Ladji Diallo, cantante y actor, era musulmán, agresivo, se juntaba con lo peor… pero en una capilla sintió a Dios y se bautizó en Lourdes

* «Un calor me invadió. Mis lágrimas empezaron a fluir. Algo en mí me susurraba. Me decía: ‘Ladji, déjate llevar, déjate querer. Sí, has hecho el mal, pero puedes ser amado, eres digno de ser querido, yo quiero hacerte descubrir quién eres de verdad, tu riqueza, tu belleza’. Una paz extraordinaria me envolvió. Me quedé mucho tiempo en la capilla, como suspendido fuera del tiempo»

18 de junio de 2016.- (C. Fernández / Religión en Libertad  Camino Católico) Ladji Diallo (www.ladjidiallo.com) es un músico y comediante que nació en Francia en 1980 en una familia de religión musulmana originaria de Malí. Creció en los suburbios de París en un ambiente rodeado de violencia y hostilidad. Su madre no le trataba bien y se juntaba con los chicos malos de su ciudad.

Un grave accidente de sus padres le acercaría a lo espiritual. En el hospital, Ladji conoció a una mujer que le habló sobre un campamento de verano para jóvenes en Lourdes. Allí comenzaría una aventura de fe como voluntario acompañando a discapacitados. Una experiencia mística en una capilla de los Pirineos lo impactó.

Por el mal camino

«Siempre me gustó buscar pelea. Me molestaba cualquier cosa que se interpusiera en mi camino».Así vivía Ladji Diallo durante su infancia y adolescencia en París, una vida difícil que comenzaba en su entorno familiar.

Mi madre a veces podía llegar a ser muy complicada y hasta violenta conmigo y mis seis hermanos. Mi padre apenas estaba en casa. Su presencia era escasa en nuestra vida porque dedicaba muchas horas a su trabajo como panadero”, recuerda Ladji.

Ladji también era mal estudiante, fracasó en los estudios y se juntaba con malas influencias que le llevaron por el mal camino. “Estaba rodeado por el mal”, dice.

El accidente que cambió su vida

Los padres de Ladji tuvieron un grave accidente. Hasta ese momento a Ladji le daba igual todo, no valoraba la vida,“era un adolescente terco e insensible”, cuenta. Pero rompió a llorar al ver a sus padres en el hospital.

Durante el tiempo que Ladji estuvo en el hospital acompañando a sus padres, conoció a una mujer que le habló de un campamento de verano en los Pirineos que organizaba un sacerdote que ella conocía. Pensó que recomendárselo a Ladji le vendría bien para despejarse durante el tiempo que durara la recuperación de sus padres.

A Ladji le gustó la idea y tras obtener el permiso de su padre emprendió rumbo a los a los Pirineos junto a cinco de sus hermanos.

El sacerdote que dejó huella en Ladji

“Y ahí estábamos cinco de mis hermanos y yo bajo la autoridad de un sacerdote, Joseph”,recuerda Ladji de su llegada.

El padre Joseph, que les acompañó durante el viaje, les inspiraba responsabilidad y eso marcó la vida de Ladji. “El cura nos hacía reír, sus palabras sencillas llegaban a mi corazón. Sin reconocerlo, él dejó en mí una marca sólida”.

A Ladji le llamó la atención ver tantos jóvenes católicos en la capilla, todos tan contentos. “Parecían dispuestos a creer. Me llamaba la atención lo que cantaban y me di cuenta de que en ellos había una curiosa sensación de presencia”, explica.

El encuentro con los enfermos

A medida que avanzaba su estancia en Lourdes, Ladji y sus hermanos empezaron a sentir un deseo de hacer algo por los demás. El sacerdote decidió incorporarles en un grupo de jóvenes que van a Lourdes a acompañar a enfermos discapacitados.«Ellos, los enfermos, me fueron haciendo suyo».

Poco a poco Ladji comenzó a notar que algo le estaba rondando por dentro. “Con esta experiencia, combinada con la del campamento, sentí que algo se movía dentro de mí. Era algo que perturbaba mi sueño. No me reconocía a mí mismo”, recuerda Ladji.

Una noche en la capilla

Una noche en la que Ladji estaba asomado a la ventana vio unas extrañas sombras que se formaban en la capilla. Ya lo había notado en otras ocasiones y decidió investigarlo de cerca, yendo a la capilla. “Acudí en silencio y no vi a nadie. Me senté en un banco y esperé sin moverme”.  

Minutos después, recuerda Ladji, sintió mucha paz. «Un calor me invadió. Mis lágrimas empezaron a fluir. Algo en mí me susurraba. Me decía: ‘Ladji, déjate llevar, déjate querer. Sí, has hecho el mal, pero puedes ser amado, eres digno de ser querido, yo quiero hacerte descubrir quién eres de verdad, tu riqueza, tu belleza’. Una paz extraordinaria me envolvió».

Sintió que le rodeaba esa sensación de paz y no quería marcharse. “Me quedé mucho tiempo allí, como suspendido fuera del tiempo”. Salió de la capilla muy feliz, ligero.  

Al volver a su habitación, descubrió un ejemplar del Nuevo Testamento. Leyéndolo, conoció la historia de Jesús. Y las palabras de Jesús, dice, «encendieron en mí un ardor interior que no se desvanecía».

Al día siguiente, le dijo al padre Joseph que quería seguir a Jesús, pero el sacerdote le animó a tener calma y reflexionar más, y volver a hablar de ello una semana después. Pasados siete días, con los Evangelios ya leídos, Ladji insistió al sacerdote: 

– Quiero seguir a Jesús.
– No será fácil – le dijo el cura. 

Pero Ladji insistió. 

Ahora es cristiano

A su regreso del viaje, Ladji contó a sus padres lo que había vivido. Fue duro para ellos. «Que yo sea de confesión cristiana fue para ellos como un signo de fracaso, porque ellos tenían la obligación de transmitir la fe musulmana a sus hijos», entiende.  Pero con el tiempo percibieron el cambio en Ladji, su mejoría. «Estoy más tranquilo y controlo mi agresividad», dice. Hoy Ladji Diallo trata con cautela el tema de la fe con sus padres.

Aprendió a tocar la guitarra en el coro de la misa de los domingos y después de dos años de formación, se bautizó en Lourdes.  Ahora lleva una nueva vida y ha encauzado su futuro como actor cómico y cantante. También le gusta contar su testimonio de fe. Se siente orgulloso de que Dios le haya dado oportunidad de «mostrar su talento».

Su testimonio de conversión en francés está disponible en Une Solution Existe y fue publicado originalmente en L’1 Visible nº61. 

 

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