El recuerdo de la muerte en los Padres del Desierto / Por P. José María Prats

«Tú, si quieres salvarte, conviértete en un muerto y, como los muertos, no tengas en cuenta ni los desprecios de los hombres ni sus alabanzas»

4 de marzo de 2015.- (P. José María Prats Camino Católico) Durante el tiempo de Cuaresma se nos invita especialmente a tomar conciencia de la caducidad de nuestra vida en la tierra para aspirar más intensamente a las realidades eternas. De hecho, una de las fórmulas para imponer la ceniza al inicio de la Cuaresma dice: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás».

Los Padres del Desierto y toda la espiritualidad monástica insisten mucho en este punto. Para vivir como hombres libres y edificar el Reino de Dios tenemos que morir al mundo y a las pasiones que nos esclavizan. Algunos monjes llegaban incluso a encerrarse durante meses en un sepulcro para interiorizar esta muerte a las pasiones, afanes y glorias del mundo y alcanzar así la libertad y la impasibilidad. Los siguientes apotegmas reflejan muy bien esta mentalidad:

–    «Un hermano fue a buscar a Macario el Egipcio y le dijo: «Apa, dime una palabra a fin de que me salve». Y el Anciano dijo: «Ve al cementerio e injuria a los muertos». El hermano fue, los injurió y les arrojó piedras; después regresó para informar al Anciano. Este le dijo: «¿No te dijeron nada?» El respondió que no. El Anciano le dijo: «Regresa allí mañana y alábalos». Entonces el hermano fue y los alabó diciendo: «Apóstoles, santos y justos» y regresó con el Anciano y le dijo: «Ya cumplí la orden». Macario le preguntó: «¿No te respondieron nada?» El hermano dijo que no. El Anciano le dijo: «Tú sabes qué insultos les dirigiste, sin que ellos te respondieran y qué alabanzas sin que ellos te hablaran. Así también tú, si quieres salvarte, conviértete en un muerto y, como los muertos, no tengas en cuenta ni los desprecios de los hombres ni sus alabanzas.»

–    El abba Poimén, preocupado por las conversaciones de su hermano fuera de la celda dijo al abba Ammonas: «”Paesios, mi hermano, conversa con alguien, por eso yo no descanso”. Y Ammonas le dijo: “Poimén, ¿vives aún? Ve, siéntate en tu celda y graba en tu memoria que estás, desde hace un año, en el sepulcro”.»

Pero esta actitud que a primera vista parece deprimente, resulta ser todo lo contrario. Arrancados del lodo de las ambiciones y vanidades del mundo, el pensamiento y la afectividad adquieren una gran luz que les lleva espontáneamente a centrarse en lo único verdaderamente consistente e imperecedero: la comunión con Dios. Y desde ahí se piensa, habla y actúa con una valentía, alegría, libertad y objetividad extraordinarias. Así lo expresan los Padres:

–    «Preguntaron a un anciano: “¿Por qué tengo miedo cuando voy al desierto?”. Y respondió: “Porque vives todavía”.»

–    «Dijo un anciano: “El hombre que tiene siempre presente su muerte, a todas horas vence el desaliento”.»

Vivimos en una sociedad que se empeña en ignorar la realidad de la muerte y por ello vive cada vez más esclavizada y deprimida. En cambio, las personas que por un accidente o una enfermedad han podido experimentar la cercanía de la muerte sienten a menudo renacer en su interior una alegría, una libertad y una profundidad nuevas. Ojalá que esta Cuaresma produzca en nosotros estos mismos frutos.

P. José María Prats

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