Homilía del Evangelio del Domingo: Si el Espíritu Santo se derrama tanto dentro como fuera de la Iglesia Católica, ¿no es, entonces, indiferente estar en ella o fuera de ella? / Por P. José María Prats

* “La respuesta, por supuesto, es que no. Cristo ha fundado su Iglesia sobre los apóstoles presididos por San Pedro, cuyos sucesores son el Papa y los obispos y le ha confiado su Palabra de verdad y los sacramentos como medios ordinarios a través de los cuales le comunica su Espíritu para santificarla y estrechar su comunión con ella. Esta Iglesia es el redil en el que Dios quiere congregar a todos los hombres para que vivan como un pueblo santo, como un único rebaño guiado por Cristo, el Buen Pastor. Y para impulsar a todos hacia esta unidad en verdad y santidad, envía por doquier al Espíritu Santo. hemos de desear y orar para que el Espíritu Santo se derrame sobre el mundo entero y nos conduzca a todos a la verdad plena, a la santidad y a la unidad: «¡Ojalá que el Señor infundiera en todos su Espíritu!»”

Domingo XXVI del tiempo ordinario – B:

Números 11, 25-29 / Sal 18 / Santiago 5, 1-6 / Marcos 9, 38-43.45.47-48

José María Prats / Camino Católico.- Las lecturas de hoy nos invitan a reflexionar sobre un tema muy delicado y muy de actualidad: el de la actitud que hemos de tener con las personas que pertenecen a otras iglesias cristianas, a otras religiones o, simplemente, no profesan ninguna creencia religiosa.

La primera lectura nos ilumina mucho sobre este tema. Dios había ordenado a Moisés que congregara en la Tienda del Encuentro a setenta ancianos de Israel, servidores del pueblo, y había dicho que tomaría parte del espíritu de Moisés y lo pasaría a estos ancianos para que le ayudaran a conducir y gobernar al pueblo en su marcha por el desierto.

Este acontecimiento del Antiguo Testamento es anuncio y prefiguración de lo que ocurrió en el día de Pentecostés y sigue ocurriendo desde entonces hasta nuestros días: el Padre convoca a todos los hombres en su Iglesia y derrama sobre ellos al Espíritu de Cristo resucitado. Moisés es, por tanto, figura de Cristo y la Tienda del Encuentro, de la Iglesia.

Pero en la lectura se nos dice que el espíritu también fue enviado a dos ancianos que no habían acudido a la Tienda y que se encontraban en el campamento. Si la Tienda del Encuentro que custodiaba el Arca de la Alianza es figura de la Iglesia fundada por Cristo sobre los apóstoles y que custodia la Palabra de Dios y los sacramentos, lo que este pasaje nos está diciendo es que Dios derrama también a su Espíritu más allá de los confines de la Iglesia Católica.

A raíz de esta interpretación nos podríamos preguntar: Si el Espíritu Santo se derrama tanto dentro como fuera de la Iglesia Católica, ¿no es, entonces, indiferente estar en ella o fuera de ella? La respuesta, por supuesto, es que no.

Cristo ha fundado su Iglesia sobre los apóstoles presididos por San Pedro, cuyos sucesores son el Papa y los obispos y le ha confiado su Palabra de verdad y los sacramentos como medios ordinarios a través de los cuales le comunica su Espíritu para santificarla y estrechar su comunión con ella. Esta Iglesia es el redil en el que Dios quiere congregar a todos los hombres para que vivan como un pueblo santo, como un único rebaño guiado por Cristo, el Buen Pastor. Y para impulsar a todos hacia esta unidad en verdad y santidad, envía por doquier al Espíritu Santo.

Como católicos hemos de vivir con la alegría de saber que estamos ya en la Tienda del Encuentro donde Dios quiere convocar a todos los hombres, pero al mismo tiempo hemos de rechazar esa actitud exclusivista en la que, por desgracia, tan a menudo cayó el pueblo de Israel y que hoy hemos visto reflejada en Josué, que pidió a Moisés que prohibiera profetizar a los ancianos que habían recibido el espíritu fuera de la Tienda, o en el apóstol Juan, que intentó impedir que alguien expulsara demonios en nombre de Jesús porque no pertenecía a su grupo.

Como Moisés hemos de desear y orar para que el Espíritu Santo se derrame sobre el mundo entero y nos conduzca a todos a la verdad plena, a la santidad y a la unidad: «¡Ojalá que el Señor infundiera en todos su Espíritu!».

José María Prats

Evangelio

En aquel tiempo, Juan le dijo:

«Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros».

Pero Jesús dijo:

«No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea capaz de hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros. Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su recompensa.

Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar.

Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga».

Marcos 9, 38-43.45.47-48


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