¿Halloween es un juego de niños o una práctica que tiene que ver con el ocultismo y el satanismo? Responde el P. Javier Luzón Peña

* «Hoy ya no es el culto al dios de la muerte sino, directamente, el cumpleaños de Satanás, que es como se celebra ahora. Personas que han sido líderes en sectas satánicas y han salido de ellas han contado en Internet lo que hacían: sacrificios, también de seres humanos… Dejan embarazadas a mujeres, chicas de la calle que nadie reclamará, para sacrificar a sus hijos. Roban formas consagradas para sus ritos de esta noche», advierte el sacerdote. «No es una cosa inocua e inocente. La misma simbología de muertos, calaveras, monstruos… representa a esos seres que iban a atacar en el pasado. Se inculca a los niños el tema del terror y la muerte de forma mal enfocada. Puede ser grave y puede tener repercusiones»

Camino Católico.- ¿Halloween es un juego de niños o una práctica que tiene que ver con el ocultismo y el satanismo? El padre Javier Luzón Peña responde a esas preguntas.

«En una sociedad donde no se habla del demonio para nada decir que Halloween tiene relación con el ocultismo o el satanismo puede parecer una exageración. No es así», afirma el padre Javier Luzón, que fue el exorcista de la vicaría 8 de Madrid, el noroeste de la diócesis, durante varios años. Licenciado en Filosofía y Letras, doctor en Teología y profesor de Antropología Teológica, es autor del libro «Las seis puertas del enemigo. Experiencias de un exorcista». «He sido exorcista durante años y he tenido experiencias. Quiero citar al padre Amorth, un exorcista muy afamado que falleció recientemente, que siempre decía que no se puede jugar con el fuego porque se había encontrado con niños y adolescentes con problemas que les venían por abrir puertas con ocasión de Halloween».

«Esta fiesta no es nada inocente. Es el día del comienzo del año satánico. Antiguamente, los druidas, 300 años antes de Cristo, ya en este día invocaban al dios de la muerte, que este día abría las puertas del averno para que los espíritus puedan perturbar a las personas. Los druidas iban por las casas y pedían un sacrificio, una ofrenda. Por ejemplo, de vírgenes, de niños… Si la familia se resistía, marcaban la casa, haciendo como un maleficio para que los espíritus pudieran atacar ese hogar», dice Luzón, quien detalla que los benedictinos, en los inicios de la Edad Media, y en años posteriores, realizaron rituales de exorcismos por muchos países de cultura pagana, «liberándolos de maldiciones, de este mundo oscuro», pero no llegaron a Irlanda. Precisamentelos emigrantes irlandeses en Estados Unidos serían los que llevaron allí las costumbres de Halloween.

«Hoy ya no es el culto al dios de la muerte sino, directamente, el cumpleaños de Satanás, que es como se celebra ahora. Personas que han sido líderes en sectas satánicas y han salido de ellas han contado en Internet lo que hacían: sacrificios, también de seres humanos… Dejan embarazadas a mujeres, chicas de la calle que nadie reclamará, para sacrificar a sus hijos. Roban formas consagradas para sus ritos de esta noche», advierte el sacerdote. «No es una cosa inocua e inocente. La misma simbología de muertos, calaveras, monstruos… representa a esos seres que iban a atacar en el pasado. Se inculca a los niños el tema del terror y la muerte de forma mal enfocada. Puede ser grave y puede tener repercusiones», avisa.

Por desgracia, explica, «nos lo están metiendo por todas partes. Incluso en el hospital donde estoy como capellán tenemos allí las calabacitas. En los colegios no hay fiesta de la que se puedan escapar. Si a un chaval su familia le dice ‘tú no te disfrazas de muerto, disfrázate de algo positivo’, le toman por una persona extraña». «¿Significa eso que un niño, por disfrazarse de estas cosas, le pueda pasar algo? No necesariamente, pero puede. Luego hay chavales que empiezan con terrores nocturnos, con visiones extrañas, con alteraciones del sueño… y muchas veces, cuando se ora por ellos, pidiendo sanación, se manifiesta que el origen ha estado en participar en este tipo de celebración», concluye.

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