Joanna Wahlund era protestante pero su esposo descubrió que “la Iglesia Católica era la única que tenía la plenitud de la Verdad” y los dos se hicieron católicos

* “Accedí a acompañar a mi esposo a los encuentros del Rito de Iniciación Cristiana de Adultos (RICA). No tenía ninguna intención de convertirme. Siempre he sido pro-vida, pero cuando leí los principios de mi iglesia sobre el aborto, me parecía bastante blando, ambiguo”

10 de diciembre de 2013.- (PortaLuz / Camino Católico)  Sus padres a menudo la llevaban a la iglesia y a los cultos protestantes. Joanna Wahlund siguió así los preceptos de su fe al pie de letra y comenzó desde muy temprana edad a leer la Biblia de Martín Lutero y ver películas que narraban la vida de Jesús. “Desde mi infancia recuerdo que la iglesia y la religión eran las actividades comunes del domingo”. 

Recibió su confirmación a manos del pastor de su congregación cuando tenía 14 años. En esta etapa, recuerda que “teníamos que memorizar y recitar una parte del discurso de la Última Cena”. Durante aquella época, sus padres estaban tramitando un “amargo” divorcio y “mi fe era mi único consuelo”.

Cuando en su juventud ingresó a la Universidad de Wyoming una iglesia luterana cerca de su campus era vital en su vida. “Iba porque me recordaba los inicios”.  Pronto la amistad con un compañero de clases, Collin, completó su felicidad al nacer el amor… “Nos casamos el 1 de septiembre de 2001. Compartía el mismo credo mío, aunque en su adolescencia se había alejado”. 

El testimonio de su esposo

Todo parecía ir bien en su vida matrimonial los primeros meses, asistían juntos a los cultos protestantes, pero cierto día las dudas en la fe luterana que le manifestó su esposo, encendieron las alarmas de Joanna. Con preocupación veía que Collin resolvía sus inquietudes con su mejor amigo, ¡que era católico! Este hecho desencadenó en una noticia inesperada. “Me horroricé cuando mi esposo me dijo que, después de orar e investigar, para él la Iglesia Católica era la única que tenía la plenitud de la Verdad. Yo no estaba de acuerdo, pero después de unas semanas de hablar sobre el tema, accedí a acompañarlo a los encuentros del Rito de Iniciación Cristiana de Adultos (RICA)”.

No contuvo su indiferencia, pero lentamente cedía al asombro por los temas doctrinales que se trataban en los encuentros. Relata Joanna que “en el momento en que empecé a asistir al RICA, no tenía ninguna intención de convertirme, pero debo admitir que una de las cosas que me molestaba de los luteranos era la postura valórica que tenían. Siempre he sido pro-vida, pero cuando leí los principios de mi iglesia sobre el aborto, me parecía bastante blando, ambiguo”. 

Escritura, la Sagrada Tradición y Magisterio católico

Estaba en un punto de quiebre y su optimismo inicial, dice, se transformó en una profunda tristeza… “la autoridad de la Iglesia Católica es como un taburete de tres patas: la Escritura, la Sagrada Tradición y el Magisterio. Todas tienen el mismo peso. Pero en las tradiciones protestantes todas se basan solamente en la Biblia. A fin de cuentas, esto no tiene sentido. Jesús habló muy claramente acerca de ser una Iglesia unificada, ¡pero hay más de 5.000 iglesias protestantes! ¿Quién tiene la razón? Solo una”. 

Con un estudio muy acabado, que incluyó a los padres de la iglesia, dio con una conclusión impresionante. “Aprendí sobre el Papa, que es el sucesor de Pedro, y así todo tenía sentido. Porque Jesús estableció una Iglesia terrenal con un sucesor para guiar a su rebaño”.

Eucaristía y Rosario

Luego leyendo cientos de historias de conversión de otras personas y el encuentro con Cristo en la Eucaristía terminaron por conquistarla. “Viví más tarde la Semana Santa, me asombró su intensidad, su centro en la pasión de Cristo. Finalmente la misa de la Vigilia de Pascua en la Basílica de Santa María cambió mi opinión respecto del tesoro de los católicos”.

La belleza espiritual del mensaje evangélico vivido había colmado los sentidos de Joanna y su esposo. Tanto, que asumieron la fe católica el 29 de mayo de 2003, día en que recibieron ambos el sacramento de la confirmación. “Elegí por nombre Ana, en honor a Santa Ana, quien es la patrona de la maternidad. Sabía que tarde o temprano mi vocación era ser madre”. 

Hoy, Joanna es asidua comentarista en las redes sociales, maneja un blog donde publica su bitácora de fe, experimenta la alegría de la maternidad con sus hijos, Eleanor y William y asisten en familia a la Basílica de Santa María, en el centro de Minneapolis. “Es un lugar increíble, lleno de paz. Está a poca distancia de nuestra residencia y el tiempo de traslado es suficiente para rezar un rosario con Collin”.