Henrique, ex dirigente de la Juventud Comunista Portuguesa, era ateo y una “angustia indecible” lo llevó a una iglesia donde descubrió a Jesús en el sagrario

* «En medio de una angustia indecible, de una manera inexplicable -solo entonces lo llamé una gracia extraordinaria de Dios-, me llevó una fuerza, incluso diría ¡arrastrado! a la Iglesia de Campo Grande (Lisboa). Y allí, por primera vez, me encuentro solo, cara a cara, con Jesús. Toda la tristeza fue absorbida por Dios presente en el tabernáculo. ¡Me estaba convirtiendo y aún no sabía cómo explicar este misterioso fenómeno! Yo que decía: «Nunca creeré en Dios», me vi obligado a reconocer que nunca más podría decir que no creo en Dios»

El video del testimonio de Henrique publicado en portugués por el Opus Dei

Camino Católico.-  Henrique es un joven nacido en un hogar comunista, con una “educación soviética”, que tras ver a la fe católica como un “fetichismo”, fue llevado por lo que consideró una “angustia indecible” a la fe, a Dios y a la Iglesia. En su testimonio, publicado por el sitio web portugués del Opus Dei, Henrique recuerda que “nací en una casa socialista, recibí una educación ‘soviética’ basada en la cultura, la música, la literatura y el deporte. Reinaba la dictadura del proletariado, como decía a menudo mi madre (en broma): ‘¡Yo trabajo, yo mando, tú obedeces!’”.

Cuando llegó a los 15 años, dice, “seguí los pasos de mi hermana mayor y me uní a la Juventud Comunista Portuguesa.  A partir del año siguiente, mi actividad política se intensificó brutalmente, me convertí en una figura prominente en la escuela (incluyendo la presidencia de la asociación de estudiantes) y empecé a dificultar las vidas de los maestros y directores que eran ‘reaccionarios y fascistas’”.

Henrique admite que “hasta cierto punto, mi conocimiento del cristianismo se basaba en innúmerables prejuicios. Solo conocí a una chica católica, que ahora es monja…. Pero el día en que, debido a las circunstancias, me mudé de la escuela de música, del Conservatorio Nacional, al Instituto Gregoriano, vine a vivir con muchos católicos de familias católicas practicantes y apostólicas… Incluso tuve una novia católica a través de la cual cambié mi manera de ver la realidad. ¡No porque aceptara los argumentos! Todavía lo consideraba un fetichismo, una superstición a la antigua. Pero porque la alegría de estos amigos míos era genuina y contagiosa”.

No obstante, asegura que “vivía angustiado porque quería cambiar el mundo, sin darme cuenta de que era yo quien tenía que cambiarHe llegado al punto de buscar, en vano, en los textos del Magisterio de la Iglesia la demostración de la verdad del famoso anacronismo: ¡Jesús, el primer comunista de la historia! Pero con el Papa Francisco, que había sido elegido recientemente, por su estilo cautivador y la extraordinaria ‘alegría del Evangelio’ que todavía hoy marca su pontificado, me convertí sin querer”.

El momento de su transformación se dio al ir a la universidad: “Decidí presentarme a los exámenes para graduarme en teatro y convertirme en actor. Estaba totalmente seguro de que iba a entrar. Pero no fui admitido. Y aquí mi creencia materialista en la autosuficiencia del ser humano comenzó a ser cuestionada. Como si no fuera suficiente, después de seis meses, la novia católica pone fin a nuestra relación. La desesperación reinaba”, recuerda.

Sin embargo, al día siguiente, por la mañana, “en medio de una angustia indecible, de una manera inexplicable -solo entonces lo llamé una gracia extraordinaria de Dios-, me llevó una fuerza, incluso diría ¡arrastrado! a la Iglesia de Campo Grande (Lisboa). Y allí, por primera vez, me encuentro solo, cara a cara, con Jesús. Toda la tristeza fue absorbida por Dios presente en el tabernáculo. ¡Me estaba convirtiendo y aún no sabía cómo explicar este misterioso fenómeno! Yo que decía: «Nunca creeré en Dios», me vi obligado a reconocer que nunca más podría decir que no creo en Dios”, admite.

Para Henrique, “el largo camino que he recorrido desde entonces, aunque rápido, ha sido eterno. Nueve meses después, me invitaron a cantar en la boda de la hermana de un amigo. Entonces conocí al novio, y estaba lejos de imaginar que el novio se convertiría en mi padrino de bautismo”.

El joven asegura que “el día de mi bautismo fue notable e inolvidable. Probablemente el día más feliz de mi vida. Y fue en julio de 2016 cuando fui bautizado, fui confirmado, y recibí, en ambas especies, el Santo Cuerpo y Sangre de Cristo”. Al finalizar su testimonio, Henrique señala que “cuento con la ayuda de todos, y de María, para ser fiel”.

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