, recordando la dura respuesta de Jesús a la “maravilla” de aquel fariseo.

Los doctores de la Ley se escandalizan de Jesús

Francisco enfatiza la diferencia entre el amor de la gente por Jesús, porque llegaba a sus corazones, y también un poco por interés, y el odio de los doctores de la Ley, escribas, saduceos, fariseos que lo seguían para pillarlo en falta. Ellos eran los “puros”:

“Eran realmente un ejemplo de formalidad. Pero les faltaba vida. Eran -por así decirlo- “almidonados”. Eran unos rígidos. Y Jesús conocía sus almas. Esto nos escandaliza, porque ellos se escandalizaban por las cosas que hacía Jesús cuando perdonaba los pecados, cuando sanaba el sábado. Se quitaban las vestiduras. “¡Oh! ¡Qué escándalo! Esto no es de Dios, porque se debe hacer esto. No les importaba la gente: les importaba la ley, las prescripciones, las rúbricas”.

Ustedes son como tumbas blanqueadas

Pero Jesús acepta la invitación del fariseo a almorzar, porque es libre, y va. Y al fariseo, escandalizado por su comportamiento que va más allá de las reglas, Jesús le dice: ‘Ustedes fariseos, limpian por fuera la copa y el plato, mientras por dentro rebosan de robos y maldades’.  Esas no son lindas palabras, eh? Jesús hablaba claro, no era hipócrita. Hablaba claro. Él les dice: ‘¿Por qué miran hacia fuera? Miren dentro lo que es’. Otra vez les había dicho: ‘ Ustedes son tumbas  blanqueadas’. Bonito cumplido, ¿eh? Hermosos de afuera, todos perfectos….todos perfectos…. Pero por dentro, lleno de podredumbre, de avaricia, maldad. Jesús distingue las apariencias de la realidad interna. Estos señores son los ‘doctores de las apariencias’: siempre perfectos, pero ¿qué hay dentro?

A los hipócritas sólo les importa la apariencia

Francisco recuerda otros pasajes del Evangelio en los que Jesús condena a estas personas, como la parábola del buen samaritano o donde se habla de su ostentosa forma de ayunar y dar limosna. Porque, dice el Papa, estaban “interesados en la apariencia”. “Jesús califica a esta gente con una palabra: ‘hipócrita.” Gente con un alma codiciosa, capaz de matar. “Y capaz de pagar para matar o calumniar, como se hace hoy. Incluso hoy se hace así: se paga para dar malas noticias, noticias que ensucien a los demás”.

Detrás de la rigidez hay serios problemas

En una palabra, continúa Francisco, los fariseos y los doctores de la Ley eran personas rígidas, no dispuestas a cambiar. “Pero siempre, bajo o dentro de una rigidez -dice el Papa- hay problemas. Graves problemas (…) Detrás de las apariencias de buen cristiano, apariencias quede claro, que siempre trata de figurar, de maquillarse el alma, hay problemas. Allí no está Jesús. Ahí está el espíritu del mundo”.

¿Y yo, abro mi corazón?

Y Jesús los llama ‘necios’ y les aconseja que abran sus almas al amor para que la gracia pueda entrar. Porque la salvación “es un don gratuito de Dios. Nadie se salva a sí mismo, nadie. Nadie se salva ni siquiera con las prácticas de esta gente”. Finalmente, una advertencia:

“Tengan cuidado de los rígidos. Estén atentos ante los cristianos -ya sean laicos, sacerdotes, obispos- que se presentan tan ‘perfectos’, rígidos. Estén atentos. No está el espíritu de Dios allí. Falta el espíritu de la libertad. Y tengamos cuidado con nosotros mismos, porque esto debe llevarnos a pensar en nuestras vidas. Yo trato de ver las apariencias solamente? ¿Y no cambio mi corazón? ¿No abro mi corazón a la oración, a la libertad de oración, a la libertad de limosna, a la libertad de las obras de misericordia?”

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