Francisco María Spinto, un moribundo bebé recién nacido en Congo, que volvió a la vida y hoy tiene 11 años, protagonista del milagro que canoniza al padre Francesco Spinelli

* Los hechos sucedieron en el Hospital maternal de Binza, en Kinshasa, capital de República Democrática del Congo. En este lugar, que recibe entre 20 a 30 niños a diario, las Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento, fundadas por el padre Spinelli realizan su trabajo apostólico, y oraron para que el bebé dado por muerto por los médicos pudiera vivir.

* La hermana Adeline, la monja Adoratriz responsable de la maternidad de Binza, quien testifica: «Salí de la habitación y me fui a casa; allí encontré a mi superiora, la hermana Antonietta Musoni (de Pozzaglio), y le dije: Hermana Antonietta, ore, hay un niño que está a punto de morir». Encendiendo una vela en la capilla, frente a la imagen del Padre Fundador, la Hermana Adeline rezó al Padre Francesco Spinelli: «Padre, ayúdanos a ayudar a este niño que está a punto de morir; pongo mi confianza solo en ti». Luego, tomó una foto del padre Francisco y la deslizó debajo de las sábanas del niño quien yacía indefenso en la cama. De repente, donde durante casi una hora todos buscaron una vena, los testigos dijeron que habían visto «como por un milagro» una gran vena, como la de un hombre adulto, para que, sin ningún problema, pudieran ingresar la aguja para realizar la transfusión

CaminoCatólico.com.-  El padre Francesco Spinelli, fundador del Instituto de las Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento, será canonizado por el Papa Francisco este próximo domingo 14 de octubre, gracias al milagro obrado en el año 2007 en Francisco María Spinto, un recién nacido, que actualmente tiene 11 años, de la República Democrática del Congo, en África. Los hechos sucedieron en el Hospital maternal de Binza, en Kinshasa, capital de República Democrática del Congo. En este lugar, que recibe entre 20 a 30 niños a diario, las Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento, fundadas por el padre Spinelli realizan su trabajo apostólico, y oraron para que el bebé dado por muerto por los médicos pudiera vivir, puesto que por los recursos y el estado del pequeño no conseguían poder realizar la transfusión de sangre que precisaba.

El 25 de abril de 2007 nació el pequeño Ambrosio María. La mamá e hijo están bien, tanto que en la mañana del 28 de abril ambas son dadas de alta del Hospital maternal de Binza. Es justo allí cuando, cuando la madre camina a casa que, por un paso en falso, instintivamente estrecha al bebé en sus brazos. Ese apretón provoca una hemorragia en el niño que, en poco tiempo, pierde una gran cantidad de sangre. La madre, entonces, asustada, apenas dos horas después de haber recibido el alta médica, regresa a la maternidad para que el personal atienda al recién nacido.

Las religiosas que reciben al niño son inmediatamente conscientes de la seriedad del caso. La única posibilidad de salvación es hacer una transfusión de sangre nueva para reemplazar la gran cantidad que el bebé ya ha perdido. Pero el estado del trastorno es tan avanzado que las pequeñas venas del niño se aplanan. Médicos, técnicos y enfermeras, durante 45 minutos tratan desesperadamente de encontrar una vena en la que puedan insertar la jeringa de transfusión. Pero sin éxito.

La situación empeora, no pueden hacer más de lo que están intentando; tal vez si el accidente hubiese ocurrido en Europa o en los Estados Unidos habrían otras opciones para atender al bebé, pero en un centro médico del continente africano el único recurso es encontrar una vena ¡Aquella vena que no encuentran! Aproximadamente una hora después de la entrada del recién nacido el médico a cargo declara la muerte segura. «En cierto momento el niño respiró hondo, como si fuera su último suspiro»: así lo recuerda la hermana Adeline, quien en aquel momento estaba segura de la inminente muerte del recién nacido.

Pero es ella, la hermana Adeline, la monja Adoratriz responsable de la maternidad de Binza, quien testifica: «Salí de la habitación y me fui a casa; allí encontré a mi superiora, la hermana Antonietta Musoni (de Pozzaglio), y le dije: Hermana Antonietta, ore, hay un niño que está a punto de morir». Encendiendo una vela en la capilla, frente a la imagen del Padre Fundador, la Hermana Adeline rezó al Padre Francesco Spinelli: «Padre, ayúdanos a ayudar a este niño que está a punto de morir; pongo mi confianza solo en ti».

Luego, tomó una foto del padre Francisco y la deslizó debajo de las sábanas del niño quien yacía indefenso en la cama. De repente, donde durante casi una hora todos buscaron una vena, los testigos dijeron que habían visto «como por un milagro» una gran vena, como la de un hombre adulto, para que, sin ningún problema, pudieran ingresar la aguja para realizar la transfusión y, después de 3-4 gotas de sangre, el bebé dio señales de vida, comenzando a patear y llorar. En unos pocos minutos, el recién nacido se recupera por completo y, a la 1 pm, la madre y el hijo salen, sanos y felices, de aquella maternidad.

Estos hechos hicieron que sus padres, conscientes del extraordinario suceso que había vivido su hijo «que ya casi había muerto, pero que ha resucitado», decidieron cambiar el nombre del bebé de Ambrosio María a Francisco María Spinto. Spinto, es la traducción del italiano al lingala, lengua bantú hablada en el noroeste de la República Democrática del Congo) del apellido Spinelli.

Francesco Spinelli, un santo impulsor de la la Adoración Eucarística y del servicio hacia los hermanos pobres y sufrientes

Francesco Spinelli nació en Milán, el 14 de abril de 1853. Ingresó al seminario en Bérgamo y se ordenó sacerdote el 17 de octubre de 1875. Comenzó su apostolado en la educación de los más pobres y en paralelo fue profesor del seminario, guía espiritual y consejero de varias comunidades femeninas de religiosas.

En 1882, el P. Spinelli conoció a Caterina Comensoli, con quien fundaría el Instituto de las Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento. Se dedicaron día y noche a la Adoración Eucarística. De esta forma, inspiraron su servicio hacia los hermanos pobres y sufrientes. Escuelas, oratorios, sanatorios y ancianos solitarios surgieron del trabajo apostólico de la institución.

Diversas vicisitudes hicieron que el P. Spinelli se trasladara de la Diócesis de Bérgamo a la Diócesis de Cremona. Desde la comunidad de Rivolta d’Adda, el P. Spinelli continuó liderando el instituto de adoradores.

Murió el 6 de febrero de 1913 y fue enterrado en la iglesia de las Hermanas Adoratrices en Rivolta d’Adda. Para ese entonces, la institución ya había fundado 68 comunidades en distintos países.

En la actualidad, el instituto tiene alrededor de 250 comunidades en Italia, Congo, Senegal, Camerún, Colombia y Argentina. En esos lugares se dedican a la atención de personas con VIH, huérfanos, drogodependientes, privados de libertad, entre otros.

El P. Spinelli fue declarado beato por San Juan Pablo II el 21 de junio de 1992, en el Santuario Mariano de Caravaggio.

Este próximo domingo 14 de octubre,  en la plaza de San Pedro del Vaticano, en el marco del Sínodo de los Jóvenes, el Papa Francisco canonizará a Francesco Spinelli junto a Pablo VI, Mons. Oscar Arnulfo Romero, Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús, P. Vincenzo Romano, María Caterina Kasper y Nunzio Sulprizio.

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