Homilía del Domingo: El único verdadero y buen pastor es Jesucristo / Por P. José María Prats

“Si no estamos unidos a Cristo por la oración, por la meditación y el cumplimiento de su palabra, por su imitación… no podemos ser verdaderos y buenos pastores, por muchos estudios y cualidades humanas que tengamos… La humildad, la mansedumbre, la comprensión, la paciencia, la compasión… deben caracterizar la actitud del pastor, a imagen de Jesucristo, manso y humilde de corazón… El pastor, que hace presente a Jesucristo, debe ser, por tanto, el hombre que promueve la comunión en la comunidad”

Domingo XVI del tiempo ordinario – B:

Jeremías 23, 1-6 / Salmo 22 / Efesios 2, 13-18 / Marcos 6, 30-34

José María Prats / Camino Católico.com.- Hoy es un día difícil para predicar porque la palabra que hemos escuchado está dirigida, sobre todo, a los pastores. La consideración, sin embargo, del contenido de estas lecturas nos puede ayudar a comprender y amar un poco más la vocación de nuestros pastores.

Veamos, pues, qué se nos dice acerca de los pastores.

1) En primer lugar se deja muy claro que el único verdadero y buen pastor es Jesucristo.

En la profecía de Jeremías, Dios se queja «de los pastores que dispersan y dejan perecer las ovejas» y a continuación dice: «yo mismo reuniré el resto de mis ovejas y las volveré a traer a sus dehesas … suscitaré a David un vástago legítimo … en sus días se salvará Judá». Es decir, Dios mismo pastoreará a su pueblo hacia la salvación en la persona de un descendiente de David, el Mesías, Jesucristo.

2) Los pastores, pues, sólo somos verdaderos y buenos pastores en la medida en que Jesucristo actúa a través nuestro.

Después de decir «yo mismo reuniré el resto de mis ovejas», dice: «les pondré pastores que las pastoreen». Estos pastores, pues, somos nosotros si actuamos en nombre de Dios haciendo presente a Jesucristo, el Buen Pastor. Y es que si no estamos unidos a Cristo por la oración, por la meditación y el cumplimiento de su palabra, por su imitación… no podemos ser verdaderos y buenos pastores, por muchos estudios y cualidades humanas que tengamos.

3) La pasión por dar a conocer y comunicar a Cristo debe ser la fuerza orientadora de todo nuestro ser, que nos permite superar con audacia nuestras limitaciones y necesidades humanas.

Lo vemos en el evangelio. Los discípulos regresan agotados de su misión apostólica y Jesús les invita a tomarse un descanso «porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer». Sin embargo, cuando al desembarcar Jesús ve toda aquella multitud que andaban «como ovejas sin pastor», se olvida de su descanso y se pone «a enseñarles con calma».

4) Fijémonos en el detalle: «Se puso a enseñarles con calma».

La humildad, la mansedumbre, la comprensión, la paciencia, la compasión… deben caracterizar la actitud del pastor, a imagen de Jesucristo, manso y humilde de corazón.

5) Finalmente, el pastor debe ser el hombre de la comunión.

En la carta a los Efesios hemos leído que Cristo «ha hecho de los dos pueblos –judíos y gentiles– una sola cosa, derribando con su carne el muro que los separaba: el odio».

El pastor, que hace presente a Jesucristo, debe ser, por tanto, el hombre que promueve la comunión en la comunidad: debe estar abierto a las diferentes sensibilidades y espiritualidades que hay dentro de la Iglesia y ser respetuoso e imparcial con todas las opciones políticas legítimas. Si, por el contrario, se dedica a promover determinadas opciones políticas o ideológicas, en vez de derribar muros como Jesucristo, está levantando barreras que separan a las personas. La verdadera comunión se promueve ayudando a cada uno a que, desde su particular modo de ser y sus circunstancias, se encuentre con Cristo y se una a Él: sólo en Jesucristo podemos formar un solo Cuerpo, una verdadera unidad en la diversidad.

Habiendo visto la importancia y necesidad, así como la dificultad de la vocación de nuestros pastores, acordémonos de orar por ellos como ellos oran por nosotros, sostengámoslos con nuestra oración. Y unámonos a Jesucristo en oración al dueño de la mies para que envíe muchos trabajadores santos a su mies y se cumplan, también hoy, las palabras que Dios dijo por mediación del profeta Jeremías: «os daré pastores según mi corazón» (Jr 3,15).

José María Prats

Evangelio

En aquel tiempo, los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él, entonces, les dice:

«Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco».

Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer. Y se fueron en la barca, aparte, a un lugar solitario. Pero les vieron marcharse y muchos cayeron en cuenta; y fueron allá corriendo, a pie, de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Y al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.

Marcos 6, 30-34

Comentarios 0

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *