Hélène Flore: «Me alejé de Dios. Quería ser perfecta para volver a Él, coleccionaba aventuras y no era feliz. Me confesé, entró el Señor en mi vida, me mostró su amor y cambié»

* «Me he convertido en alguien feliz, expansiva, alegre, libre. Yendo junto a Cristo, aunque caiga, tengo la gracia, la gracia de que Él me ama. Al final, me he aceptado como alguien que no es perfecto. Y no estoy sola en el lucha. Sé que que tengo Alguien en quien puedo apoyarme con seguridad y que jamás, jamás me abandonará»

El vídeo puede verse con los subtítulos en español entrando en la ruedecita de la derecha de configuración, luego en subtítulos, después en traducir automáticamente y eligiendo el español

Camino Católico.- Hélène Flore nació en una familia católica, pero “practicante solo a medias”. A partir de un cierto momento tomó “otros caminos”se alejó de Dios: “Quería vivir como a mí me diese la gana, como me apeteciera. Quería ser libre. Pero al mismo tiempo me daba cuenta de que la vida que llevaba no tenía nada que ver con lo que me habían enseñado”, reconoce al ofrecer su testimonio en en un video en versión original en francés de Découvrir Dieu, pero que puede visualizarse con subtítulos en español, pero que puede visualizarse con subtítulos en español, y que C.L. lo sintetiza y traduce en Religión en Libertad.

El error

Al constatar eso, sin embargo, le falló la virtud de la esperanza y su error fue creer que se puede luchar contra el pecado solo con las propias fuerzas. En vez de acudir a Dios para arrancar de ella el mal, hacía lo contrario: “Quería esperar a ser perfecta para volver a la Iglesia y a vivir en todo para el Señor”.

Lo cierto es que “volver a la Iglesia implicaba abandonar muchas cosas”, Y abandonar muchas personas también: “Era duro, porque yo existía a través de los demás, sin ser verdaderamente yo”.

Salía con frecuencia, “coleccionaba aventuras”: “Llenaba mi vida a mi antojo, pero era consciente de que lo que hacía no estaba bien. Pero lo hacía”. Un eco de la confesión de San Pablo: “No hago lo bueno que deseo, sino que obro lo malo que no deseo” (Rom 7, 19).

“Aquella vida no me aportaba nada, salvo un gran vacío, cada vez más inmenso. Volvía a casa insatisfecha y en el fondo de mi ser me sentía sucia. Al final, no era feliz”, recuerda.

El perdón del amor

Hasta que tomó la decisión correcta: “Fui a confesarme por primera vez en diez años. ¡Allí descargué toda mi vida!”

Las palabras del sacerdote, “en el nombre de Cristo, yo te absuelvo, yo te perdono” la rompieron por dentro, porque pensaba: “Si mis padres y mi familia supieran todo lo que he hecho, no creo que pudiesen perdonarme. Yo misma no me lo perdonaba. Por eso el hecho de recibir ese perdón quebró todas mis resistencias, derribó todos los muros que yo había levantado a mi alrededor”.

¿Por qué? Lo explica: “Ese perdón me decía: «Tú eres como eres. Sí, has pecado, pero no es tu pecado el que te define, ni es tu pecado el que va a impedir que tú seas mi hija y que Yo te ame»”.

El amor del perdón

Y, en efecto, en los días siguientes y desde entonces, Hélène Flore ha recibido muchos “actos concretos de amor” a los que no estaba acostumbrada: “¡Vengo de una familia donde no se suele mostrar el amor, donde no se expresa lo que se siente!”

“Él sí me mostró ese amor y me lo manifestó. No he conseguido encontrar mi lugar en mi familia, pero sí lo he encontrado con el Señor. Durante años lloré mi tristeza, mi pena, mi soledad. Pero cuando Él entró en mi vida, ese vacío se llenó por completo. Desde ese día, ¡han cambiado tantas cosas! ¡Yo he cambiado! Me he convertido en alguien feliz, expansiva, alegre, libre«, exclama.

Sabe que puede caer, pero tiene una certeza que antes no tenía: «Yendo junto a Él, aunque caiga, tengo la gracia, la gracia de que Él me ama. Al final, me he aceptado como alguien que no es perfecto. Y no estoy sola en el lucha. Sé que tengo Alguien en quien puedo apoyarme con seguridad y que jamás, jamás me abandonará”.


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