Laura Alicia Zamora, misionera Verbum Dei: «Busqué a Dios… hasta que lo encontré»

* «Ante el sagrario le decía al Señor: «No sé qué va a ser de mí, pero si Tú no me respondes, sí que no sabré qué va a ser de mí». No sabía que se podía conocer a Dios, que se podía dialogar con Él, y que él me daba respuestas»

* «Dios es capaz de llenar una vida. Lo que más me impresiona de Dios es su llamada y su confianza en medio de cualquier debilidad. Como dice la Palabra, «me dedicaré a haceros el bien, con todo el corazón, con toda el alma»»

12 de marzo de 2016.-(Javier Valiente / Alfa y Omega  / Camino Católico)   Laura Alicia Zamora tiene 47 años. Hace once hizo la profesión perpetua como misionera de la Fraternidad Verbum Dei. Es natural de Colima (México) y está en Madrid formándose y anunciando la Palabra. A eso se dedica su congregación.

– Llevas veinte años como misionera Verbum Dei…

– Nosotros nos concebimos como una fraternidad misionera. Fue fundada por el padre Jaime Bonet, en Mallorca, en 1963. Es un instituto de vida consagrada integrado por tres ramas: misioneros, misioneras –consagrados célibes– y matrimonios misioneros.

– ¿Vivís juntos?

– No vivimos juntos. Cada una de las ramas tiene su espacio. Solamente convivimos en el tiempo de formación. Los matrimonios viven en su casa, con su familia.

– Y tienen su trabajo.

– Si están en formación, se dedican al estudio; si están ya en el apostolado, todos trabajan. Buscan un trabajo, muchos de ellos como profesores de Religión, pues tienen que sostener a su familia.

– ¿Cuál es vuestra misión?

– Estamos dedicados a la evangelización por medio de la oración y el ministerio de la Palabra. Queremos formar apóstoles, entre todas las gentes de cualquier edad y condición social. Queremos enseñar a las personas a orar, y luego que ellas mismas lleven a otros esa experiencia de encuentro con Dios.

– ¿Cómo lo hacéis?

– Allí donde estamos hacemos convivencias, retiros de fin de semana en los que se hace el primer encuentro, el primer anuncio, para que la persona tenga esa experiencia de Dios.

– Para ir profundizando luego…

– Claro, esto después lleva un seguimiento para una mayor perseverancia, y se centra más en la formación, en enseñar a orar, en formar en las verdades de fe, en la escuela de la Palabra…

– ¿Cómo iniciaste tu camino?

– Tenía experiencia de vivir en un sinsentido, de vacío existencial. Había terminado mi carrera de Informática, estaba trabajando, tenía novio, pero me surgió la inquietud de querer trascender y empecé a buscar a Dios. Notaba que me hacía falta algo, empecé a hacer actividades de todo tipo, pero no encontraba respuestas.

– Alguien te llevó a una convivencia.

– Una compañera que conocía a las misioneras me hablaba de cómo eran, cómo vivían… Y fui a una convivencia. En mi primera experiencia me sorprendió una cosa: ver la alegría de la misionera que nos recibió.

– Y te encontraste con Dios.

Ante el sagrario le decía al Señor: «No sé qué va a ser de mí, pero si Tú no me respondes, sí que no sabré qué va a ser de mí». No sabía que se podía conocer a Dios, que se podía dialogar con Él, y que él me daba respuestas.

– La fraternidad está en vuestro nombre e identidad.

– Sí. Me impresionó que había misioneras y misioneros evangelizando. La manera de tratarse entre ellos y cómo me trataban a mí fue lo que me evangelizó. Me miraban limpiamente, me trataban como una hermana.

– Verbum Dei, la Palabra de Dios en el centro.

– El centro es la Palabra de Dios. Lo importante es llevar a la persona al encuentro con la Palabra.

– Entendemos la consagración de los célibes, pero ¿los matrimonios realizan también su consagración?

– Dentro de su estado de vida se consagran por medio de vínculos, viviendo la castidad conyugal, su consagración de pobreza y obediencia desde el Bautismo, armonizándolo con sus deberes como matrimonio, con la disponibilidad misionera.

– ¿Y los hijos? Los padres han elegido esta vocación, pero los hijos no.

– Se les deja libertad. El matrimonio tiene ese deseo de formar a los hijos a nivel religioso, es su misión también, pero los hijos eligen después estar o no en la fraternidad.

– ¿Eres feliz?

– Sí, [ríe], en medio de las dificultades, sí, soy feliz.

– Dios importa, ¿no?

– Sí, es capaz de llenar una vida. Lo que más me impresiona de Dios es su llamada y su confianza en medio de cualquier debilidad. Como dice la Palabra, «me dedicaré a haceros el bien, con todo el corazón, con toda el alma».

Javier Valiente