Julio Guerrero, alejado de Dios, tenía una grave enfermedad y decidió creer por si se moría, pero se curó y «ante el sagrario se me partió el muro que yo tenía en el corazón»

Camino Católico.-  La historia en la vida de la Iglesia de Julio Guerrero empezó hace 12 años a la edad de 40 años. Julio era una persona alejada de la Iglesia y de todo lo que tenía que ver con ella, hasta que un momento de su vida el Señor le zarandeó con fuerza como el mismo cuenta en su testimonio de conversión que se visualiza en el video de  Mater Mundi TV.

«Me di cuenta que yo no gobernaba mi vida, sentí esa llamada de acercarme a él, de dar ese paso para conocerle», explica. Julio tenía una enfermedad bastante complicada, y en este momento reflexionó que si tenía que abandonar este mundo que fuera del lado de la fe. «Ese pequeño caminar interior para poder pensar que había algo más que no era la existencia que yo conocía».

Tras unas operaciones quirúrgicas bastante complicadas, se fue dando cuenta en este complicado caminar con la enfermedad que había algo que llamaba su atención de forma poderosa. «Empezaron a pasar cosas a través de esos ángeles que a veces nos manda el Señor y no nos damos cuenta». Una serie de signos de Dios de los que él no era del todo consciente.

Cuando pensaba que su enfermedad iba llegando a su fin decidió volver a trabajar para aprovechar el tiempo que le quedara en la vida, en una convención importante de la empresa para la que trabajaba recibió una llamada de teléfono que le confirmó que ya no tenía metástasis y que tenía posibilidades de superar la enfermedad. «Aquello fue un derrumbe de tal calibre que espontáneamente me salió decirle a mi mujer: cariño, necesito ponerme al día con el Señor, ¿Quieres casarte conmigo por la iglesia?”

Aquí empezó un camino compartido con su mujer. Ellos compartían el mismo camino de conversión desde puntos de vista diferentes. «Confluimos en ese inicio de conversión y decidimos dar un paso más acercándonos a la Catedral de Getafe a preguntar». Un sacerdote joven les recomendó hacer un cursillo de cristiandad. «Ahí empecé a vivir de verdad mi conversión, ante el sagrario se me partió el muro que yo tenía en el corazón”.

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