Gemma Pedrini nació casi ciega, triunfó en el esquí y hoy es una prometedora cellista: «En Dios encuentro la paz»

* «Fueron mis abuelos los que me transmitieron la fe, nos exhortaban a mí y a mi hermana Aurora a ir a misa y recitar el Rosario Siempre agradezco las cosas buenas que me pasan, empezando por estar en el mundo. Nací con sólo 23 semanas: agradezco a Dios y a la vida por cómo me fue»

Camino Católico.-   Gemma Pedrini nació con una deficiencia que provocó que fuera prácticamente ciega desde su nacimiento. Sin embargo, esta discapacidad no ha sido obstáculo para conseguir todo aquello que esta joven de 24 años se ha propuesto. Y ha sido Dios la que le ha ayudado en los momentos de mayor debilidad y sufrimiento.

Esta joven italiana antes de ser una de las cellistas más prometedoras fue también una gran esquiadora, llegando a conseguir siendo niña la medalla de bronce en la Copa del Mundo de Sestriere.

La fe para hallar la paz

Pero es en la música donde ha encontrado su verdadero lugar, y gracias a Dios el consuelo tras una infancia nada sencilla. “En Dios y en la música encuentro la paz”, afirma esta milanesa en una entrevista en el semanario Credere y lo cuenta J. Lozano en Religión en Libertad.

De hecho, afirma tajante que “siempre doy gracias por las cosas buenas que me han pasado, empezando  por estar en el mundo”. Y es que pese a haber nacido prácticamente ciega ya ha tocado junto a los mejores músicos italianos, ha participado en el festival de San Remo, pero sobre todo recuerda como en “en 2013, a los 18 años, toqué en un concierto por el 85 cumpleaños de Ennio Morricone, tocando la Misión frente a él en el Conservatorio de Milán”.

«El mejor regalo»

En este sentido, esta joven afirma que “el mejor regalo es cuando alguien me dice que mi música le ha aliviado del sufrimiento. Estos son los momentos en los que yo también logro devolver el bien recibido y esto me hace feliz”.

El apoyo de su familia fue su fortaleza desde niña. Se convirtió en su sostén y también en el pilar que le transmitió la fe. “Mis padres, Mara y Roberto, siempre me han alentado y en tiempos difíciles han sido fundamentales. En la escuela tuve una mala experiencia de acoso, pero mis padres me ayudaron a no escuchar a los que me ridiculizaban. Me dijeron: ‘no eres lo que te dicen tus compañeros’. Me hicieron entrar en contacto con muchas personas, haciéndome cultivar confianza en mí misma. Hoy les digo a los niños que no sean aplastados por aquellos que les intimidan porque los perdedores, a largo plazo, son solo los matones. En esa fase difícil de mi vida, la música fue mi compañera y me permitió sacar la tristeza y los sentimientos negativos. Y luego estaba la fe, que me ayudó mucho: así que tuve un apoyo terrenal y también de otro mundo”, cuenta esta joven italiana.

Los abuelos le transmitieron oralmente la fe

La fe la recibió desde muy niña de una manera algo diferente al resto. Al no poder leer ella sola conoció toda la Historia de la Salvación y el Catecismo a través de historias y el testimonio de su familia, especialmente de sus abuelos. “Fueron ellos los que me transmitieron la fe, nos exhortaban a mí y a mi hermana Aurora a ir a misa y recitar el Rosario”, recuerda Gemma.

Confiesa que lleva en su “corazón las enseñanzas que me fueron transmitidas de niña”. Y por ello afirma que “siempre agradezco las cosas buenas que me pasan, empezando por estar en el mundo. Nací con sólo 23 semanas: agradezco a Dios y a la vida por cómo me fue”.

Ya siendo adulta intenta aplicar en su vida aquello que le enseñaron de niña. Así, asegura que “el respeto y escuchar a los demás son esenciales. Y luego me di cuenta de que los días deben ser afrontados con tenacidad y siendo positivo: tenemos que aprovechar todas las pequeñas oportunidades y la belleza de todo”.

Su sueño de tocar ante el Papa

Esta sensibilidad especial para la música le vino desde antes de nacer. Cuenta que “cuando estaba embarazada, mi madre tocaba la guitarra: dice que mi amor a la música nació allí, absorbiendo las vibraciones. Entonces, una vez, cuando tenía tres años y medio, señalé que la guitarra estaba desafinada: desde entonces no ha vuelto a entrar en casa un afinador”.

Entre sus deseos futuros está “tocar para el presidente de la República, Sergio Mattarella y para el Papa. Me gusta mucho la manera en que Francisco está cerca de la gente y cómo trabaja para empatizar con todos. Ya antes quise tocar para Juan Pablo II, espero que con Bergoglio mi deseo pueda hacerse realidad. Y luego sueño con hacer una contribución en el mundo de la accesibilidad: he recibido tanto que ahora me gustaría ayudar a quienes se encuentren en dificultades”.

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