El rabino Setbon empezó a interesarse por la Cruz a los 7 años, «asustó» al primer cura con quien habló… y se convirtió al catolicismo treinta años después

La muerte de su esposa, el ejemplo del cardenal Lustiger y una estampa de la Sábana Santa jalonaron su proceso de conversión

26 de febrero de 2013.- (José María Ballester / Religión en Libertad / Camino Católico)  El ser de un padre rabino ultraortodoxo y de ascendencia sefardita y de una madre de origen ashkenazi no fue óbice para que Jean-Maríe Elie Setbon sintiese atracción por la religión católica desde que tenía siete años. No fue un capricho momentáneo y la atracción fue arraigándose hasta que un domingo, cuando tenía quince años, decidió asistir a su primera misa en una iglesia del barrio parisino de Montmartre. Y con osadía: fue a comulgar. 

Volvió a esa misa todos los domingos durante tres años y, a escondidas –temía la reacción de sus familiares-, compró un Nuevo Testamento y un crucifijo. Para entonces ya había cumplido los dieciocho años, una edad, pensó, lo suficientemente avanzada para dar el paso definitivo. Estimó que la forma más adecuada era contárselo a un cura en un confesionario.

El susto del cura

-Mire, soy judío y quiero convertirme

-¿Q, q,q, qué me está diciendo? -tartamudeó el cura-. Uf, uf, espéreme aquí, que vuelvo en unos instantes.

Nunca volvió. Del disgusto y del miedo, Setbon salió disparado de la Iglesia y decidió centrarse en su religión: durante ocho años siguió una formación rabínica en Tierra Santa pero sin olvidar del todo la Cruz. De vuelta a Francia, fue nombrado rabino en Grenoble, al pie de los Alpes. Se casó y tuvo siete hijos, a los que dio nombres de claras reminiscencias judías: Raquel, Rebeca, Débora….

Una vida monótona de rabino -en la imagen de la derecha- parecía trazada. Sin embargo, en 2004, su esposa fallece de cáncer y Setbon se queda de “padre en el hogar” con siete hijos. Fueron años de auténtica precariedad material: el rabino y sus hijos tuvieron que esperar tres años para disfrutar de su primer día, solo uno, de vacaciones. Fue el 6 de agosto de 2007 en una playa normanda. 

El mismo día que Lustiger

La visión del mar le produjo extrañas sensaciones. Se atreve a relacionarlo con la muerte, ese mismo día, del cardenal Jean-Marie Lustiger, que también emprendió el camino del judaísmo al catolicismo. De vuelta a París, las sensaciones se intensifican. Setbon no para de hacerse la señal de la Cruz. Esta vez sí, su conversión va a ser definitiva.

Inicia una preparación al catecumenado en las Hermanitas de Belén en París. No fue fácil. Según declaró a Famille Chrétienne, él quería conocer a Cristo pero le contestaban: “Sí, pero la Iglesia piensa esto, esto y esto…”. Elaboró entonces una lista de objeciones que presentó a Cristo: “Señor, el rabinito está harto: o me ayudas o lo dejo todo”.

La respuesta vino poco después, cuando se topó con una imagen de la Sábana Santa. Le dijo al Señor: “Deja de jugar al escondite o estallo. No me muevo de aquí hasta que no me hagas una señal”. En ese mismo instante, el rostro de Cristo le volvió a mirar y… “Llegó la Luz: creí todo, acepté todo, incluida la Iglesia: el Señor me abrió a la inteligencia de las Escrituras”.

El 14 de septiembre de 2008, Setbon fue admitido en la Iglesia mediante el sacramento del bautismo. Desde entonces es Jean-Marie Elie. Jean-Marie, su nombre de bautismo; Elie, el que llevaba hasta entonces. Era la culminación de un proceso que había durado 37 años, desde el día en que empezó a sentir atracción por Cristo. 

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