P. Jean-Christophe de Nadaï, OP: «Tuve una parálisis grave, oré y me ungí con aceite de la Santa Faz y el médico notó sorprendido que mi rostro había recuperado su movilidad»

* «Intentaríamos reducir la inflamación administrando corticosteroides, me dijo el doctor, pero no había certeza de que el nervio facial volviera a la normalidad. Ni siquiera estaba seguro de que los síntomas desaparecieran… Exactamente un mes después del primer síntoma de esa enfermedad, apareció un dolor muy fuerte que me llevó a usar el aceite de la Santa Faz del santuario de Tours ungiendo mi rostro, justo antes de la Misa del mediodía. En lugar del alivio que esperaba, experimenté un dolor intenso en mi rostro. Lo vi como una señal de que Jesús quería que yo participara del misterio de su Pasión. Y luego comencé a orar por ciertas intenciones que me habían sido confiadas. Duró solo unos minutos, después de los cuales el dolor desapareció por completo»

P. Jean-Christophe de Nadaï, OP / Camino Católico.- El P. Jean-Christophe de Nadaï, OP, es fraile dominico, doctor en Literatura Clásica. Vive en el Convento de Saint-Jacques en París. Trabaja en la edición de los textos de Santo Tomás de Aquino de la Editio Leonina. Este sacerdote, en el mes de abril de 2017, padeció una parálisis viral grave, sin que los médicos le dieran certeza de que el nervio facial volvería a la normalidad y no sabían si síntomas desaparecieran… Un mes después del primer síntoma de esa enfermedad optó por orar y usar aceite de la Santa Faz del santuario de Tours, que le había regalado una ex enfermera y quedó curado. El P. Jean-Christophe cuenta en Aleteia su testimonio de curación en primera persona:

El 4 de abril de 2017, el martes anterior al Domingo de Ramos, último día de Cuaresma, me desperté con el lado derecho de la cara paralizado.

Mi boca se vio particularmente afectada; la saliva salía por sí sola, y por eso no pude celebrar la Misa, para no tratar con irreverencia la Preciosa Sangre del Señor. El párpado también se vio afectado, por lo que tenía que humedecer el ojo derecho con regularidad para evitar que se resecara, y mantenerlo bien cerrado durante la noche con la ayuda de una tirita.

El médico del hospital Salpêtrière, a quien consulté ese mismo día, me dijo que se trataba de una forma de parálisis de origen viral particularmente grave. La siguiente etapa de la enfermedad fue de una inmensa fatiga.

Intentaríamos reducir la inflamación administrando corticosteroides, me dijo el doctor, pero no había certeza de que el nervio facial volviera a la normalidad. Ni siquiera estaba seguro de que los síntomas desaparecieran.

El martes 2 de mayo, una laica que asiste generalmente a misa en el convento de Saint-Jacques en París se compadeció de mi condición, y vino a traerme un frasco de aceite de la Santa Faz del santuario de Tours.

Ella, cristiana, es ex enfermera. Su fervor por Nuestro Señor es el resultado de los recuerdos de sus pasadas desviaciones espirituales, de las que Él la liberó a través de una conversión repentina.

Devoción a la Santa Faz

El P. Jean-Christophe de Nadaï, OP, que fue sanado por intercesión de la Santa Faz

Yo sabía que mis hermanos dominicos de Tours habían sido nombrados por el arzobispo de esa ciudad custodios del oratorio de la Santa Faz, más aún porque el prior del convento de Tours había sido colega mío en mi misión académica.

Sin embargo, no había pensado en invocar las gracias que el Señor podía ofrecerme a través de la devoción a la Santa Faz, a las que mi forma particular de enfermedad me podía llevar a recurrir.

La forma en que recibí la ayuda fue sorprendente, porque de una manera completamente impredecible, la mujer de la que hablé se enteró de la devoción al Santo Rostro en la ciudad de Tours. Esto es lo que sucedió.

Por lo general, ella asiste a la misa que se celebra todos los jueves por las intenciones de los enfermos en la iglesia de San-Nicolas-des-Champs en París (confiada a la Comunidad Emmanuel). Fue allí el 27 de abril y se sorprendió al ver a una persona enferma rezando, y se acercó a ella.

Al final de la conversación intercambiaron direcciones, y al poco se sorprendió al recibir ocho frascos de aceite de la Santa Faz de Tours de parte de esa enferma, para que las distribuyera según las necesidades que constatara. Su elección recayó en mí.

Curación inesperada

No sé por qué no lo usé de inmediato, pero el jueves 4 de mayo, exactamente un mes después del primer síntoma de esa enfermedad, apareció un dolor muy fuerte que me llevó a usar el aceite, ungiendo mi rostro, justo antes de la Misa del mediodía.

En lugar del alivio que esperaba, experimenté un dolor intenso en mi rostro. Lo vi como una señal de que Jesús quería que yo participara del misterio de su Pasión. Y luego comencé a orar por ciertas intenciones que me habían sido confiadas. Duró solo unos minutos, después de los cuales el dolor desapareció por completo.

A la mañana siguiente me sometí a un examen médico en el hospital Salpêtrière como estaba previsto. El objetivo de la cita era comprobar el estado del nervio facial.

Para mi sorpresa, el médico me dijo que el nervio respondía perfectamente a la estimulación eléctrica y había recuperado su integridad.

«No fue una intervención humana»

El jueves siguiente hablé con un profesor de Medicina, que me dijo: «No fue una intervención humana la que hizo esto».

Continué con la terapia de masaje facial diaria, según lo recomendado por el experto en logopedia del hospital Salpêtrière, al que regresé el 12 de junio. Durante esa cita, el médico notó sorprendido que mi rostro había recuperado perfectamente su movilidad.

Tuve otra cita para el 18 de septiembre, cuando se verificó que yo no tenía ninguno de los efectos que a veces siguen a esta condición después de la curación.

París, Convento de Saint-Jacques, Fiesta de la Santa Faz (13 de febrero de 2018).

P. Jean-Christophe de Nadaï, OP


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