Emmanuel Odokonyero ante el Papa: “He perdonado a quienes me secuestraron y torturaron porque Jesucristo venció el poder de la muerte sufriendo en la cruz”

“El ejército de rebeldes autodenominado la Resistencia del Señor, atacó el Seminario menor Sagrado Corazón  en la ciudad de Lacor. Secuestraron a 41 estudiantes seminaristas, incluido yo. En la cautividad pasamos hambre, fuimos golpeados y quemados en la piel de nuestras espaldas y a algunos de nosotros nos marcaron el signo de la cruz, heridas que aún hoy conservamos. Otros tenían sus piernas hinchadas, inflamadas, mientras que otros de nuestros amigos fueron asesinados. Gracias a Dios, conseguí escapar el 11 de agosto de 2003 de Namokora”

29 de noviembre de 2015.- (Radio Vaticano Camino Católico)  El Papa Francisco improvisó su discurso en español el sábado 28 de noviembre en su encuentro con los jóvenes de Uganda. Ante la multitud congregada en el Kololo Air Strip de la ciudad de Kampala, el Santo Padre les alentó a no dejar nunca de rezar, pues la oración es el arma más fuerte que tienen los jóvenes.

En un ambiente de emoción y de entusiasmo los jóvenes recibieron al Santo Padre con cánticos y sonrisas. Tras el saludo de Monseñor Paul Semogerere, presidente de la Comisión para el Apostolado de laicos de la Conferencia Episcopal de Uganda, el Papa escuchó los conmovedores testimonios de vida de dos jóvenes.

Emmanuel Odokonyero relató que fue secuestrado por el terrorista Ejército de Resistencia del Señor (“Lord’s Resistance Army”) junto a otros 41 estudiantes del Seminario Menor del Sagrado Corazón, en la ciudad de Lacor (norte de Uganda) en 2003. Emmanuel fue torturado junto a sus compañeros y vio morir asesinados a muchos de ellos. Pero “por la gracia de Dios”, logró escapar el 11 de agosto de 2003. Este es su testimonio completo:

Santo padre, queridos amigos; fue el 11 de mayo de 2003 a las once de la noche, cuando el ejército de rebeldes autodenominado la Resistencia del Señor, atacó el Seminario menor Sagrado Corazón  en la ciudad de Lacor. Rompieron una ventana y empujaron dentro a un niño  para que abriera la puerta de un dormitorio del que secuestraron a 41 estudiantes seminaristas, incluido yo. Abandonamos el edificio de la escuela sobre las 2 de la mañana y caminamos hasta las cuatro, momento en el que nos reunimos con un grupo aún más grande de personas también secuestradas. Debido al temor de que los helicópteros de búsquedas nos encontraran, nos separaron en grupos más pequeños para que no pudiéramos organizarnos y escapar.

 Así, en la cautividad, tuvimos que enfrentarnos a muchos desafíos: pasamos hambre, padecimos la precariedad de nuestro refugio, fuimos golpeados y quemados en la piel de nuestras espaldas con «pangas calientes», que son unos cuchillos con los que a algunos de nosotros nos marcaron el signo de la cruz, heridas que aún hoy conservamos. Otros tenían sus piernas hinchadas, inflamadas, mientras que otros de nuestros amigos fueron asesinados. Yo mismo fui torturado. Me ataron las manos con violencia a mis espaldas y apenas podía respirar. En estas condiciones deseaba pedirles que me mataran antes que sufrir semejante dolor.

Gracias a Dios, conseguí escapar el 11 de agosto de 2003 de Namokora, el sub condado del distrito de Kitgum, donde fuimos obligados a cruzar la frontera. Mi destino no estaba en mis manos ni en mi control, fue Dios misericordioso quien me guió y me condujo a dar esos pasos y poder huir. Hoy, mi corazón está lleno de dolor y de pena por todos aquellos que perdieron sus vidas en ese secuestro. Les pido a todos los aquí reunidos, que recen por los once seminaristas restantes y por todos aquellos que están secuestrados y retenidos contra su voluntad, para que la fuerza de Dios Todopoderoso los proteja y los traiga de vuelta con nosotros.

En cuanto a todos aquellos que nos torturaron, estoy contento de que mi corazón haya encontrado el amor, el perdón, la paz y la alegría. Los he perdonado porque Jesucristo venció el poder de la muerte sufriendo en la cruz. A pesar de todos estos desafíos dolorosos que tuve que enfrentar en el secuestro, cuando escapé, no me di por vencido. Gracias al apoyo de gente amable y buena, volví a la escuela y me gradué en la carrera de Administración de Empresas. Santo Padre, agradezco su presencia aquí entre nosotros y su testimonio de Paz y de perdón. Queridos jóvenes, en medio de las tentaciones y de otros retos que se nos presentan en nuestras vidas, permanezcamos fuertes en nuestra fe, creyendo y depositando nuestra confianza en Jesucristo, Nuestro Señor.

Emmanuel Odokonyero

Leer el texto completo y ver el vídeo del discurso del Papa a los jóvenes

 

 

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