Ignacio Arsuaga, presidente de HazteOir: «Dios está pendiente de la vida de cada uno de nosotros y de nuestra historia personal»

11 de marzo de 2013.- (A.L.M. / Intereconomia TV / Camino Católico) «Dios está pendiente de la vida de cada uno de nosotros y de nuestra historia personal porque quiere que alcancemos el cielo y nos acerquemos a Él, que es la fuente de la felicidad», ha explicado  Ignacio Arsuaga, presidente de la asociación HazteOir,  a Gonzalo Altozano este sábado en el programa “No es bueno que Dios esté solo” de Intereconomía TV, que puede  visualizarse en el vídeo. Para Arsuaga la oración«no es una cuestión de voluntad o de esfuerzo, sino de ponerse en manos de Dios».  Para él Cristo «es mi Salvador, el Hijo de Dios y quien me abre las puertas del cielo».

«Tenemos la obligación de ser sal, de iluminar, de cambiar las cosas para bien en nuestro entorno», asegura Arsuaga al hablar de dar testimonio del evangelio en medio del mundo:  «Tenemos la obligación de dar testimonio de Jesucristo en público. Si escondemos nuestro mejor tesoro, que es Jesucristo, no sé qué podemos ofrecer a la sociedad. Hay que defender la verdad frente a lo políticamente correcto».

Eso no conlleva estar hablando siempre de Dios: «En España se produce el problema contrario: el católico que va a misa todos los domingos, que se identifica con la Iglesia, que está en un partido o en un medio de comunicación o en la sociedad civil… y que cuando tiene oportunidad de hablar de Dios prefiere no hacerlo y parece que se avergüenza y dice que es un asunto de la esfera privada». Ignacio Arsuaga tiene claro que ser testigo del evangelio conlleva muchas veces renunciar «al honor propio, al amor propio, al beneficio propio».

Ignacio Arsuaga piensa que hay que contra restar el hecho que «la secularización profunda que ha vivido la sociedad europea en las últimas décadas, en los últimos siglos, la hemos asumido también los católicos, y parece que cuando expresamos nuestra fe en público estamos tratando de imponer nuestra fe o ponemos en riesgo la paz social».

El presidente de HazteOir cuenta que es un católico que ha recibido la fe de sus padres y en el colegio, pero que en una peregrinación a Czestochowa, durante la Jornada Mundial de la Juventud de 1991, vive un momento clave de su conversión: «Ahí tomo conciencia de que Jesucristo, la Iglesia y la fe no es solamente un código moral o un hacer el bien a los demás, sino una persona que me ama con locura, quiere mi salvación y me está esperando en el sagrario».

Camina espiritualmente con los Cooperadores Parroquiales de Cristo Rey fundados por el padre Francisco de Paula Vallet, S.I. (1883-1947).  Arsuaga explica lo importantes que son para el crecimiento espiritual los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, «una de las mayores riquezas que ha dado la Iglesia, que puede beneficiar a cualquier católico, aunque no sea jesuita ni se encuentre cercano a los jesuitas».

Quiere hacer posible con su trabajo «la civilización del amor que es el reino de Cristo, la ciudad de Dios de San Agustín, es una sociedad profundamente libre donde se reconoce mayoritariamente que Jesucristo es el Salvador. Frente a ella, la cultura de la muerte, que en última instancia tiene como príncipe máximo a Satanás, y donde priman el odio y el engaño. Es la meditación de las dos banderas de San Ignacio de Loyola”.

La asociación HazteOir fue creada en 2001 y su presidente Ignacio Arsuaga, quien la define como una entidad civil “aconfesional basada en un concepto de hombre y de sociedad que tiene mucho que ver con el humanismo cristiano, en el sentido de que la fuente de la dignidad del hombre es Dios, porque el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios».

«Los de la cultura de la muerte, los de lo políticamente correcto, los de la dictadura del relativismo, parece que son gigantes y más fuertes, pero dentro de la Iglesia hay muchos santos, hay movimientos que dan frutos, hay medios que defienden el derecho a la vida… hay muchos signos que nos permiten intuir que estamos ganando la batalla», cree Ignacio Arsuaga.

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