La joven Winnie Nansumba ante el Papa: “Nací con el virus del VIH. Nuestros cuerpos son el templo de Dios y debemos cuidar de ellos”

“Tengo 24 años y me he graduado en la universidad de Ndejje. Perdí a mis padres antes de cumplir los siete años. No se puede experimentar la plenitud de la vida, cuando somos oprimidos y esclavizados por vivir en el pecado. Debemos respetar nuestras vidas y la de los demás. Conducir nuestras vidas hacia la plenitud nos mantiene unidos a Dios y por lo tanto lejos de las enfermedades e infecciones de transmisión sexual”

29 de noviembre de 2015.- (Radio VaticanoCamino Católico)  «Jesús puede cambiarte la vida. Jesús puede tirar abajo todos los muros que tenés delante. Algunos de ustedes me pueden preguntar… ¿para esto hay una barita mágica? Si vos querés que Jesús te cambie la vida pedile a él…esto se llama rezar». Con estas profundas palabras, nacidas espontáneamente de su corazón, el Papa Francisco habló a los jóvenes provenientes de distintas regiones de Uganda, en el encuentro que se celebró el sábado 28 de noviembre por la tarde en el  Kololo Air strip de Kampala, la capital del país.

En un ambiente de emoción y de entusiasmo los jóvenes recibieron al Santo Padre con cánticos y sonrisas. Tras el saludo de Monseñor Paul Semogerere, presidente de la Comisión para el Apostolado de laicos de la Conferencia Episcopal de Uganda, el Papa escuchó los conmovedores testimonios de vida de dos jóvenes. A continuación ofrecemos el testimonio completo de la joven Winnie Nansumba:

Santo padre; Me llamo Winnie Nansumba, nací con el virus del VIH. Tengo 24 años y me he graduado en la universidad de Ndejje. Perdí a mis padres antes de cumplir los siete años. En 1999 ingresé en el programa Mild May Uganda que proporciona cuidados a los pacientes afectados por el virus del SIDA y comencé a recibir un tratamiento. Cuatro años más tarde, sufrí de sarampión y neumonía, los cuales han dejado mi organismo extremadamente débil y tuve que hacer un tratamiento antiretroviral muy agresivo. En aquel tiempo, los medicamentos que debía tomar para controlar el virus, eran muy caros, pero con el apoyo de mi tía y del programa Mild May Uganda, pude tomar las medicinas cada mes.

 Como mujer joven, siempre me pareció muy difícil enamorarme porque pensaba que no tenía el derecho de amar y de ser amada. Siempre tenía miedo de tener que explicar y contar mi vida. Gracias a Dios, ahora he adoptado una actitud positiva hacia mi situación. Recuerdo las palabras del ya fallecido Philly Bongole Lutaya, un famoso músico ugandés, que cantaba: «permanezcamos juntos y luchemos contra el sida». Él se convirtió en mi modelo a seguir y me di cuenta de que yo puedo ser como él y usar mi historia para enseñar, inspirar y crear cambios positivos.

Queridos jóvenes; nuestros cuerpos son el templo de Dios y debemos cuidar de ellos. «Dios quiere que tengamos vida y que la tengamos en abundancia», Juan 10:10.

No se puede experimentar la plenitud de la vida, cuando somos oprimidos y esclavizados por vivir en el pecado. Debemos respetar nuestras vidas y la de los demás. Conducir nuestras vidas hacia la plenitud nos mantiene unidos a Dios y por lo tanto lejos de las enfermedades e infecciones de transmisión sexual. Trabajemos juntos, como jóvenes, sin importar nuestro estatus o condición social, ya que necesitamos adoptar nuevas conductas y comportamientos que ayuden a que cada uno de nosotros pueda desempeñar su papel en la lucha contra el SIDA. No estamos combatiendo una batalla perdida, nuestros mayores han hecho su parte y se han visto progresos. Es ahora nuestro momento de hacer nuestra parte.

Los jóvenes que viven con la enfermedad del SIDA necesitan energía, amor y apoyo en lugar de compasión, de pena o de rechazo. Para una persona sabia, una sola palabra es suficiente. La enfermedad del SIDA es seria, pero puede ser prevenida y controlada. Valoren sus vidas, porque Dios los ama y quiere que continúen siendo testimonios de fe en medio de los desafíos y dificultades a los que los jóvenes de hoy debemos enfrentarnos.

Cuando estés rodeado por una multitud recuerda que a pesar de que tú no tengas esta enfermedad, tu vecino o vecina puede que la padezca y la sufra. Por lo tanto, debe nacer de ti la iniciativa de acercarte a ellos e interesarte por sus necesidades. Continuemos creciendo responsablemente testimoniando el amor de Jesucristo.

Winnie Nansumba

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